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Y nadie pone el grito en el cielo

Hoy que sabemos que la Mesa del Congreso ha rechazado tramitar las peticiones de comparecencia del Gobierno sobre la decisión del Rey Juan Carlos de marcharse de España. Hoy que se confirma la propuesta de los letrados, que indicaron que se trataba de una "materia ajena" al control parlamentario del Ejecutivo. Hoy que sabemos que en esta democracia no se puede hablar de todo, no se puede preguntar ni se puede investigar según qué cosas. Hoy, nadie pone el grito en el cielo.

Como tampoco lo puso nadie ayer, cuando Corinna volvió a "cantar" señalando que la cuenta de Suiza no es la única que tendría Juan Carlos por el mundo. Habló de cientos de cuentas en distintos lugares. Y aquí no pasó nada.

Porque aquí nunca pasa nada. Aquí es noticia aquello que interesa a vaya usted a saber qué poderes: quizás los que estén más cerca de Juan Carlos que de usted y de mi. Esos que entre ellos se protegen, se regalan millones, yates... Esos hablan en otro idioma, y es muy distinto al que usted y yo utilizamos.

Esa gente no se contagia, no necesita mascarilla, no sufre inseguridad: no estará preocupada por la vuelta al colegio de sus hijos, ni por infectar a algún familiar.

Y es que, eso de que en este país somos todos iguales ante la ley, es evidente a estas alturas que no. Pero lo más triste no es el hecho en sí (que es grave y terrible), sino que hemos asumido que no hay nada que hacer.

Nos distraen con la zanahoria echando toda la mierda habida y por haber, sobre todo por no haber, contra Podemos. Y ahora todo el mundo a pensar en la terrible corrupción de los morados, cuando de momento, no hay una sola prueba de nada de lo que algunos medios ponen en sus titulares. Pero eso da igual. Como lo que diga Corinna, como lo que haga Juan Carlos. En realidad, todo da igual. La gente habla, la gente opina y la mayoría de las veces lo hace sin tener ni idea de lo que realmente sucede. Es lógico: todo esto está montado para que sea así. Hablar por hablar mientras otros hacen y deshacen.

Ni siquiera se preocupan ya las instituciones en disimular. Que son asuntos íntimos los supuestos chanchullos que haya o deje de haber en la Casa Real, y eso no nos interesa. Porque nosotros estamos para pagar los sueldos, para aplaudir y para tragarnos horas y horas de bodas reales en la televisión pública. Para ir a hacernos la foto con los reyes y para comprar revistas donde nos enseñan sus yates.

Somos así de simples. Somos así de tristes. Y lo que más duele es que los que más necesitamos que alguien nos de voz en las instituciones, somos los primeros en tirar piedras a los únicos que, por lo menos, intentan hacer algo. Porque como lo dicen en la tele, como lo dicen en la radio y en determinados panfletos, "tiene que ser verdad".

Y no, ya es hora de que sepamos que aquí prácticamente nadie cuenta la verdad: porque no se atreve, porque no la sabe o porque no le dejan.

Es escalofriante prestar atención a las cosas que cuenta Corinna. En un país medianamente serio y adulto habría afirmaciones que ha hecho esta mujer que no podríamos pasar por alto como sociedad. Pero estamos tan adormecidos, tan adoctrinados y tan anestesiados que cualquier cosa que nos cuenten pasa con un trago de cervecita fresquita.

Y nos tragamos ruedas de molino. Hasta llegamos a creer que vivimos como vivimos porque no podríamos vivir de otra manera. Otra mentira que a los de siempre les sirve para hacernos creer que ellos son merecedores de sus millones y nosotros, de vivir con el agua al cuello.

Sinceramente, no sé hasta dónde somos capaces de seguir tragando. Pero desde luego, no nos llamemos democracia ejemplar, porque no tenemos nada de ejemplares (como ciudadanía), y dudo mucho si tenemos algo de demócratas.

Ojalá reflexionemos de una vez por todas y haya alguna forma de poner en su lugar lo que merecemos: sanidad, educación, trabajos, medios de información que nos cuenten la verdad, partidos que nos representen, sindicatos que trabajen por sus representados y democracias reales sin reyes. Que ya es hora.

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.