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El rey emérito, obstáculo para la monarquía


Fotografía de archivo, tomada el 14/05/2019, del rey Felipe VI (d) junto a su padre, el rey emérito Juan Carlos. Fotografía de archivo, tomada el 14/05/2019, del rey Felipe VI (d) junto a su padre, el rey emérito Juan Carlos.

El Rey emérito también quiere volver a casa por Navidad. Y con su decisión sigue agrandando la crisis que él ha provocado sobre la Monarquía.

La democracia parece indicar que “no se debe confundir la Monarquía con la persona del rey emérito” (titular de hace unos meses de una editorial de El País), y así debe ser, pero el daño que el rey emérito está haciendo a la institución monárquica es imperdonable, y solo él es el responsable. Ya no vale además aquello de “lo siento mucho, no volverá a pasar”, porque ahora todos sabemos que esa frase era falsa: era, como tantas, otras, una escenografía para ocultar la doble vida del rey emérito.

Antes de los escándalos juancarlescos, tuvimos la infamia protagonizada por su hija Cristina y su marido Iñaki Urdangarín, que fue condenado. No se atreverá ahora a decir Don Juan Carlos que desconocía los manejos de su hija y su yerno cuando actualmente sospechamos que estaban bendecidos por él mismo.

¿Quién ha sido en realidad Don Juan Carlos? Seguramente la evolución de Don Juan Carlos, entre la figura de la transición y el que abandona su país a hurtadillas y lleno de vergüenza para refugiarse, ni más ni menos, que en los Emiratos Árabes está unido a la propia estabilidad democrática, aunque suene paradójico.

A veces pienso que el propio rey emérito ha ido descreyendo en la Monarquía a medida que se asentaba la democracia. Su relevancia histórica estuvo unida al intento de golpe de Estado; posteriormente, su fortaleza institucional se ha ido desvirtuando porque su papel ha sido cada vez más irrelevante. El tejido democrático y las instituciones han ido fortaleciéndose, incluso aquellas sobre las que un rey puede tener ascendencia como, por ejemplo, el ejército. Lo hemos comprobado ahora con ese wasap incendiario al tiempo que anacrónico de unos militares retirados que no representan al actual ejército español.

Con todos los defectos, errores y debilidades, la democracia española es estable, sólida y está preparada para hacer frente a problemas de índole diversa. Preparada para soportar extremismos y odios incentivados por los patriotas de pacotilla de la ultraderecha; preparada para absorber en los escaños democráticos a quienes alentaron al terrorismo; preparada para integrar a las fuerzas de seguridad como verdaderos defensores de las instituciones políticas y sociales españolas; preparada para dirimir los conflictos de una España autonómica que debe equilibrar la equidad nacional con la autonomía territorial; preparada para aprobar unos presupuestos en medio de una pandemia. Incluso nuestra democracia está preparada para las astracanadas de Don Juan Carlos, quien podría haber elegido cualquier otro día y no enturbiar la celebración de la Constitución. Sin embargo, al mismo tiempo que el rey emérito deshilacha por méritos propios el significado de la Monarquía, la Constitución refuerza su papel de Carta Magna, porque hasta es capaz de resistir estos envites.

¿Qué pensaba Don Juan Carlos cuando se echó al monte con una vida de disipe, caza de elefantes, regalos millonarios, cuentas ocultas, paraísos fiscales, y un largo etcétera de irregularidades? Sinceramente creo que nunca tuvo claro que el mandato monárquico llegara hasta las manos de su hijo. Si hubiera pensado mínimamente en la Monarquía o en su heredero, quizás hubiera medido las consecuencias de sus acciones. Sin embargo, creo que él fue el primero que vio el final de la Monarquía antes que el resto de la ciudadanía nos lo planteáramos.

El problema profundo no lo tiene Don Juan Carlos, y eso que tiene muchos, entre ellos, la vergüenza, la pérdida de credibilidad y respeto, y la justicia. El problema realmente lo tiene el actual rey, Don Felipe. ¿Qué debe hacer con la figura del rey emérito, su padre? ¿Le retira los beneficios que todavía conserva y no merece? ¿Le hace un hueco en su mesa en Nochebuena como si nada hubiera pasado? ¿Mantiene una posición de firmeza o sigue el juego a los “patriotas” disfrazados de la derecha que claman “viva el rey”, y no se sabe a quién aclaman?

Don Felipe ha sido educado para reinar. Se ha preparado toda la vida para ello. Pero nunca imaginó que su peor pesadilla estaba dentro de su familia: que el enemigo estaba en casa.

El rey se ha quedado sin referencias en su reinado. Al contrario, debe huir, alejarse, separarse al máximo para no contaminarse ni contaminar a la Corona. Ya tuvo que rechazar los lazos con su hermana Cristina. Y hoy, deberá hacer lo mismo con su padre.

Por otra parte, hasta ahora el trato a la familia real no es un trato como al resto de españoles. No lo fue con la “infanta” Cristina que pagó con deshonor, la huida a Ginebra y la prisión de su marido sus ilegalidades, pero que ella salió casi “inmaculada” frente a la justicia.

Tampoco lo es Don Juan Carlos, cuyo trato sigue siendo desigual, porque la desigualdad va implícita a la Monarquía. Ni su estatus jurídico-político, ni el tratamiento hereditario, ni las prebendas posteriores, ni el propio concepto de Monarquía lo equiparan a cualquier otro ciudadano español. Ahora bien, es la democracia la que debe actuar aquí, y ella sí obliga a que todos sean iguales ante la ley, incluido el rey emérito.

Me sumo a las palabras del Presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, quien señaló que las informaciones sobre el rey emérito “no son nada edificantes” y que “cuanto mayor responsabilidad, mayor es la responsabilidad que tiene que cumplir”.

El rey emérito ha puesto en la cuerda floja a la Monarquía, pero no podemos permitir que haga lo mismo con la democracia.

Nuestra democracia española es hoy una democracia europea. Mientras que la Monarquía juancarlista se ha ido alejando a pasos agigantados de una Monarquía constitucional europea. El camino elegido ha sido una decisión personal y propia del rey emérito. De ello debe ser ahora responsable.

Doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia.

Tutora de Sociología en la UNED (Valencia)

Miembro del consejo de redacción de la revista Temas para el Debate, y crítica de libros de la revista Sistema.

Articulista en la revista digital Sistema Digital.

Miembro de las asociaciones literarias Concilyarte y Clave.

Ha codirigido cursos de la UIMP (Valencia)

Miembro de varias ONG Greenpeace, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, Amnistía Internacional y Fundación Hugo Zárate.

Coordinadora de actos culturales: mesas redondas, presentaciones de libros, encuentros literarios y exposiciones.

Varias publicaciones: artículos de prensa, críticas de libros, artículos de reflexión filosófica, antologías poéticas, novela y ensayo.