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Es la Izquierda, estúpido


Ramon Espadaler, número tres por Barcelona por el PSC, durante un acto celebrado por los socialistas catalanes para presentar su candidatura por Lleida. Ramon Espadaler, número tres por Barcelona por el PSC, durante un acto celebrado por los socialistas catalanes para presentar su candidatura por Lleida.

La política catalana de los últimos años ha tenido como gran novedad la implosión del espacio de la derecha nacionalista local. Los pedazos resultantes se han centrifugado en poco tiempo hasta cubrir todo el espectro derechista, desde el sector más extremo y radical al “centro moderado y pactista”, es decir desde el fascismo supremacista y racista a la derecha vergonzante y trapichera.

El fracaso del “procés cap a la independència” ha dispersado y fracturado a las tribus derechistas catalanas, sometiéndolas a partir del otoño de 2017 a una peculiar travesía del desierto en la que conservando el poder económico y buena parte del poder político en tanto que representantes del bloque de clases dominantes en Catalunya, carecen sin embargo de brújula política que les guíe en la nueva etapa que han de afrontar. En paralelo, deben asistir desde la impotencia al desmoronamiento del relato justificativo de la aventura y sobre todo, a la pérdida del atractivo movilizador que sobre las masas ejercía ese relato.

Es así como tras el ridículo hecho ante el Estado español y ante Europa entera con el desenlace del famoso “procés”, la crisis sanitaria, económica y social que azota una Catalunya sin rumbo ni control ha terminado por aventar cualquier posibilidad de retomar a corto y medio plazo la senda hacia la independencia. El mantra secesionista “ho tornarem a fer” (lo volveremos a hacer) es solo un desiderátum que por mucho tiempo carecerá de credibilidad y desde luego de viabilidad.

Se diría pues que estamos ante una ocasión pintiparada para que las izquierdas catalanas logren quebrar la hegemonía apabullante que ejercen las derechas nacionalistas locales sobre el conjunto del país en todos los terrenos – político, económico, social, cultural, ideológico−, o al menos intentar en serio ganar las próximas elecciones autonómicas catalanas. Al parecer, la izquierda catalana tiene viento de cola en estos momentos, singularmente el PSC: el más que previsible descalabro de un Ciudadanos que creció fuertemente hace 3 años en las ciudades del antiguo cinturón industrial barcelonés, el estancamiento y fragmentación de Comuns-Podemos y el rotundo fracaso de nuevas opciones como Más País, dejan en apariencia el campo libre a los socialistas catalanes.

Un artículo de El Periódico de Catalunya publicado el 30 de octubre pasado (1), daba cuenta de movimientos de la dirección del PSC en la búsqueda de socios políticos con los que articular una candidatura que vaya más allá de las siglas socialistas. Al parecer, se acababa de celebrar una primera reunión exploratoria para la confección de una candidatura coaligada entre diversas fuerzas políticas además de los socialistas. Textualmente, y según la fuente periodística “El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, ofició la cita junto al secretario de organización y ministro de Sanidad, Salvador Illa, conectado de forma telemática, y la portavoz Eva Granados. Por parte de Units per Avançar acudió Ramon Espadaler, por parte de la Lliga Democràtica Astrid Barrio y Josep Ramon Bosch, y por parte de Lliures, Antoni Fernàndez Teixidó”. La mayoría de mis amables lectores seguramente desconocen quiénes son esos personajes que se reunieron con los socialistas Iceta e Illa y a qué partidos políticos representan; no se preocupen, o mejor dicho empiecen a preocuparse desde ahora, pues una vez que les explique lo que se sabe de ellos a muchos se les van a poner los vellos de punta.

Units per Avançar es algo así como el pequeño bote salvavidas fletado en su día por lo que quedaba de Unió Democràtica de Catalunya (UDC) tras la disolución de CiU, la histórica coalición electoral sobre la que se cimentó la hegemonía política del nacional-populismo pujolista en Catalunya a lo largo de tres décadas y media. Quizá recuerden a su líder histórico, Josep Antoni Duran i Lleida, hoy apartado de la política activa, un verdadero especialista en pactos, trapicheos y toda clase de enjuagues, parlamentarios o no, durante su larga carrera como embajador y negociador del pujolismo ante el Madrid oficial. UDC fue un partido democristiano minúsculo que parasitaba la coalición CiU, al punto que el periodista Miguel Ángel Aguilar llegó a decir de él que “esta generación morirá sin saber cuántos votos tiene UDC por sí misma”. Tal vez para darle la razón Units per Avançar, su sucesor, pactó la inclusión en un puesto seguro en la lista del PSC de su entonces flamante líder, Ramon Espadaler, antiguo consejero de interior del expresidente Artur Mas, en una coalición electoral para las elecciones autonómicas catalanas de 2017 que dejó boquiabiertos a muchos cuadros, militantes y votantes socialistas.

La Lliga Democràtica por su parte es un partido ubicado en la derecha profunda, inspirado en la antigua Lliga Catalana de Francesc Cambó, el político catalanista que acabó financiando la guerra del general Franco. En realidad, la Lliga de hoy es apenas un selecto grupo de amigos pertenecientes a la élite barcelonesa, carente de estructura y de existencia real como partido. Por definirla de algún modo, la Lliga representa lo más rancio y anticuado de la derecha local españolista con cierto glamour catalanista. En cuanto a sus líderes públicos actuales, Astrid Barrio carece por completo de experiencia política, no se le conoce trayectoria anterior en ese sentido; Josep Ramon Bosch, por el contrario, fue dirigente del PP en Catalunya y más tarde rostro público de la obscura Sociedad Civil Catalana, además de colaborador periodístico del diario de extrema derecha La Razón y de alguna publicación digital a la que se ha relacionado con la organización ultraderechista Plataforma Catalana.

En ese repertorio de imaginativas siglas de saldo que agrupan a algunos millonarios ociosos, el caso de Lliures merece atención especial. Al frente de Lliures figura Antoni Fernández Teixidó, antiguo dirigente trostkysta (“camarada Demian”, en la Liga Comunista de los años setenta), más tarde cabeza del CDS de Adolfo Suárez en Catalunya, posteriormente mano derecha y hombre de confianza en asuntos financieros de Jordi Pujol, y personaje en fin al que hace unos años se relacionó con quien en 2006 era el número tres de la mafia rusa y fuera detenido en Barcelona en una espectacular operación policial. Un titular de EL Periódico de Catalunya del 19 de septiembre de 2006 (2) rezaba textualmente: “La policía vincula al diputado de CiU Antoni Fernández Teixidó con la mafia rusa”. El señor Fernández Teixidó desapareció entonces del primer plano político, seguramente dedicado en cuerpo y alma a sus negocios y a crear empleo, hasta que el estallido de la vieja Convergència propició un posible hueco para sus ambiciones políticas, coincidentes al parecer con las propias de los sectores menos “soberanistas” del pujolismo.

La búsqueda de posibles socios con los que confeccionar una candidatura conjunta para unas elecciones es siempre una tarea compleja. En Catalunya y por razones obvias, puede resultar especialmente dificultosa. No parece sin embargo que cuando uno dirige un partido que lleva el socialismo en sus siglas, sus eventuales socios puedan ser grupúsculos de vividores de la política, millonarios sin escrúpulos y gente cuya experiencia política ha pasado previamente por la derecha pura y hasta por la extrema derecha.

Precisamente ahora, cuando al parecer el PSC puede recuperar una parte al menos del mucho terreno perdido durante años de decadencia política y electoral, el buscar aliados en la derecha y la extrema derecha solo puede volver a empujar hacia la abstención a su electorado natural, las clases trabajadoras y populares catalanas. No parece una política muy inteligente.

El momento político catalán (y español) invita a hacer exactamente lo contrario: a mirar hacia la izquierda, a recuperar músculo de izquierda ante un electorado harto de la gestión que las derechas nacionalistas catalanas (ERC y JuntsxCat) han hecho de la crisis generada por la pandemia. Hay que buscar alianzas a la izquierda con Comuns y otros grupos políticos, por supuesto, pero también con entidades sociales, organizaciones culturales, sindicatos y fuerzas que representan a la verdadera sociedad civil progresista del país. Urge por tanto dejar de perder el tiempo en cabildeos con figurones derechistas, y empezar a construir desde posiciones de izquierda un programa para un proyecto de país diferente que nos saque del pantanal en el que las derechas, todas, las de aquí y las de allí, han metido a Catalunya.

En resumen y una vez más: es la izquierda, estúpido.

(1) “El PSC explora una alianza con Units, Lliga Democràtica y Lliures para el 14-F”, El Periódico de Catalunya, 30 de octubre de 2020. https://www.elperiodico.com/es/politica/20201030/psc-units-lliga-democratica-lliures-explora-alianzas-8182360

(2) La policía vincula al diputado de CiU Antoni Fernández Teixidó con la mafia rusa. El Periódico de Catalunya, 19 de septiembre de 2006. https://www.elperiodico.com/es/politica/20060919/policia-vincula-diputado-ciu-antoni-5392605

 

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).