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Los adalides del fracaso y el Gambito


La líder de Ciudadanos Inés Arrimadas, junto al expresidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en una imagen de archivo. La líder de Ciudadanos Inés Arrimadas, junto al expresidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en una imagen de archivo.

Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos.”

Dostoievski

Probablemente el peor capitán naval de todos los tiempos fue Francesco Schettino. Este sujeto hizo naufragar un buque con más de 4 mil personas por impresionar a una bailarina moldava cuyo nombre es Domnica Cemortan. Esta joven se encontraba en el puente del Costa Concordia cuando el crucero chocó contra las rocas provocando, finalmente, que el barco encallara por la negligencia del capitán. Este episodio ocurrió el 13 de enero de 2012 en la isla de Giglio en la costa occidental de Italia. Murieron 32 personas.

El mando del Concordia estaba en manos de Schettino que, por cierto, fue uno de los primeros en abandonar el barco. La investigación posterior lo condenó a 16 años de prisión, mientras que 5 miembros más de la tripulación llegaron a un acuerdo con la fiscalía para penas de hasta dos años. Las investigaciones concluyeron que el capitán era el principal responsable de acercarse de manera temeraria a la costa, sólo para enseñarle a su ligue el puerto de Giglio. Estos sucesos de por sí darían para varias producciones cinematográficas.

Sin embargo, Francesco no se dejó afectar. Tras el naufragio del crucero Costa Concordia, en enero de 2012, el italiano impartió en 2014 una parte de un seminario en Roma sobre "la gestión del control del pánico" en situaciones como la ocurrida por su causa en alta mar. Al parecer, esa audaz vocación formadora causó indignación en Italia. La participación del capitán fue el 5 de julio de ese año en la Facultad de Medicina de la Sapienza de Roma. Ante esta intervención, el rector de la Universidad, Luigi Frati, abrió un expediente al profesor que organizó el seminario. La participación de Schettino fue por videoconferencia. Lo que no le resta méritos a la audacia de su intervención. El Tribunal Supremo de Italia lo ha condenado de manera definitiva a 16 años de cárcel.

Cuando publicaron la noticia de la intención de Alberto Rivera de preparar un debate bajo la modalidad de webinar, no cabe menos que pensar en el bueno de Schettino. Es apropiado recordar que Rivera casi toca con la punta de los dedos el formar parte de un gobierno de coalición. Pero, en aquel caso, bendecida por el IBEX, la Gestora y el Statu Quo. Ese hombre que, como el capitán del Costa Concordia, de 57 escaños derivados de más de cuatro millones de votos, por la vanidad de no comprender que era un simple gambito de los centros de poder, protagonizó el descalabro más sonado de un partido en la democracia española.

Como todas las personas que están leyendo esto saben, en ajedrez, gambito, es una apertura por la cual se sacrifica una pieza, generalmente un peón, para conseguir una ventaja. Según se cuenta, la palabra "gambito" fue originalmente aplicada para aperturas de ajedrez en 1561 por el sacerdote español Ruy López de Segura. Lo hizo a partir de la expresión italiana “dare il gambetto”, poner una trampa, y esta a su vez de “gamba“, pierna, y del verbo “gambettare” hacer zancadilla. 

Rivera no comprende que el tablero ha cambiado. Ni supo anticipar la zancadilla que le dieron. Hoy, los posibles sacrificados por el poder serán otros. Formarán parte de los adalides del fracaso. Los veremos caer en breve.

Atentos.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.