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La raya y la vida


No es broma, y se llaman obsesiones, manías o directamente neurosis obsesivas, pero también algunas como la raya y su utilización, su sentido profundo, convive en nuestra vida sin más, de forma natural. Este tipo de sentimientos o de sensaciones siempre me han provocado mucho interés por el humor que se desprende de ellas, pero, según he podido informarme recientemente no se deben tomar a la ligera porque se pueden convertir en un trastorno importante y que afecta la vida real del sujeto o sujeta en cuestión. Yo siempre había pensado que estas cosas eran normales y que pertenecían al ámbito imaginativo de la persona, pero, llegan los psiquiatras y psicólogos que no sé quién es peor para afirmar que las manías o tocs son una enfermedad. Me niego a aceptar que los comportamientos de las personas -aunque sean algo excéntricos- se conviertan en patología. ¿Quién no ha perdido el sueño alguna vez dándole vueltas a algún problema irresoluble o necio con una cancioncilla de fondo?. ¿Quién no tiene tendencia a deletrear los nombres, a contar los objetos de la misma clase o incluso a sentirse perseguido por una melodía, o el clásico quien pise raya pisa la virgen de la medalla, que si la pisabas te pasaba algo malo. Casi es un juego urbano lo del no pisar raya, lo de la superstición de que te pase algo si la pisas, no me lo creo, pero sí la de esquivar rayas. Evidentemente entiendo que la enfermedad está, no en pensar esas cosas, yo las pienso con mucha frecuencia al igual que otras personas –espero- la enfermedad está en dejar que eso asedie o bloquee a la persona, siguiendo el concepto del vocablo “obsesión” derivado del latín “obsidere” que significa cercar, asediar, bloquear.

He visto ayer mismo que Rafa Nadal en esto es un hacha, bolayraya son todo uno. No lo es menos aquel que inventó el tenis que no sé quién fue: si la bola toca raya, se acabó. El “fulbol” sigue estas consignas igualmente. En general, todo lo que es bola se rige por las rayas. A la raya llegas cuando eres el último o el primero con tu bici, también esta marca te da la bienvenida en las carreras de ciudad como la San Silvestre, que mola mazo.

Muchas veces tú mismo no eres consciente de este tipo de pequeñeces que las haces sistemáticamente, sino que en ocasiones son los otros los que se aperciben de estas cosas. Es importante por ello la influencia exterior: ¡Oye, si haces eso así...!¡pero por qué le das tantas vueltas a lo otro! ¡Estás loca! –esto se dice con mucha frecuencia- sin caer en la cuenta de que si se piensa la mayoría de las personas estarían locas. Hay una raya invisible que por lo visto diseña nuestra vida. Hemos visto con frecuencia algunas manías o costumbres clásicas y aceptadas por la mayoría de la sociedad o comunidad como si no fuese nada pero que en otras sociedades llamaría la atención sin lugar a dudas.

Santiguarse varias veces –es hacer rayas con la mano- y la persona que lo hace, no se apercibe pero ¡Se está rayando!

¿Cuántas veces repetimos la letanía: gafas, documentación, llaves, dinero, móvil, antes de salir? Es una línea invisible de orden cotidiano. No hay nada de malo en querer hacer de forma sistemática las mismas cosas o en buscar un equilibrio y orden en todo: trazamos una raya mental con cosas. Lo de santiguarse -eso sí- entra en las obsesiones más que en las cuestiones de fe profundas, creo que esto está claro para todo el mundo. Otra de las actitudes que afecta al modo de comportamiento, por ejemplo, son las corrientes eléctricas o calambres. Rayas o rayos que surgen de la electricidad. A mí personalmente todo me da sacudidas y si alguien mirase por un agujerito las cosas que hago, alucinaría en colores. He visto que no solo soy yo. Los coches por ejemplo, no sé por qué –aunque creo que es por el calzado- pegan unos corrientazos impresionantes, ¡son rayos! Con tales rayas lanzadas uno se las ve y se las desea cerrando el coche con el nudillo o con un dedo, con el codo, a veces damos dos golpecitos y luego lo tocamos, primero el pie en la puerta y luego lo toco...hay mil maneras, a cuál más peregrina, pero eficaz –supongo- de descargar la corriente y que no nos sacuda plenamente. Los hombres son muy raritos también a la hora de subirse al coche, miran y remiran, se giran, dan una vuelta, dar una ojeada las ruedas, echar una mirada otra vez, dan un golpecito con el pie en la rueda o le dan un cachete a la carrocería como si fuese su caballo. Si hay corriente de rayo, palabrota al canto. Igualmente con los carros en el supermercado, hay rayas de calambre.

Para mí, el deporte era: ¡Vamos a correr y si llego antes te he ganado! Ahora hay que estar 6 horas en un partido de tenis para demostrar lo que ya se sabe: hay algunos que son líderes y lo serán, este es el caso de Nadal que es un héroe absoluto, pero las cosas como son, está lleno de manías y tocs. También pisa sistemática la raya direccional de su tiro. Los partidos de futbol para mí se justifican por los peculios que ganan, pero yo lo reducía a 30 minutos todo y ya vale. Sería más dinámico, más soportable, sin embargo, se paga a un árbitro entre otras cosas para que vigile las rayas. La cuestión de la raya está en la paremiología, en el argot, en todo.

¡No podemos pasarnos de la raya! Esta expresión tiene lo suyo porque se ahonda en el terreno de la subjetividad, aparcamos mal cuando pisamos la raya, conducimos mal si invadimos la raya… Al cura de torrejón y a su cuñada la Juana, los pillaron a los dos jugando a las tres en raya, esta es una manera de explicar circunstancias de la vida raya incluida pero de forma metafórica y elegante.

Las gentes se meten rayas de coca, que dicho sea de paso, si les obligaran en la consulta de médico a hacerlo habría que verlos.

La siguiente expresión me ha llenado de estupor toda la vida: Alguien se puede salvar de un rayo, pero de la raya no. ¿Pero qué raya? ¿No puedo salvarme de una raya?, aquí el tema se pone muy tenso, la verdad. La infancia era cruz y raya, para que me vaya, o cruz y raya para mi has acabado, luego no pasaba nada porque el espíritu de la infancia es puro y limpio y a los dos minutos ya eras amigo de nuevo. Los niños no tienen rencor.

Galdós en La Vuelta al mundo en la Numancia escribe: “No causaron al hombre de mar poca maravilla las noticias que le dio su concuñado don Cristino de la organización y disciplina masónica que se impusieron los liberales, para formar un haz de combatientes con que tener a raya el poder ominoso de la Moderación”. (p. 16) La expresión induce a poner límites a la gente. Pero también dice un poco más adelante: Esto, amigo Ansúrez, pasa de la raya, y yo digo que si no nos manda tropas el Gobierno de O'Donnell es porque el gachó quiere perdernos, envidioso del poder de Narváez... Tropas, vengan tropas, o nos veremos muy mal, pero que muy mal" (p.28). Que es el mismo límite pero excedido.

En Vergara añade: “Al llegar a este punto, parecieron ambas más tocadas de credulidad: a Pertusa le conocían por sectario furibundo de la realeza carlista; el otro, que entonces veían por primera vez, parecióles más fino y apersonado que su compañero, a pesar del pelaje humilde. Recayó suavemente la conversación en los negocios de la facción, mostrándose Calpena tan entusiasta, que su fanatismo daba quince y raya al de los más feroces. (p.206). Esta expresión de superioridad y aleccionamiento está muy bien.

Lo de tener a raya a los ingleses, siempre me ha encantado como leemos en Trafalgar: “En el alcázar de popa estaba uno que comprendí era el general Álava, y, aunque herido en varias partes de su cuerpo, mostraba fuerzas bastantes para dirigir aquel segundo combate, destinado quizás a hacer olvidar respecto al Santa Ana las desventuras del primero. Los oficiales alentaban a la marinería; ésta cargaba y disparaba las piezas que habían quedado servibles, mientras algunos se ocupaban en custodiar, teniéndoles a raya a los ingleses, que habían sido desarmados y acorralados en el primer entrepuente.

Es tener a raya a países, a sociedades, a pueblos enteros. Ya les gustaría a nuestros gobiernos, francamente.

Y es que Galdós incluía como nadie las expresiones histórico-populares en el discurso escrito y culto. En Torquemada en la cruz, se integra la raya como un todo:

“Dame la toalla.

- Toma... - ¿Qué hay? Cuéntamelo todo...

- Pues hay... un poquitín de novedades.

- ¿Ves? Anoche lo dije. Si yo adivino...

- Pues...

- ¿Ha estado alguien en casa?

- Nadie, hijo.

- ¿Han traído alguna carta?

- No.

- Yo soñé que traían una carta con buenas noticias.

- Las buenas noticias pueden llegar sin carta; vienen por el aire, por los medios desconocidos que suele usar la infinita sabiduría del Señor.

- ¡Ay, me pones en ascuas! Dilo pronto.

- Te peinaré primero... Estate quieto... No hagas visajes...

- ¡Oh, no seas cruel!... ¡Qué suplicio!

- Si no es nada, hijito... Quieto. Déjame sacar bien la raya. Apenas es importante la raya.


- A propósito de raya... ¿Qué es eso del límite que dijo Cruz? No he pensado en otra cosa durante toda la noche. ¿Quiere decir que hemos llegado al límite de nuestro sufrimiento?

- Sí.

- ¿Cómo?... (levantándose con febril inquietud). Dímelo, dímelo al instante... Fidela, no me irrites, no abuses de mi estado, de esta ceguera que me aísla del mundo, y me encierra dentro de una esfera de engaños y mentiras. Ya que no puedo ver la luz, vea al menos la verdad, la verdad, Fidela, hermana querida. (p. 169)

Esta expresión tan magistral galdosiana y que podríamos aplicar a Ayuso perfectamente de Las tormentas del 48, es para tenerlo en consideración perpetua: “Con arte y rigores de corsé consigue Sofía meter en cintura su deslavazado cuerpo y tener a raya las exuberancias que por las mañanas hemos visto salidas de madre”. (p. 75)

Estos son tan solo algunos ejemplos, pero claro, hay más. Los gallos finos mueren en la raya o ¿qué es una raya más para un tigre? Tan características de los políticos.

Tan solo busque el lector el significado que la Rae da para la palabra rayar o rayarse y estará de acuerdo conmigo en que hay cosas en la vida que no tienen explicación pero que existen y convivimos con ellas, igual que con el virus.

Los hay que se han pasado bastante de la raya y lo dice una madrileña de generación. Quien llega a la raya, peligro corre de pasalla. Aquí abrimos una puerta a la incertidumbre que sin duda es hermana de la locura. ¿Qué pasará cuando se pasa de la raya? ¿Adónde vamos? Pues así estamos últimamente, rayados del todo.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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