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Vacaciones en la nueva normalidad o anormalidad post covid

Llegan las vacaciones, pero como tantas otras cosas ya nada es igual, tampoco las vacaciones serán iguales, porque vienen cambiadas y exigiendo que nos adaptemos necesariamente a las nuevas realidades, que mucho me temo vinieron para quedarse con nosotros para bien y para mal.

Así, toca seguir manteniendo la disciplina y la responsabilidad, la distancia social, las medidas de protección, la reducción de aforos, la prudencia, lo que modifica nuestras formas convencionales o establecidas para disfrutar del tiempo libre y el ocio en general y de las vacaciones en particular, o así debería ser, porque se observan con demasiada frecuencia respuestas sumamente irresponsables que desarrollan actividades como si nada hubiese pasado, como si el virus no siguiese siendo una amenaza, jugando a la ruleta rusa y el peligro no para quien desarrolla la actividad sin protección o sin las medidas de prevención adecuadas sino que pone en peligro a otros lo que es quizá más grave.

La negación es un mecanismo de defensa clásico que los humanos usamos para enfrentarnos a elementos que nos hacen daño, pero la negación puede tener efectos perversos y muy dañinos en este caso para la salud personal y para la salud pública o colectiva; porque las pérdidas y lo ocurrido no se pueden negar, están ahí y lo cambian todo o nos estaremos haciendo un muy flaco favor de consecuencias imprevisibles.

Vacaciones que, hoy sabemos también solo podrán disfrutarse por aquellos que mantienen el trabajo, lo que en una situación de aumento de la desigualdad masiva y de empobrecimiento generalizado comienza a ser un privilegio y no tanto un derecho como debería ser en una sociedad moderna inclusiva; para aquel que antes de la pandemia o por los efectos de la pandemia está en situación de supervivencia o de límite con la exclusión o de inestabilidad permanente, el concepto de vacaciones es diferente sin duda, porque no puede hacer las mismas cosas que el resto al no tener acceso a recursos; será bueno que pare, que descanse, que equilibre tiempo de ocio con tiempo de trabajo incluso cuando el trabajo que tiene es buscar trabajo, que de por si asi tiene que tomarse: como un trabajo, pero no podrá tener ni la misma perspectiva ni el mismo enfoque que quien tiene una situación más estable.

Tampoco serán unas vacaciones iguales para aquel que tiene o le acompaña la enfermedad o las perdidas en este camino porque servirán para parar y ayudar a pasar el largo túnel del duelo, pero serán sin duda unas vacaciones diferentes a las habituales. Otra diferencia a considerar tiene que ver con la forma de disfrutar el ocio lo que depende de la edad, de las posibilidades y de las opciones que cada uno toma, se puede vivir o desarrollar un ocio activo, repleto de actividades diferentes (que ahora cambian y se ven restringidas, como por ejemplo los viajes y la incertidumbre que hoy les acompaña) o preferir el descanso y el reposo; ambas opciones o extremos combinables y complementarias: quizá en el punto medio está la virtud.

Entre las recomendaciones desde el punto de vista psicológico que quizá podrían hacerse se podría situar el planificar las cosas y con varios planes de acción y contingencia para responder a la incertidumbre que vivimos ¿volverme a tener que estar confinados?, ¿podemos hacer las mismas cosas?,¿cómo afrontar las restricciones de aforo?, hacer también un presupuesto para no gastar todo de golpe y poder distribuirlo, combinar opciones entre el ocio activo y más pasivo o pensar sobre todo porque es el factor clave que todos los estudios en turismo señalan como fundamental con quien se quieren pasar las vacaciones y convertirlas en un espacio relacional y cargado de afectividad, incluyendo a este con quien a uno mismo y sus propias emociones y sentimientos.

Porque si algo es el ocio y las vacaciones es un espacio para reencontrarse, recargar energías, hacer cosas diferentes, asimilar los golpes y prepararse para lo que llegue.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.