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Galicia: Entre picar piedra o hacer catedrales

Los arquitectos del equilibrio y las formas siempre procuraron la estabilidad en sus obras. Aún a sabiendas de que sólo era una ilusión. Pese a ello, crearon estilos, formas, volúmenes. En su intención procuraban una cierta armonía entre la parte y el conjunto. Eran conocedores de los efectos corrosivos de la corrupción de los materiales que la sostenían.

Recuerdo mis estudios de post grado en Urbanismo y no puedo evitar asociarlos con los que “pensaron” la arquitectura de esta “democracia de diseño” para España. La irrupción de Podemos ha desconcertado a todo el mundo. Hasta esta realidad política llamada España, se le está viniendo abajo la monarquía. Tenían todo tan bajo control. Una cúpula de la oposición tradicional proclive a la comprensión sin límite en el sostenimiento de la arquitectura del 75…” todo atado y bien atado”. Un sindicalismo seguro y, sin la sospecha de Eres y juicios por manejo inadecuado de fondos de formación, en su sitio. Eran felices y gordos. Lucían seguros. Se comprende la mediocridad de esta dirigencia, cuando se compara la estatura intelectual actual, con la de aquellos actores de la Transición. Esa, de antes de la desaparición de Paco. No la que nos vendieron.

Porque el cerebro de la transfiguración democrática de la derecha española no fue Fraga. Fue Pío Cabanillas. Manolo sólo era el ejecutor. Y, hubo que refundar. Con la desaparición de Cabanillas sólo hubo unos intentos de Aznar y poco más. El resto, operaciones de comunicación y el control del Opus. Propuestas de adaptación de esa derecha a las necesidades reales de España. Nada. Sí, en cambio, las cuentas en paraísos y en Suiza. Convertir a las sedes partidarias o de instituciones públicas, en centros de negocio, tal como se revela en los casos bajo trámite judicial. Modelo de corrupción que se diseño en Galicia con Naseiro y prosiguió con Pablo Crespo. Eso no tiene más estatura, que la de una pandilla de pícaros sin vergüenza que han empobrecido al conjunto de los españoles y que se benefician de leyes ambiguas e indultos nada democráticos.

Entonces, hoy, se mantiene una serie de legislación “protectora”. Fruto de la soberbia de creer que todo el statu quo es inmutable. Aquí, precisamente, sí que se han equivocado de pleno. Es más, confiaban en otra vuelta de tuerca salvaje para luego de las municipales. Porque primero es salvaguardar la cuota de poder en ayuntamientos y diputaciones. Ahora hay grandes debates internos. Del interés general que se ocupe Europa. Tal como lo atestiguan los fallos que llegan desde allí, y que aquí se ignoran. Las prioridades de quienes gobiernan no responden a las exigencias del conjunto de los ciudadanos. Ello, por mucha tinta o legislación represiva que se adopte, será como negar un embarazo de ocho meses. Que habrá parto, nadie lo dude. Seguirá la Máquina del Fango mediática trabajando para la corrupción.

Un ejemplo conocido, pero inmediatamente silenciado, es el de Sacyr en Panamá. Del riesgo que tuvo el propietario de la nueva ABANCA, antiguas cajas gallegas, de colapsarse si el gobierno panameño reclamaba los avales, poco se ha dicho. Eso, y no la defensa de la Marca España, parece que estuvo tras la premura de la entonces ministra de Fomento Ana Pastor en acudir en su auxilio, con respaldo de todos los españoles. ¿Tendría aquello que ver con el precio vil ponderado para entregarles entidades y fondos culturales invalorables?

Según Caritas el 41.6% de la población gallega se encuentra en una situación precaria y tiene alta vulnerabilidad social. Según su informe, Galicia es el territorio con más personas en riesgo de pobreza y exclusión ante una nueva crisis.

Personalmente, creo que estamos a tiempo de corregir este estado de cosas en Galicia y en España. Sólo es cuestión de tener la determinación, los conocimientos y la honestidad suficientes, para escapar de las servidumbres que la mayoría de dirigentes de este país no tiene. Esas servidumbres son las que impiden que se realicen las reformas necesarias. Porque esas sí que serían reformas.

Tenemos los recursos, el conocimiento y la solidaridad suficientes, para que el conjunto ciudadano conozca y respalde ese aguardado Plan de Reconstrucción. De ese modo se corregirá esta situación. Con la efectiva persecución del delito económico de manera implacable. La recuperación de los beneficios de sus operaciones, ir hacia sus patrimonios y testaferros. Aunque dicha recuperación fuese parcial, ya tendríamos un punto de partida para disponer de los fondos necesarios para la efectiva recuperación de España. Recuperando el respeto por la decencia y la honestidad. Dejando de premiar la picardía y la elusión como medio aceptado de gestionar los recursos.

Modificar las leyes para proteger a los ciudadanos y no permitir vías de escape a los delincuentes. Legislar para ese conjunto ciudadano heterogéneo y libre, que es quién efectivamente les está salvando de su avaricia y error de gestión. En lugar de para grupos dogmáticos que pretenden anular la decente diversidad que caracterizó a estos años de bienestar.

Cuentan que un caminante, mientras peregrinaba, se encontró a un cantero tallando una piedra. Entonces, detuvo su camino y le preguntó: ¿qué haces? El hombre lo miró y le contestó: “Trabajo una piedra”. El caminante siguió su camino y se encontró con otro cantero en la misma situación. Repitiendo su interés le dijo: “¿qué haces?” El cantero le respondió: “estoy preparando un pórtico”… El peregrino prosiguió su camino y topó con otro hombre en idénticas circunstancias. “¿Qué haces?”, reiteró. El hombre, sin detener su tarea le respondió: “Estoy haciendo una Catedral”.

La reconstrucción de la democracia para la España que necesitamos deberá diseñarse con base en ese principio. Pues bien, yo quiero para España personas que deseen hacer catedrales y no simplemente piedras talladas. Mucho menos que se roben las herramientas y las piedras y nos dejen las deudas… y se sonrían a la salida de los juzgados.

En, ello nos va el futuro de las próximas generaciones.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.