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El complejo de Jonás y Gabilondo

Estos días vuelvo a seguir a Gabilondo, rector de mi universidad quien además en su día me dio título de doctora (tengo la foto en ristre del recuerdo) acordándose perfectamente de cómo me llamaba y tratándome de una forma cercana, alejada de los engolamientos característicos de esas posiciones universitarias. Le respeto y le admiro, todo hay que decirlo. Si le vuelvo a seguir, aislada yo últimamente de la necedad política es porque me encanta cómo habla, claro, es filósofo, pero no le entienden nada de lo que dice, no porque no se explique, sino porque aquí nadie sabe descifrar códigos filosóficos ni dialéctica, ni oratoria de la buena. Ante la absurda pregunta del periodista de que se le acusa de “pasivo” ha dicho ayer mismo mi buen profesor ciertamente consternado de la tontuna informativa: “bueno, diré que la pasividad es o será de hacer las cosas, no de no hacerlas”. Por supuesto, Gabilondo hace cosas, pero haremos un paralelismo de temores y traigo el recuerdo de Jonás.

Unamuno (Ahora, 1934) ya escribió en su momento sobre la cuestión de Jonás y su profecía viendo el problema como un problema de Estado, el Leviatán que te engulle pero que después te recupera. Y dice así mismo: “Y este Leviatán, quién sería? ¿Acaso el Estado, la República de los trabajadores o no más bien su prefiguración, el gran partido internacional socialista? ¿La República social, la de la clase obrera? Porque el caso es que hay que escoger entre Nínive o el Leviatán. O en los arrabales de Nínive, a la sombra de una hiedra, o en las tripas del Leviatán. No hay otra opción”.1

El profeta Jonás fue un siervo de Dios diferente de los demás. Llamado para efectuar una obra concreta como profeta: Aclamar al arrepentimiento a un pueblo que estaba madurando en la iniquidad. A diferencia de los demás, sin embargo, Jonás respondió intentando huir de su asignación. Si se hubiera negado por cobardía, se habría comprendido, pues la brutalidad con que los asirios trataban a sus enemigos era bien conocida. Pero el problema de Jonás no pareció haber sido la cobardía, sino más bien, el resentimiento contra el Señor por dar al odiado enemigo una oportunidad de arrepentirse (véase Jonás 4:1-2) y por supuesto el temor de si mismo, el temor al éxito.

También Jonás ha sido un símbolo de Cristo por el hecho de que se encontró en el vientre del gran pez —en "el Seol", según sus propias palabras (Jonás 2:2)— tal como Jesucristo estuvo en la tumba durante tres días, después de los cuales resucitó. (F. Keil y F. Delitzsch 1872) demostraron que el significado simbólico de la historia de Jonás es más amplio todavía: “La misión de Jonás fue un hecho de importancia simbólica que tuvo el propósito no solamente de hacer comprender a Israel la posición de los gentiles en el reino de Dios, sino también de representar el día en que los paganos que obedecieran la palabra de Dios se unieran en fraternidad para gozar de la salvación preparada en Israel para todas las naciones”. La revolución necesaria y que el gobierno de la Comunidad teme, se va a levantar cuando ya la oposición no se apiade de los que gobiernan, tal y como lo hizo El Señor apiadándose de Nínive. Esa potente Internacional va a resurgir por encima de la metafísica y luchará guerrera con la dialéctica gabilondiana. Si nos dejan, claro.

El objeto de la misión de Ángel Gabilondo que vuelvo a repetir es uno de los políticos de mayor capacidad e impecable formación humanística, es al igual que Jonás en Nínive, combatir de la forma más poderosa posible el caos generado, desechar por completo la idea errónea de que solamente los descendientes de la derecha son los únicos capaces de arreglar lo que ya se ve, no arreglan y no, no merecen salvación. Las maneras de Gabilondo nunca serán las maneras del resto de los políticos. Es además un trabajador nato de excelsa educación. Por eso, “parece” y digo “parece” que es pasivo. No lo es. Sólo que no le interesa bajar a la arena. ¿Entonces? ¿No ser un macarra te convierte en poco activo? Su destino es convertirse en profeta, en el verdadero guerrero, héroe diría yo, de la salvación de los madrileños ahora que puede, sin embargo parece que huye, por miedo a no estar a la altura de si mismo o probablemente por que sus capacidades humanas y humanísticas lo sitúan en otro plano. Teme querer tener el éxito como lo quieren los demás, quiere tener el éxito a su manera, pero ese éxito está cohibido, ha huido de si mismo, está debajo de una higuera como Jonás.

"Jonás se sintió dividido entre su lealtad a Dios y sus fuertes emociones. Estas eran muy intensas y al final determinaron su conducta. Por motivo de que no podía enfrentar aquel llamamiento misional, tomó la determinación de huir del país y alejarse de una responsabilidad que le resultaba desagradable. No tenía la intención de abandonar el oficio profético; simplemente quería ausentarse sin permiso por un tiempo hasta que la situación desagradable se resolviera." Gabilondo, no va a huir, pero parece complicado que pueda hacer su cometido sin temor de si mismo. El síndrome de Jonás o complejo de Jonás, es también en psicología (Maslow: 1971) el temor a uno mismo, ocultar los talentos, temer el éxito aun a sabiendas de que se puede llegar a triunfar realmente. Ese es el caso de Gabilondo, teme el éxito y parece que se frena por su educación, que no deja que brote de dentro el carácter firme y enérgico necesario y que sin duda tiene para defender esa oposición que está haciendo ante un gobierno de pantomima de la Comunidad de Madrid para el que sobran las palabras. ¡¡Vamos Gabilondo!!!

1Unamuno, “La profecía de Jonás”, publicado en Ahora, Madrid, reproducido en el Repertorio Americano, 22 se septiembre, 1934, pp: 173-174.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.