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Ajuste Tecnológico de la Jornada Laboral: 5. Un profeta desoído

La referencia obligada, por la antigüedad y competencia es J. M. Keynes. El 10.06.1930 dio una conferencia en la Residencia de Estudiantes de la Institución Libre de Enseñanza invitado por el Comité Hispano-Inglés que presidía el Duque de Alba como parte del programa de viajes a España de ilustres personalidades científicas e intelectuales de la época. También vinieron Albert Einstein o Trevord Howard. Los "expertos" de aquellas épocas temían el fin de la expansión hija del progreso técnico de finales del S. XIX.

Keynes anticipara su tesis dos años en Cambridge: "Las posibilidades económicas de nuestros nietos". Vio la revolución técnica y pronosticó para 2030 que bastaría con trabajar 3 días/semana. Suponía un aumento anual del 2% en el stock de capital, y del 1% en la productividad y una contención del crecimiento de la población. El nivel de vida, decía, se multiplicaría por ocho.

Aun hoy aún se rechaza esta tesis. La evidencia empírica revela que de 1930 la 2012 el PIB per cápita de las economías avanzadas aumentó un 400 o 500 % pero la jornada de trabajo media sólo se redujo un 20% pese al aumento de productividad que ha sido inmenso. En España se trabajan hoy unas 1.684 horas. En 90 años sólo se ha reducido un 12 % respecto a las 1.916 que se trabajaban en 1930. En 1972 propuse la reducción de la jornada laboral a 4 días a base de 8 h/día. Luego supe que André Gorz, seudónimo del vienés Gerhard Hirsch fundador del Nouvelle Observateur donde firmaba como Michel Bosquet hiciera lo mismo con igual nulo resultado.

Los economistas dicen que la jornada laboral presenta un “umbral de resistencia a la baja”. Con esta charlatanería justifican que los Gobiernos no se preocupen por el bienestar de los trabajadores. Hoy la vida laboral es más breve, por el retraso de unos 5 años en el ingreso al mercado laboral (de 16,7 a 21,1 años) invertidos en mejorar la educación generalizada, es decir, trabajadores más productivos. También al bajar la edad de jubilación a 65 algo muy perjudicial para el trabajador, privado de la opción de crear riqueza, y para la Seguridad Social cuyos ingresos disminuyeron y aumentaron los gastos.

A ello se añade el fraude de la reducción de empleo programada por las empresas; a reducción de la plantilla, con beneficio para las empresas, la pago parcialmente la Seguridad Social, pura estafa. Algunas de esas personas colaboran “gratia et amore” en ONG o en sociedades privadas de carácter cultural, Ateneos, Casinos, etc., aportando riqueza social y desarrollando su personalidad.

Lo inteligente era haber reducido la jornada laboral, no la edad de jubilación. Al mulero le ha substituido el camión; al trabajador con pala y pico una excavadora. La calidad de vida de una persona de 80 años es mejor que la de uno de 70 hace medio siglo. Esa reducción de 5 años hecha por los socialistas buscó desembarazarse de los fascistas escondidos en la justicia, por no haber roto con el régimen anterior. Las consecuencias políticas fueron buenas, las económicas desastrosas.

Esa reducción significó un 10 % menos de ingresos y un 10 % más pagos a los recién jubilados a cargo de la Seguridad Social, y una reducción en la producción de riqueza. Una reducción del 20 % de la jornada laboral hubiera hecho desaparecer el paro que llego a ser 17 % y favorecido la liberación de la mujer al aumentar tanto la demanda de trabajadores, y hubieran aumentado los ingresos a la Seguridad Social.

Dijo Lord Keynes: “Cuando se puede medir aquello de lo que se habla y se puede expresar en números, se conoce algo del tema; pero cuando no se puede medir, cuando no se puede expresar en números, el conocimiento es pobre e insatisfactorio. Si no lo puedes medir, no lo puedes mejora”.

Hemos pasado de 1,8 a 7,7 millardos de personas; más del 400 %. La despensa que es la tierra sigue llena de alimentos, energía y materias primas suficientes. Mi viaje de Orense a Santiago de Compostela eran 4 h. Hoy tardo menos de 1 h; un aumento del 400 % de rendimiento. Lindberg tardó más de 33 h de Nueva York a Madrid. El Concorde llevaba 100 pasajeros en 4 h; la productividad aumentó más de 80.000 %. El Airbus 380-800, tarda 8 h y transporta 450 pasajeros; la productividad aumentó más de un 160.000 %. Los buques de 14.000 toneladas hoy tiene 500.000; este aumento de productividad supera el 3.500 % y la tripulación es más reducida. El aumento de productividad por las TIC, los ordenadores y el omnipresente láser es infinito. ¿Quién se ha quedado con la riqueza que produjo el trabajador cuyo salario ha disminuido una barbaridad en términos de poder adquisitivo? El capital.

Las 37,5 h/semana son el error político que genera paro e impide el Estado de Bienestar y su expansión mundial. De 1900 a 1950 se pasaron de 3500 a 1750 h/año, una reducción del 50 % pero el aumento de productividad ha sido muchas veces mayor: ¿200 %, 400 %? En Alemania la jornada laboral era de 1500 h y ha bajado a 1371; un 19,3 %. En España con 1780 h/año estamos todavía por encima de la media de 1950. ¡Vaya retraso!

El fruto es que en España hay; a) un paro del 20 %, b) una ilegal discriminación del salario de la mujer, c) un deterioro de la calidad en el trabajo. El Capital se queda con todos los beneficios, acumulándose en menos manos (el 50 % de la riqueza mundial está en manos de 26 personas) que defraudan a Hacienda. Y, encima, y somos menos competitivos que los alemanes.

Slim, el magnate mexicano, propone bajar la jornada laboral semanal a tres días, casi como Keynes, pero aumentando la edad de jubilación a los 75. No es mala solución si se excluyen los trabajos que exijan esfuerzo físico. Los jóvenes firmarían todos. También los trabajadores de 40 años. Su vida laboral disminuiría un 40 % y la jubilación aumentaría 35,7 %. Eso es un 2,5 % de beneficio. Además, al desaparecer el paro los “niños, con sus 35 años, se irán de una vez de casa.

¿A qué espera el Gobierno? Mi propuesta es moderada; sólo pido reducir un 30 % sin tocar la jubilación, pero estaría abierto a un aumento acorde con la mejora de la calidad de vida. Con 4 días/semana los 22 días laborales sumados a las 12 de fiestas oficiales dan 36 que permiten 9 vacaciones de 4 días que sumados al fin de semana anterior y posterior nos dan unas vacaciones de 10 días a lo largo de todo el año. Serían más que placenteras y al no caer todas en temporada alta, serían más baratas, y habría menos. Eso beneficiaria a los hoteles, que estarían abiertos todo el año y a las empresas que no cerrarían en agosto.

Todo son ventajas si reducimos el 30 % la jornada laboral. Y aún habrá más, como comentaremos el próximo día.

Secretario primero del Ateneo de Madrid.