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El COVID-19 sí afecta a los niños: actuar a tiempo puede salvar vidas


Ayer se conocía la noticia sobre la niña fallecida por COVID-19 después de haber sido atendida por los médicos, que no supieron ver lo que le sucedía.

El personal médico le dijo a los padres que "el COVID-19 no afecta a los niños", una afirmación que, además de ser rotundamente falsa, evidencia el peligro ante el que se enfrentaron estos padres.

No se trata de alarmar a nadie, pero sí de informar. Porque el hecho de que haya un pequeño porcentaje de casos que se complican en niños, no significa que no existan. Todo lo contrario: existen y por muy pequeño que sea el número de casos en los que se desarrollan, es una auténtica desgracia para quien "le toca".

El COVID-19 afecta a los niños. Está demostrado. Suelen ser asintomáticos, por lo que identificar el virus en ellos no es tarea fácil, ya que si no se les realiza la PCR, probablemente pase desapercibido. Pero contagian, por mucho que no se quiera hablar de este asunto.

¿Por qué no se quiere hablar de ello? Probablemente por la alarma que genera a nivel social todo lo que tenga que ver con los más pequeños. Probablemente también porque la asistencia al colegio viene siendo fundamental para mantener la economía funcionando: los docentes sienten que ahora mismo, más que acudir a la escuela para aprender, se acude para que alguien se ocupe de los niños y niñas mientras sus padres y madres trabajan. En algunos casos, los comedores escolares garantizan la alimentación para quienes en sus casas están pasando dificultades, por lo que se enmascaran así muchas razones por las que insistir en que las escuelas son seguras podría no ser del todo como nos cuentan.

Y es que los centros educativos son el segundo entorno en el que más brotes se están detectando en España y muy cerca de los brotes detectados en ámbito familiar (248).

¿Qué sabemos hasta ahora del COVID-19 en los más pequeños? La mayoría de contagios se producen en niños y niñas que estudian ESO, ámbito donde más se ha implantado la semipresencialidad.

Un estudio elaborado por un investigador de la Universidad Complutense apuntaba a que, posiblemente la vacuna triple bacteriana pudiera suponer una protección para los más pequeños y que, precisamente por eso, en la mayoría de los casos no desarrollaban síntomas y tenían una cierta protección. Pudiera ser. Pero por el momento también se desconoce por qué en algunos casos, semanas después de haber estado en contacto con el virus, se desarrollan afecciones como el Síndrome Inflamatorio multisistémico (MIS-C)

Este síndrome, que se desarrolla en pocos casos, supone una afección por la que diferentes partes del cuerpo pueden inflamarse. Entre ellas se incluye el corazón, los pulmones, los riñones, el cerebro, la piel, los ojos o los órganos gastrointestinales. Puede ser grave, incluso mortal y una detección a tiempo a día de hoy puede solucionar la situación. Pero hay que detectarlo y actuar en consecuencia, algo que en el caso que hemos conocido ayer no sucedió.

¿Qué síntomas deben alertarnos? Fiebre, dolor abdominal, vómitos, diarrea, dolor en el cuello, sarpullido, ojos rojizos, agotamiento intenso pueden darnos la señal de alerta. Además, si se observa dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión, incapacidad para despertarse o permanecer despierto, color azulado en labios o en el rostro y fuerte dolor abdominal hay que acudir inmediatamente al médico.

Y lo de "inmediatamente" es cuestión de horas en algunos casos porque la complicación puede avanzar rápidamente, por lo que la intervención médica es fundamental en estos casos.

Ocurre que a veces los síntomas se confunden con cualquier otra afección que puede ser "normal" en niños pequeños. Por eso puede que no se le de importancia a alguno de estos síntomas y desemboque en situaciones como la de la pequeña Tagan.

Tagan tuvo mucho sueño la semana pasada, según cuentan sus padres. Comenzó a vomitar y por eso le llevaron a urgencias. No tenía otros síntomas, no tenía fiebre ni tos. Y los médicos dijeron a sus padres que no se preocupasen, que "el COVID-19 no afecta a los niños". Tagan volvió a su casa, pero cada vez la veían más débil hasta que dejó de respirar. Fue cuando sus padres llamaron a la ambulancia, pero ya fue tarde, porque la pequeña falleció. Habían pasado 15 horas desde que le habían atendido en el hospital y no le dieron importancia a los síntomas. Esto es lo que describe la NBC: https://www.nbcnews.com/news/us-news/kindergartner-reportedly-dies-covid-19-texas-n1246803

Pero no es el único caso. a pesar de que, en términos porcentuales sean pocos. Existen y es importante que los padres conozcan lo que puede suceder: sin generar alarma excesiva pero sí la suficiente para estar informados.

Según las recomendaciones de los expertos, los médicos ante esta situación deben realizar un análisis de sangre, radiografía del tórax, ultrasonido cardiaco (ecocardiograma) y ultrasonido abdominal.

No se sabe por qué afecta a unos niños y a otros no, por lo que cualquier precaución es recomendable ante los síntomas. Como se suele decir, es más importante "prevenir que curar" y en estos casos, llevar a cabo la exploración pertinente puede salvar vidas.

Con la atención adecuada estos casos pueden tratarse de forma positiva. Lo que está por ver son los efectos que la enfermedad puede desplegar pasado el tiempo, otra de las incógnitas que han de resolverse a medida que se vayan estudiando los casos existentes.

La llegada del frío, los habituales mocos y virus habituales en las escuelas no lo pone fácil a la hora de estar atentos. Pero no está de más conocer las situaciones más preocupantes para que no nos pillen absolutamente ajenos.

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.