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HEMEROTECA
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¡Ay!, Madrid

Cuando vivía en Francia ya saben algunos que venía a Madrid con bastante frecuencia, casi, cada mes y medio, a esta mi ciudad de siempre. Ahora también traigo este trajín que haces el estado de la cuestión. De cualquier cuestión. Sí, ya sé que no es un trabajo de fin de grado o de master donde casi siempre hay que incluir el estado de la cuestión, es solo que Madrid ya es cuestión en sí misma. Unos meses de que voy y que vengo en una vida andariega prestan al alma una virtud muy poderosa de síntesis, de crítica y de visión panorámica. Un individuo puede habitar multitud de años en este pozo, circo televisivo, plazuela de toros, que llamamos España, y acaso no llegue nunca a sentir el contraste y la perversión de ese mismo pozo, circo o plazuela donde vive. Pero se sueltan las amarras, sale nadando, flotando la nave del individuo, y entonces las cosas adquieren un color, un relieve, tan distintos, que verdaderamente queda uno pasmado. He metido mi persona en el báratro de aquellas poblaciones donde todo habla del porvenir, pero ahora he vuelto a España, he vuelto a Madrid,

En que todo cambia, se renueva, se multiplica.

y he creído que todo había sido un sueño. Nada ha cambiado. La gente sigue comentando la política, el teatro, “el problema de la mujer en la literatura” temática nauseabunda ya, Sánchez a quien todo el mundo envidia, la caverna o los toros. La gente sigue perdiendo el tiempo en una serie de divagaciones intelectuales de fondo majadero. Aquí los nuevos partidos de derechas, lo dan todo. Tropiezo con esa misma propensión casi mística, casi metafísica, de ocuparse todas las horas del día de/en problemas abstractos, como son esa misma política, ese mismo teatro, esa misma mujer y esos mismos toros.

La mayoría pasa el día llorando, duelen de vivir mal, de no tener suficiente dinero, nadie quiere poner la mente en el último y gran ideal del hombre, que es salir de la miseria y dignificarse varonilmente (ahora diremos por si acaso, mujerilmente) por medio del poder del dinero. ¿Y la persona? Todo mundo, toda mente pensante, todo cuerpo con alma tiene idéntica pereza del querer, de la voluntad vamos, puesto que esta vida ratonil, agria o quejumbrosa no es más que pereza. La persona ha ido junto con Ayuso a ver cómo puede atacar, a ver qué manera mejor proponemos al pueblo para que siga llorando. No estoy hablando de los de verdad, las personas de verdad que sufren todo. Esas por lo general, no interesan.

En las esferas políticas todo es indeterminado, todo es un acaparar ideas, como una fábrica de transformación de conceptos y de adueñamiento de ideales; en la Prensa todo es también abstracto, todo ello es ausencia de hidalguía perezosa, cambio y recambio de tópicos holgazanes; todos lo esperaron en un día, ahora ya no, alienados por una monarquía que solo gasta, pero algunos seguimos en realidad esperando, la llegada de una República, esperamos que venga alguien y que se vayan otros, que haya turnos. Lo que hay es pereza, apoltronamiento, hasta para hacer huelgas. Mucha pereza.

Y las calles de Madrid las encuentro abandonadas a los vendedores, otra vez, a la mendicidad galdosiana, al tráfico manipulador de las vidas humanas, que alborotan a los vagos, a los desocupados, a los pordioseros, los de toda la vida que están ahí de toda la vida, tan tranquilos. Los mendigos desarrollan toda su potencia sentimental, cantando o quejándose hasta llegar al último grado de lo trágico. Y esto lo siente, lo palpa, lo roza el público, y nadie se asombra. Madrid ofrece un tono trágico, doloroso diría yo, que tiene un valor literario y artístico inapreciable, pero que socialmente es un verdadero crimen. Ahora no podemos ir por la calle sin que puedan robarte varias veces. Hemos retornado a lo esencial, revenir à l’esentiel, por lo que se ve.

Madrid, volviendo del mundo da la impresión de una ciudad de provincias, de un pueblo y yo siempre continúo practicando las mismas picias. Y leo los artículos, la literatura, los versos, cuanto se imprime en esas hojas y esos libros comerciales, todo me produce asombro, pena y cierta vergüenza. Se escribe por darle gusto a la pluma, por unir dos frases con arte, por hacer un poco de ingenio o dar una nota lacrimosa y decadente. La poesía y la emoción de la Naturaleza, de los campos, de los ríos, de los mares, de los puertos, de los almacenes, del comercio, de las multitudes, de las risas o de las muecas de la humanidad, todo eso permanece ausente de tanta letra como se imprime.

Falta de nervio, falta de vida, de realidad, de jugoso e ideal materialismo, de salud, de ilusión, de fe, de optimismo, de voluntad y de enérgico deseo: he ahí lo que encuentro al volver a la patria. Y pienso que esta nación está demasiado lejos del mundo, que Madrid se halla a mil leguas de Europa, que son necesarias ocho líneas férreas que vayan desde el corazón de España al seno del mundo para que esta nación pueda tomar un aire civilizado.

Vivimos aún en el tiempo de Felipe IV, el tiempo de la literatura conceptuosa, de la ciencia parásita, (me refiero a las instituciones no al trabajo de los científicos que se tienen que ir fuera para poder tener medios donde desarrollarse) de la filosofía nula, en esto no me duelen prendas: filosofía nula y mucha teología exclusivamente católica, claro. Encuentro que España entera tiene un gran valor literario artístico y literario, pero que socialmente es una aberración y en esto cito texto de 1910 donde Salaverria viene a decir lo mismo, que avanzamos a trompicones y en detrimento de una verdadera evolución social, damos un paso adelante y cuarenta atrás: “España en su sociedad es aberrante. Acaso por eso muchos literatos nacionales y extranjeros se han llenado últimamente de devoción por la España original, por la España antigua, por el Greco, por Goya y por las escenas “fuertes” trágicas, de esta España que ha venido a caer en un mero tópico literario, para escritores y pintores, en el fondo íntimamente reaccionarios. El reaccionarismo de España no está en los carlistas, sino en muchos que se llaman radicales. En una palabra: encuentro que España sigue en el mismo estado en que la dejaron los ministros civilizados de Carlos III”. (Extracto de Salaverria publicado en el ABC, de diciembre 1910).

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.