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EL PERIÓDICO
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Las pandillas de las comunidades y las políticas


Dentro del marco occidental de la política cultural, España ofrece un ejemplo muy interesante que, en lugar de modelo, es una aportación para Europa y otros países pertenecientes a otras tradiciones de acción pública. La importancia de las raíces históricas que el país comparte con diversas áreas lingüísticas ha sido tradicionalmente muy difícil de solventar. Durante el período franquista, culturalmente hablando, la realidad española fue al cumplimiento de un destino que en el espacio de hibridación de fuentes y polos de intervención pública crearon un sistema vacilante. La administración directa y formas de gestión delegadas, la política cultural en España generó nuevas preguntas sobre una filosofía hacia la acción pública. Dicha acción ha sido fundada en un ministerio central pero también en una intensa descentralización de competencias a las comunidades autónomas. España puede servir como un prueba a quienes cuestionan los riesgos de un desmembramiento de las autoridades como lo ha sido durante veinte años, por ejemplo, en Francia. España es finalmente un laboratorio de gestión singular de la diversidad cultural. Cuando en Europa todavía estaban comiéndose los osos a bocaditos, España era un referente intercultural que hasta el día de hoy no han conseguido ninguno.

La noción de diversidad cultural tiene un significado específico en España. El modelo desde la transición democrática, el español, se ha fundado en el reconocimiento de su diversidad. (Bonet y Négrier 2007). Debido al reconocimiento constitucional de la cooficialidad de lenguas y castellano en seis comunidades autónomas: Cataluña, el país Euskera, Galicia, Baleares, Comunidad Valenciana y Navarra.

Este doble reconocimiento está en la base de sus propias políticas públicas. Cada una de las comunidades han desarrollado herramientas de desarrollo de prácticas específicas. Estos se refieren a la promoción del uso conjunto de ambos idiomas como los de los funcionarios en la administración, en las escuelas y, en general, en todo territorio autonómico. Las comunidades tienen la gestión de un canal de televisión, medios legislativos para estimular la producción audiovisual propia, el uso del lenguaje en programas de radio, en los medios impresos y en todas industrias culturales (teatro, cine, publicaciones en particular) y eventos culturales. Esta “independencia” de facto ya está instalada en el día a día de los habitantes de esas comunidades. Hacemos chirigotas de que un vasco no tiene nada que ver ni se identifica con un andaluz o un canario. Lo cierto es que es verdad.

En general, en las comunidades se han desarrollado políticas de subsidios específicamente dedicadas a producciones culturales en su propio idioma. El régimen cooficial ha creado conflictos. Las cuestiones legales y políticas en la década de 1980. Estos conflictos se han centrado en la naturaleza del reconocimiento del bilingüismo, limitaciones del derecho y obligaciones de la práctica.

Al mismo tiempo, las identidades autónomas son parte del mismo conjunto. Esa identidad es la que enfrenta, por ejemplo, al opositor -en educación o en medicina que es donde sería más fragante- que quiere optar a un trabajo en esas comunidades y no puede porque no quiere aprender el idioma cooficial. A cambio, los de lengua cooficial pueden presentarse como Pedro por su casa, a cualquier tipo de oposición de otra comunidad, aunque el castellano -en muchas ocasiones- no sepan ni escribirlo. Este extraño dilema tenemos los profesores con nuestros alumnos profesores aspirantes a una plaza ahí donde corra el fresco, aunque sea.

Se han desarrollado estrategias de tipo geopolítico y constitucional, para si acaso compartir una comunidad de destino, esa sería la pregunta. La postura en España es la comunicación entre las múltiples culturas que la constituyen. Este es un imperativo constitucional (Prieto de Pedro 1993). El Estado español en gran medida transfirió sus habilidades culturales a las comunidades autónomas, a pesar de que tener ciertas atribuciones: gestión de las principales instituciones artísticas nacionales; legislación sobre derechos de autor, asuntos culturales internacionales en particular. Pero vuelve a él, en el marco de esta vasta delegación a las autoridades regionales, para desarrollar la comunicación (y sin coordinación) entre estas "culturas". Podemos entender que esta idea (con ella, el miedo a la homogeneización o estandarización de políticas y culturas) ha sido recibido con sospecha en las interacciones concretas entre el Estado y las comunidades en el momento de la implementación de los primeros marcos de competencia, legislación en las comunidades autónomas, y durante los primeros veinte años de Políticas culturales autonómicas.

Esta imposición de veneración idiosincrásica está muy bien, pero lo cierto es que cuando viene el lobo, entonces corremos a papá Estado a que nos diga lo que hay que hacer y nos de fondos para ello. Me da igual Sánchez, no me saca de pobre, pero creo que no es coherente la variabilidad con la que cambiamos de parecer según vengan los vientos. Ahora que decida Sánchez si debe salir mi vecina Pepita o no a la calle o si tengo que cerrar una empresa porque ha habido positivos. Podemos pensar que Sánchez se lava las manos, pero es que las comunidades ya tienen un grupo de apandadores es decir, una pandilla guay que sabe lo que tiene que hacer, porque también son muy listos e independientes todos ellos y dirigen sus comunidades. De modo que, si tenéis que prohibir a Pepita que salga, cerrar vuestras empresas y que se eche la peña a la calle, pues lo decidís que ya estáis grandecitos. El Estado no es papá. No hagamos más débil la sociedad, luchen cada cual en su territorio por el bien de los suyos que es lo que tienen que hacer y dejen de echar balones fuera.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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