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Si a la Ley Celaá


Vista de la manifestación con vehículos contra la Ley de Educación (LOMLOE), denominada también 'Ley Celaá', aprobada esta semana en el Congreso que recorre el Paseo de la Castellana desde Cuzco a Cibeles en Madrid este pasado domingo. Vista de la manifestación con vehículos contra la Ley de Educación (LOMLOE), denominada también 'Ley Celaá', aprobada esta semana en el Congreso que recorre el Paseo de la Castellana desde Cuzco a Cibeles en Madrid este pasado domingo.

El pasado 19 de Noviembre, el Congreso de los diputados aprobó la nueva ley de educación de la Ministra Isabel Celaá, con más de ciento setenta votos a favor y, por supuesto, los votos de las tres derechas en contra. Al grito de "Libertad" tras el recuento de votos, la derecha española ha dejado claro, una vez más, que sus intereses son profundamente clasistas, segregacionistas y, además, mezquinos.

Digo mezquinos porque, pese a haberlo pensado, no encuentro otro adjetivo para calificar la postura de estas formaciones políticas. No sólo en esta cuestión, si no en la práctica totalidad de las que se exponen en el Parlamento. Mezquinos porque saben que la nueva ley de educación, llamada LOMLOE, es la vacuna que necesitaba el sistema educativo de nuestro país después de haber sido infectado por una enfermedad - y no precisamente vírica - cuyos síntomas eran la desigualdad, la discriminación - sexual y económica - y, por supuesto, la falta de oportunidades de los jóvenes. Las derechas saben que esto es cierto, y es por ello que debe tacharse de mezquina su actitud pues, al votar en contra de esta ley, votan por prolongar las injusticias en el ámbito educativo que el exministro Wert había impuesto más de un lustro y medio atrás.

Una de las cualidades de la derecha de éste país es su inconformismo. Lo hemos podido ver a la hora de la toma de medidas contra el covid - primero exigiendo el confinamiento, luego votando en contra de la prórroga del Estado de alarma; culpando al 8M de la primera ola, etc. - y, por supuesto, cuando de aceptar sus derrotas se refiere. Son incapaces de reconocer que han sido vencidos. Sin embargo, haciendo un difícil ejercicio empático, podemos comprender por qué estos señores/as de Vox y PP se envuelven en su bandera bajo el lema de "libertad" - curioso que proceda de ellos esta palabra - y organizan manifestaciones contra la nueva Ley Celaá: y es que ven en peligro sus privilegios, y les asusta el hecho de que todos los españoles/as tengan las mismas oportunidades educativas y laborales. ¿No es triste que pierdan tan injustamente sus privilegios? Se nos debería de romper el corazón. Pero de rabia, por haber sufrido la discriminación de la ley del señor Wert durante siete años.

Pero la empatía, en éste caso, sólo debemos ejercerla como herramienta de compresión. Entender porqué la derecha ataca esta ley y, en base a esto, saber que nosotros, los obreros e hijos/as de éstos/as, tenemos los mismos derechos que los hijos de los elitistas y adinerados: que un niño con cualquier tipo de anomalía mental debe, además de gozar de una educación de calidad, rodearse de otros niños "normales"; que las niñas y los niños no tienen por qué aprender separados los unos de los otros por sexos; que la religión es una cuestión moral y no intelectual; que quienes no tienen los suficientes recursos económicos puedan tener la tranquilidad de saber que sus hijos e hijas disfrutarán de una educación Pública de calidad que garantice su formación como personas para posteriormente formarlos como profesionales.

Y es esto lo que las derechas no quieren: que los hijos de los obreros tengamos las mismas oportunidades que los suyos, que los que tienen una condición psíquica distinta sean tratados como personas normales, y no como bestias de zoológico a quienes hay que marginar. Nosotros, los progresistas, tenemos el deber de hacernos escuchar, de combatir democráticamente, con el uso de la razón y la palabra, la mezquindad de la derecha, que solo pretende generar desigualdad para que los ricos sean más ricos, y los obreros, unos borregos.

Estudia actualmente Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad del País Vasco. Es militante del PSOE desde el 2018 y simpatizante de la corriente interna del partido, Izquierda Socialista. Además, es también autor de una antología de diez relatos cortos de terror y suspense, 'Tormento a Medianoche', publicada en la Editorial Círculo Rojo, en 2021.