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EL PERIÓDICO
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Otra decepción en nuestra Historia


Allá por el curso 2001/2002, iniciando milenio, estaba finalizando mi primera licenciatura, Historia, y en una asignatura que nos impartía el catedrático e insigne profesor Juan Pablo Fusi, Historia del siglo XX, nos propuso el primer día realizar un trabajo de investigación durante el curso con intensidad y demostrando la madurez adquirida al final de la carrera, con una visión histórica y seria sobre ciertos temas que se tratarían en clase. Yo le propuse la idea sobre el aprendizaje democrático en la vida del rey Juan Carlos I, el profesor se asombró pero me dijo que adelante. Mi premisa era que esa idea no se había dado por la "espontaneidad" durante la pre-transición, ni durante la misma, si no mucho antes, ya en una “silenciosa espera del monarca”, con argumentación, investigación y bibliografía, y he de decir que con mucho trabajo logré finalizarlo a tiempo y puedo decir que el resultado fue muy bueno, tal y como la nota reflejó.

¿Por qué cuento esto?, ¿a qué viene?, pues por lo que estamos viendo en este “dichoso” verano del 2020, los sucesos del ex rey Juan Carlos, la decepción y bajeza de alguien que es nombrado en la Constitución española, y que esta deja clara su función y labor.

Hemos sido espectadores de muchos debates absolutamente indignantes, estamos viendo el hecho, no demostrado todavía judicialmente, de que aparece una firma de un rey de España en un documento bancario en Suiza, pone la R (rey), esto es indiscutible, pero ordenemos ideas, no mezclemos su papel histórico con su labor diaria, es decir, él pasará a la Historia de España como tantos, y su importancia en la Transición lo es sin discusión, tiempo mediante, pero lo que se ha demostrado es que la vida pública y la privada no existen para un monarca, y esta situación lo demuestra, si no no estaríamos como estamos.

Un rey deber ser un ejemplo de rectitud moral y un símbolo, así lo dice el artículo 56 de la Constitución española, es un representante máximo de España, por ello su ejemplo deber ser extremo, evidentemente todos somos humanos, pero no son los límites iguales para todos, si no no tendría un título entero en la Constitución, teniendo esta enormes contradicciones, pero este es otro debate.

No se puede amparar lo hecho en un pasado más lejano como una “inmaculación” de lo actual o más reciente, es como esos pobres ignorantes que salvaguardan al dictador Francisco Franco por el hecho de que hiciera pantanos, sin comentarios. El rey ya es parte de la Historia, pero su historia no acaba nunca, incluso es un actor histórico como decía Renouvin, experto en relaciones internacionales, pero no olvidemos que él fue un conductor, sin coche uno no puede iniciar el movimiento, ese coche era y es el pueblo.

La exigencia a nuestros mandatarios se les debe pedir cada día, es deber de un buen ciudadano, algo que el propio Juan Carlos dijo en una ocasión, igual que pedimos a nuestros hijos, padres, alumnos, jefes, etc. ¿cómo es posible que argumentemos con hechos pasados para borrar otros presentes?, ¿qué tiene que ver el Juan Carlos de 1975 con el Juan Carlos de 2014 o el de hoy?, ¿quién asesora, aconseja o se acerca a los reyes como para gestionar un asunto tan importante tan sumamente mal?

La nobleza, el honor, el sacrificio, etc. son virtudes, supuestas, que llevan en la monarquía milenios, y hay miles de ejemplos de su no cumplimiento, pero en la Europa del siglo XXI estas se han adaptado a los movimientos democráticos y soberanos de los pueblos, pero ¿qué poder autodestructivo ha tenido el rey emérito como para cerrar así la puerta de la historia, de su historia?

Ha abandonado su país, su pueblo y a su familia, imaginen eso en ustedes.

La exigencia a lo público es la mayor esencia de un buen ciudadano y la institución monárquica es intrínseca a la persona, de ahí el propio concepto, el poder de uno, y ese uno es el rey.

Decía, según la prensa, el rey emérito que los jóvenes le recordarían por lo hecho ahora, pues no lo hubiera hecho usted. Demostrado queda que un rey no tiene vida privada, pues afecta a lo público, si no que no sea rey con todo aquello que representa.

¿Cómo es posible que los españoles se merezcan tal maltrato?

No mezclemos, que no engañen jugando con los tiempos, la historia es descripción y análisis de hechos no juicios, pero desde luego un capitán, como así llamaban a Juan Carlos en familia, jamás abandona el barco.

Licenciado en Historia y en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras de Madrid (CDL). Ponente en las Primeras Jornadas pompeyanas realizadas por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en 2014. Colaborador de la revista; ArtHum de Arts y Humanidades. Cursos diversos en los museos Thyssen y Nacional del Prado. Experiencia en el mundo educativo desde 2003, especializándose en el ámbito de ESO y Bachillerato en dónde actualmente trabaja para la CM.