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EL PERIÓDICO
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La Memoria: Responsabilidad Colectiva


Decía García Márquez, que “hay una ley de la memoria que hace que las cosas de la niñez se queden fijadas para siempre” y quizá eso sea lo que me ha ocurrido a mí con lo que mi abuelo me contaba, no sin lágrimas, de lo que ocurrió aquella tarde de agosto del 36 en el Barrio Alto de Loja.

-Paco tienes que venirte con nosotros le dijeron.

- Voy a coger mis cosas

- No, no hace falta.

Se despidió de su mujer y le dijo que volvería en un rato.

No pudo, lo fusilaron esa madrugada.

Cuando se lo llevaron aquella tarde estaba sentado en escalón de la puerta de su casa con su bebé en brazos, Antonio que tenía muy pocos meses de vida, su mujer Antonia y sus hijos Juan y Elisa.

Francisco Mancilla Martos era un hombre joven con profundas raíces democráticas y republicanas, era oficial del juzgado de instrucción de Loja, un apasionado de Loja y su sierra, de Granada y de la música y la cultura, en cuyos círculos estaba inmerso.

Esta historia se repite una y cientos de miles de veces por toda España, y ¿Qué nos queda a sus descendientes? La memoria.

La memoria como base sobre la que construir un futuro mejor. Sus hijos y su mujer vivieron con el desgarro de ver como asesinaban a un buen hombre simplemente por ser de izquierdas, por ayudar a familias campesinas, mujeres e inmigrantes en la Loja de los años 20 y 30, por lo que en él pusieron el foco para quitarle la vida cuando tuvieron la oportunidad., también acabaron con la vida de su cuñado Ramón en un campo de concentración fascista en Valencia.

No contentos con asesinarlo y con no poder darle sepultura, también pretendieron quitarles a su viuda y sus hijos su hogar y sus pertenencias, intimidaron y coaccionaron a su mujer para que firmase que su marido había fallecido de “muerte natural” cosa que jamás hizo, y no pudieron quitarle sus pertenencias pues la casa estaba a nombre de ella. A mi abuelo, su hijo, le negaron hasta las medicinas, para curarse de las recurrentes bronquitis que tenia de joven, por ser hijo de un republicano.

La memoria no es revancha por mucho que algunos quieran repetirlo mil veces, no lo convertirán en verdad, y aquí estamos los descendientes de los represaliados para demostrarlo con nuestra actitud de vida y nuestros valores.

Es evidente que para algunos, la memoria sigue siendo el enemigo a batir, pues representa valores como el respeto a la diferencia, la libertad, la igualdad y la democracia y está claro que valores así no pueden permitirlos en “su España”.

La memoria y la dignidad junto a la responsabilidad son las que han forjado en este país los valores democráticos y de justicia social que tenemos, ha sido la memoria la que ha permitido avanzar y compartir por mucho que algunos quieran manipular la historia para ajustarla a su visión del mundo porque como Hanna Arendt describió en “los orígenes el totalitarismo” (“The Origins of Totalitarianism1951) que “el sujeto ideal para un gobierno totalitario es el individuo para quien la distinción entre hechos y ficción, entre lo verdadero y lo falso han dejado de existir”.

La derecha reaccionaria en este país quiere transmitir a los españoles que la cuestión memorialística en España es un juego de suma cero, donde lo que uno gana otro lo pierde, y no quieren entender que algunos ya perdieron y padecieron demasiado y la deuda colectiva como sociedad democrática para con ellos es demasiado grande como para negarla. Una sociedad que se define como un Estado social y democrático de Derecho no puede cimentarse sobre el olvido de quiénes murieron sin que fueran respetados sus derechos.

En estos tiempos de la inmediatez y la “muerte de la verdad” como escribe la Premio Pulitzer Michiko Kakutani, hay que defender que, quien aviva la memoria no quiere revancha, que la memoria es una responsabilidad colectiva y que nadie en su sano juicio puede entender como revancha que a un fusilado en un paredón de un cementerio por sus ideas, como lo fue mi bisabuelo, se le quiera recordar dignamente.

Por ello, su familia y el que escribe, su bisnieto, le recuerda hoy, 84 años después de su asesinato, desde el cariño eterno a un buen hombre, cuyos hijos, nietos y bisnietos lograron forjar unos valores a través de una memoria de la cual todos somos responsables y la cual tenemos el deber moral de salvaguardar.

© Juan Francisco Mancilla Romero

Juan Francisco Mancilla Romero es bisnieto de Francisco Mancilla Martos, oficial del juzgado de Loja fusilado en Loja en agosto del 36. 


Es Licenciado en Ciencias Políticas y de la administración por la universidad de Granada y Experto Universitario en Administración Local por la UNED.


Actualmente es miembro de la Comisión Ejecutiva provincial del PSOE de Granada.