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Fascismo más neoliberalismo, horror absoluto


Ninguna libertad para los enemigos de la libertad. El lema del Club de los Jacobinos no se aplica hoy ni en las sociedades europeas ni en la transatlántica. Y ello pese a verse agredidas ambas, en el terreno de las ideas y de los hechos, por una variante innovada del principal enemigo de la libertad, el fascismo, la furia parda. Algunos dicen que lo que hay ahora en escena no es propiamente fascismo. Cierto. Es peor aún, si cabe. Se trata de una alianza tóxica que mezcla dos componentes criminales: el estilo chulesco, señoritil y clasista, típico del fascio de los matones; y el discurso neoliberal más desalmado del capitalismo financiero, que los nuevos exponentes del fascismo renovado adoptan ya sin rubor. Se han olvidado de su tan denostada plutocracia, para plutocratizarse ellos mismos sin dudas ni reparos. Por eso sintonizan y se excitan con los gestos exaltados de Donald Trump; con la altanería chulesca de Boris Johnson y con las bravuconadas de Jair Bolsonaro, propias de un iletrado voluntario.

La nueva mezcla fascio-neoliberal es, en verdad, explosiva. Sus nuevas hornadas de individuos ricos, engominados, con ternos oscuros y corbatas claras, selectos pues, han abandonado la defensa a ultranza del Estado corporativo, nacionalsindicalista y policial que preconizaban sus mayores –realmente no saben en qué consistía aquello-, para atreverse a convertir la política en mero mercado desigual y ellos en sus brokers, una variedad moderna del típico gánster. Los mismos o parecidos métodos que se emplearon durante siglos en la ensangrentada Sicilia los despliegan hoy para meter las zarpas e instalarse en las cúpulas directivas de grandes bancos, sociedades de inversión, compañías energéticas, consultoras o auditoras; para ello, mimetizan los procedimientos de los émulos de don Corleone: omertá, silencio cómplice, protección no deseada, extorsión, linchamiento, eliminación…, todo ello traducido y ajustado a la escala de la ingeniería financiera que es la que da dinero.

Salvo muy escasas excepciones, broker suele ser un tipo que es capaz de dormir a pierna suelta si ese mismo día, por la mañana, en uno de sus jueguecitos de ingeniería financiera o con valores que cotizan en Bolsa, ha arruinado la vida de decenas de miles de cultivadores africanos. De un plumazo. O el futuro de miles de obreros industriales de Galicia, a los que una cotización decidida por él, así, en un par de clics de su blackberry, ha puesto en la calle. O los hogares de centenares de costureras griegas, afectadas por una legislación impuesta al noqueado Gobierno de Atenas por un potente banco alemán, donde otros brokers como él siguen haciendo de las suyas, semejantes a las que él hace aquí. Es lo que tiene el globalismo, que les permite actuar donde les dé la gana. Sin fronteras. Y siempre contra los más débiles.

Facha-broker

Ese tipo de aquí, que adquiere la condición de facha-broker, estudió en una universidad privada porque la nota de corte no le daba para ninguna otra. Hizo una inútil estadía en la cada vez más inútil Meca de Estados Unidos y de regreso, nunca asistió al máster cuya calificación obtuvo pagando a un redactor especializado en la escritura de tesis por encargo: y lo hizo sin que se le cayera la cara de vergüenza por estafar a sus profesores y compañeros –ejemplos muy cercanos tenía en la cúpula del partido “donde papá militaba”-; consiguió luego que su progenitor le enchufara en aquella compañía energética con rascacielos y todo. Comenzó a ganar 6.000 al mes, luego el doble; poco después, cuatro veces más y, tras ofrecer a la petrolera un plan para reducir costes laborales que gustó tanto, la empresa lo ascendió hasta la vera del CEO, el que allí manda: el que tiene en el ático del rascacielos, de 400 metros cuadrados, una piscina en madera brasileña. Atrás dejó 1.300 trabajadores que se fueron a la calle. Con sus planes de reducción de costes y los de quienes le habían precedido, consiguieron que, si en los años 80 del siglo XX, el diferencial de salarios, la ratio, entre un trabajador de base y el ejecutivo de una empresa media-alta fuera entonces de 1 a 7, sea hoy de 1 a 450. Los bonus hicieron con él milagros.

Sin embargo, nuestro facha-broker no se conforma hoy con tener un piso en un barrio bien, como el de Los Jerónimos, por ejemplo, con tarrazas a dos calles; ni tan solo un chalet, en una urbanización de la periferia más cara, Somosaguas por ejemplo, con piscina, jardín, sauna y pista de pádel; cuatro automóviles, uno de ellos diseñado para él en Italia por el gran Pininfarina; un barco de 25 metros de eslora en Puerto Banús, con casco en fibra; “más la herencia en francos suizos de papá, que fue hijo de un Subsecretario con Franco, y las joyas de mamá, que estudió en las Irlandesas con Ana Botella; más los dos Degas que la bisabuela Marita compró por dos perras a aquel grüpenfhrer nazi que se presentó una tarde de marzo de 1945, fíjate, en la playa de la Concha en Donosti, con un montón de lienzos de impresionistas franceses, que traía en un buque alemán rumbo a Chile…”

No. Nuestro facha-bróker hispano-español necesita mucho más. Por eso exige para sí un patrimonio no simplemente millonario, sino multimillonario, meta que se ha convertido en su obsesión. Todo ello le conduce de cabeza a los negocios más rentables -en realidad, deshonestos cazaderos especulativos como el inmobiliario, por ejemplo-. Sabe que en la Consejería del ramo de la Comunidad de Madrid, su compañero de máster, que es uno de los asesores del preboste que manda en el Consorcio, le pasará información guay de los futuros trayectos y de las prolongaciones de las líneas de metro previstas hacia el Norte de la Castellana… O, ya puestos, ¿por qué no adentrarse un poco en el comercio de la noche, o solo un poquito en el de las armas, que dan mucha, pero que mucha, plata. Aunque, quizá, cante menos si se mete en el comercio del coltán, ese mineral básico para el utillaje de la telefonía y la informática. Qué importa que su búsqueda por empresas geomineras europeas, quizá belgas, lleve recurrentemente sangrientas guerras civiles a los míseros países africanos que podrían ser los más ricos del continente si no se hallaran atrapados por facha-brokers como el de aquí…

Miami forever

Nuestro taimado protagonista del capitalismo financiero ultraliberal necesita, así pues, exhibir en todo momento que él tiene poder, que le importan una higa la democracia, el Gobierno, las elecciones; que dice saber que las leyes son para los imbéciles que las cumplen y que los impuestos, que se los vayan a reclamar a él en Miami donde, como todo buen patriota, tiene los cuartos y donde pasa sus vacaciones bimensuales. Además, allí está más cerca de Panamá, donde, por si acaso, tiene otra parte de su capitalito camuflado “gracias a esa consultora opaca que dirige desde aquí, desde su dúplex de la calle de Príncipe de Vergara, puerta con puerta con la casa de Luisón Bárcenas, ese venezolano tan divertido, el pobre tuvo que huir del régimen socialcomunista de Maduro, y que ya es dueño de medio barrio de Salamanca…pues, como te decía, en esa sociedad panameña, el mayor de Mirufa, next door, que está allí destinado, nos ahorra el papeleo a todos los de Somosaguas…”

Eso sí, no le faltan pulseritas, ni mascarillas con la bandera española mancillada con el aguilucho; y siempre que puede, si hay convocatoria, se acerca por la calle de Núñez de Balboa con el sombrero austríaco lleno de chapistas patrióticas, el chaleco loden y “las botas de montar bien lustradas por Gladys, la tata interna ecuatoriana que cuida a mamá pero que, como vive en El Pozo y tiene que irse allí los sábados, ha tenido que interceder un funcionario de carrera amigo de papá en Interior -que es de los de Jorge-, para que la dejen pasar”. El facha-bróker comenta divertido que su primo Adolfo, “en los años setenta, se paseaba por Goya arriba-Goya abajo con la pistola al cinto y pintaba en las paredes “Franco ¡presente!”, sin que la Policía Armada de entonces le dijera ni pío; y también memoriza aquella noche en la que “el primo Fofo, que así era como le llamaban en casa, estuvo a punto de liarse a tiros con aquel pobre desgraciado ácrata al que sorprendió pintando, junto su pintada, otra donde escribía “¡Juana la Loca, presente!”. Menos mal que los otros tres fachones que iban con él, solo le partieron la boca con los bates de béisbol, porque uno se negó a matarle pues su padre era juez en Las Salesas”.

Esos tipos, esta clase de tipos, son hoy los que rigen buena parte de nuestras vidas. Pero la gente de a pie lo desconoce. Gracias a enchufes familiares, movilizan no solo su capital económico sino también potentes nexos familiares trenzados por bodas inter-élites que son alianzas dentro de fracciones de la clase dominante. Los que llegan a la cúspide son los que se introducen en las agencias de calificación. Desde allí, obsesionados por las decrecientes tasas de ganancia, deciden rebajar las notas a países que, para subirlas, deben endeudarse más y atornillar las condiciones laborales expulsando más gente a la calle; descualifican el trabajo para que, una vez descualificado, los trabajadores que lo asumen se degradan más todavía; reemplazan las vacantes laborales por ellos generadas con más máquinas o robots caros, adquisiciones que les generan comisiones; compran a quienes formulan los algoritmos que rigen los datos para la creación de perfiles personales para el consumo; y esos datos, millones de datos, big data los llaman, procedentes de mil cámaras sueltas y escáneres distribuidos por lugares estratégicos de la ciudad sin que nadie nos pidiera permiso, los venden a cualquier compañía privada dispuesta a comprarlos; les da igual si es una empresa de seguridad, de espionaje privado, si se trata de una secta fundamentalista, una gran superficie o una cadena de salas de juego. Los facha-brokers están ahí, precisamente para eso, para comerciar con nosotr@s, con nuestra imagen, nuestros hábitos, tendencias, gustos, necesidades, familias, salarios, ocios…; con nuestra sanidad que tan irresponsablemente, inhumanamente, sus compiyoguis de la Consejería han regalado al entramado de las clínicas privadas que, en su mayoría, son incapaces de aportar ayuda para atajar la pandemia. Son los mismos que permanecen siempre despiertos para extender sus privilegios, espolear la desigualdad social, cebar el conflicto, corromper políticos serviles, intoxicar a los medios de información que ellos mismos financian y que les dicen lo que quieren oír, siempre y cuando no se encuentran arreglando sus cuentas en Andorra, Miami o Panamá desde donde prosiguen en sus prácticas, pero por Skype.

Banderitas gualdirojas

Ahora, dados los resultados de la imbecilidad en la que la cúpula de su partido de siempre ha querido sepultar a sus votantes, sus dirigentes ven a con impotencia a los facha-brokers criados a sus pechos encaminarse hacia la extrema más derecha aún. Allí van a convivir, a saber hasta cuándo, con añorantes del invicto Caudillo que se muerden la lengua por las consignas que vienen “de arriba”; pseudo-cristianos del sector más rancio de la escolástica que desconocen el principio pregonado por Cristo del amor al prójimo y se dedican a recorrer en furgoneta el país para decir que no peque nadie, salvo ellos mismos; hombres peludos que solo entienden de fútbol y odian a las tías; damas reaccionarias más machistas que sus propios maridos; jóvenes vagos que no saben prescindir del dinero de papá…todos, eso sí, con banderas rojigualdas, digo gualdirojas por doquier. En ese mundo, los prestigiosos, cotizados y pujantes facha-brokers, que no han leído una línea de Literatura, de Filosofía, de Arte, de Ética, desde segundo de la ESO, están muy cerca de convertirse en el sector hegemónico. Atrás han dejado la timoratez de la derechita-cobarde a la que ahora achacan todos sus males. De vez en cuando, asoma la testuz un abogado del Estado que a sus 30 y muchos todavía no ha conocido mujer, ni hombre, ni nada de nada, porque solo supo memorizar 200 temas de oposición y ya nunca sabrá vivir. Pero, con certeza, tampoco nos dejará vivir en paz, como están demostrando los suyos en la gestión criminal de la pandemia en la región de Madrid. Esta es hoy, en España, la élite fascio-neoliberal que decide, la que nos juzga y ahorma nuestras vidas, la misma que intenta derrocar al primer Gobierno de coalición en cuarenta años de democracia, Y lo hace porque cree a pies juntillas que el poder político, como el económico, el financiero, el prestigio social, la vida ajena, son patrimonio suyo y le pertenecen, como perteneció a su padre, a su abuelo, a su bisabuelo…Para eso ganaron la guerra, ¿no?

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.