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EL PERIÓDICO
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¡A los leones!


  • Escrito por Arturo E. Estébanez García
  • Publicado en Opinión

No hay nada mejor para un mal gobernante, o para un político irresponsable, que buscar y encontrar algún chivo expiatorio que pague las culpas de sus malos actos o, al menos, desvíe la atención de la opinión pública de su mala gestión. Claro ejemplo de esto fueron algunos emperadores romanos como Calígula, que culpando a algunos senadores romanos de la quiebra económica de Roma lanzaba al pueblo sus cabezas con gran regocijo de la plebe, o, Nerón que tras incendiar la ciudad de Roma y culpar a los cristianos hizo clamar al pueblo romano el famoso ¡A los leones!

Pues bien, algo similar está ocurriendo en la política española de un tiempo a esta parte. La epidemia del Covid19 ha puesto de manifiesto las carencias y debilidades del estado surgido de la Transición y de la Constitución de 1978, debilidades y carencias que, en un porcentaje demasiado elevado como para considerarlas fortuitas o fruto de la mala suerte, han sido alentadas, buscadas y favorecidas por la casta político-social-funcionarial beneficiaria del actual régimen político desde el nacimiento del mismo.

Mientras que la epidemia se sigue extendiendo por nuestro país, mientras que las víctimas mortales, a pesar del ocultamiento de las cifras reales o de la incompetencia a la hora de contabilizarlas, se cuentan por decenas de miles de fallecidos, y mientras la economía se hunde en un abismo que parece no tener fondo y amenaza con hacer retroceder a la sociedad española a niveles anteriores a los planes de desarrollo de los años sesenta del siglo pasado, el gobierno que preside Pedro Sánchez se dedica a cuestionar la forma de Estado, con unas formas y en un momento que solo puede considerarse oportuno para una casta política que tiene mucho que callar y mucho más que ocultar.

En no pocas ocasiones, he cuestionado el proceso de la llamada "Transición" por su falta de transparencia democrática y por no tener más objetivo que perpetuar aquello que se pudiera del régimen franquista, así como también he cuestionado la figura del Jefe del Estado a Título de Rey por su falta de legitimidad, por ser una imposición del dictador Francisco Franco y por la regulación jurídica que, emanada de la Constitución de 1978, le situaba por encima de las leyes. Pero que ahora, los individuos y los partidos políticos que durante cuarenta años han protegido al Jefe del Estado, a su familia y a la institución que representaba, acallando la más mínima crítica, encubriendo todos sus desafueros y presentándole ante la opinión pública española como una figura inmaculada y casi divina, se estén dedicando a atacarle de la forma más cutre y grosera, no puede menos que hacernos preguntar sobre cuáles son las verdaderas intenciones de sacar en este preciso momento un debate que, con todo lo que esta acaeciendo en el país, no puede considerarse nada más que secundario y contraproducente.

Aceptémoslo, el Régimen de 1978 cuya finalidad exclusiva fue garantizar las prebendas de los beneficiarios del Régimen Franquista abriéndolo a más demandantes de prebendas convirtiéndose en el equivalente jurídico-político a esos fenómenos biológicos que nacen con duplicidad de miembros y grandes deformaciones, y sobreviven contra todo pronóstico, está agonizando a causa de todas sus originarias contradicciones, las cuales solo le podían llevar a desembocar en una situación de corrupción generalizada. Ahora, cuando la porquería sale hasta por las orejas de los más minúsculos beneficiarios del régimen y no se puede ocultar debajo de la alfombra, la casta política, y no solo la parte gobernante de esa casta, están dispuesto a sacrificar la forma de la Jefatura del Estado con el único fin de salvarse ellos de toda responsabilidad en una nueva manifestación del romano ¡A los leones!

Aquí, no nos encontramos realmente ante un debate Monarquía/República sino ante el planteamiento de una nueva transición que, tras sacrificar a la figura que encarna la representación del Estado, desemboque en un nuevo régimen político que permita a los que, hasta ayer, han sido los cómplices, defensores, encubridores y mamporreros de la Jefatura del Estado a Título de Rey, continuar en el disfrute de sus prebendas y gabelas que genera la profesión política.

Que nadie se engañe, al igual que en España son pocos los monárquicos, pues pocos tienen una teoría de la monarquía, tampoco son muchos los republicanos porque estos "neo-republikaners" (entiéndase la palabra en sentido despectivo) que desde el gobierno de Pedro Sánchez claman por caminar hacia la república no son realmente republicanos pues carecen de cualquier teoría republicana y no tienen más intención que cambiarlo todo para que todo permanezca igual. De hecho, la ruta que se pretende seguir hacia la república no es la lógica. La lógica sería iniciar un proceso constituyente con amplio debate y participación ciudadana. Lo que se pretende es desgastar a la Jefatura del Estado y convertirla en un objeto fundamental del debate político partidista hasta que el Jefe del Estado, de motu proprio, decida abandonar la institución que representa.

En el fondo, y no muy en el fondo, se trata de repetir la maniobra de la llamada "Transición" hurtando al pueblo español la posibilidad de participar ampliamente en un proceso constituyente y presentarle una serie de hechos consumados con los que no le quede más remedio que tragar y que, sobre todo, queden a salvo los intereses y privilegios de las distintas castas del país. No obstante, la Tercera República surgida de tales maniobras palaciegas en realidad adolecería de los mismos males que las otras dos Repúblicas Españolas anteriores (1), a saber:

1º. No surgiría de unos debates constituyentes y de una teoría de la república, sino de una simple pero apremiante necesidad ante la ausencia de un Jefe del Estado a Título de Rey.

2º. Nacería en una situación social y política enormemente bipolarizada, enfrentada y tensa que harían muy convulsa y difícil su existencia.

3º. Su finalidad no sería constituir un estado republicano sino garantizar y perpetuar las gabelas y privilegios de la casta política, empresarial y mediática que fueron el sostén del régimen de 1978 y anteriormente del mismo Franquismo.

Si el régimen de 1978 -no nos cansaremos de repetirlo-, es una prolongación del régimen franquista; una república proclamada por el abandono voluntario del Jefe del Estado a causa del desgaste al que le somete la casta política y los medios de comunicación a su servicio, no sería nada más que una prolongación del régimen de 1978 y, por aplicación de la pura lógica, también una prolongación del régimen franquista.

(1) Aunque para no pocos de los actuales "Republikaners" parece que solo hubo una república o solo hubo una república que cuenta, la Segunda, es de recordar que en nuestro país hubo dos repúblicas: La Primera República, del 11 de febrero de 1873 al 31 de diciembre de 1874, y la Segunda República, del 14 de abril de 1931 al 1 de abril de 1939. Ambas repúblicas se proclamaron simple y llanamente porque el abandono de los que ocupaban la Jefatura del Estado (Amadeo en 1873 y Alfonso en 1931) las hicieron inevitables... y no caigamos en el engaño de creernos que a Amadeo de Saboya y a Alfonso de Borbón se les expulsó del país tras algún tipo de movimiento revolucionario, ambos, simplemente, abandonaron el cargo a causa del desgaste que sufrieron sus respectivas imágenes públicas.