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EL PERIÓDICO
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Fraternidad y conflicto político: una lectura histórica masónica


En distintos artículos de opinión hemos estado reflexionando sobre la importancia de la fraternidad, precisamente, en unos tiempos de fuertes tensiones en nuestro país. En esta ocasión nos acercamos, de nuevo a esta cuestión, pero en relación con la fraternidad masónica y el conflicto político, a través de un nuevo ejercicio histórico, uno de nuestros métodos favoritos de análisis. Para ello, viajamos a 1871, a la época del Sexenio Democrático, momento de especial efervescencia política con muchos conflictos derivados de las distintas maneras de encarar el gobierno de España. Y viajaremos a cómo la Masonería española interpretaba esta cuestión y a cómo le afectaba, precisamente cuando en nuestro presente parece que renace la masofobia. Quizás el acercamiento a otro período en relación con la Masonería y el espíritu fraterno que siempre ha promulgado nos sirva para aprender algo, o, al menos para reflexionar, abandonar prejuicios y rebajar tensiones, en muchos casos, provocadas por sectores de intensa intolerancia, en terreno abonado por la ignorancia.

El Sexenio Democrático, con la llegada de nuevas libertades, supuso un evidente renacimiento de la Masonería española, iniciando su mejor época, y que duraría hasta la debacle de la Guerra Civil. Ponerse en marcha no fue fácil, y no sólo por las críticas o persecuciones que habían padecido la Masonería en el pasado, sino también por las dificultades derivadas de la condición humana de los propios masones, individuos, a fin de cuentas, inmersos en la sociedad.

Por eso nos vamos a fijar en una parte de una circular del Supremo Consejo del Gran Oriente de España, publicada en el segundo número de su Boletín Oficial (15 de mayo de 1871). Allí se planteaba un problema importante: la carencia de “tacto y espíritu masónico de algunos hermanos”.

Esa falta de fraternidad, uno de los pilares de la Masonería, se había generado por el enfrentamiento político, en un momento, como hemos señalado, de especial efervescencia. Se habían desencadenado, por lo tanto, unas pasiones que eran perjudiciales para la Masonería en dos aspectos. En primer lugar, porque esa situación era contraria a los principios de la fraternidad, como hemos apuntado, pero también para la tolerancia de ideas y la libre emisión de pensamiento, otras de las características de la institución. En segundo lugar, dichos enfrentamientos impedían el desarrollo y buena marcha de las logias.

Pero existía una tercera faceta de problema que nos parece más importante por su dimensión fuera de la Masonería, ya que nos sirve para plantear qué es lo que la misma pretendía y pretende. Efectivamente, estos enfrentamientos eran graves porque la Masonería, precisamente, deseaba mitigar o que cesasen las controversias, los enconos y rivalidades que las luchas políticas se generaban en España, a través del método masónico, que podemos calificar de “cívico”, o de “amistad cívica”, y que no era ni es otro que el de que los masones practicaran y practiquen las virtudes que defendía y defiende la Masonería en su quehacer en el mundo profano, es decir, al salir de las logias.

Así pues, como comprobamos en la Historia la Masonería es una institución hecha por hombres falibles, pero que defiende valores que, a lo mejor, si fueran conocidos, o no tergiversados, podrían tener cierta utilidad en el presente, y no porque establezca consignas, como se ha creído por sus enemigos, sino por el trabajo diario de sus miembros para facilitar en nuestro país el desenvolvimiento de la libertad, la igualdad y, en este caso, sobre todo, de la fraternidad.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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