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EL PERIÓDICO
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Y a pesar de todo, LA NAVIDAD


Recientemente he tenido ocasión de leer en las redes sociales de mi localidad, un relato breve colgado por una convecina, que me ha conmovido poderosamente. A veces, las cosas más simples son las más entrañables.

En el relato nos cuenta que sus vecinos de enfrente han colocado una pequeña estrella de Belén en el balcón. La ve encender cuando atardece desde el sofá mientras lee, desde su cama al acostarse, o haciéndole compañía en las noches de insomnio a través de la ventana.

Nos relata que la estrella es pequeña (acompaña su fotografía) y ciertamente lo es, se la observa muy mermada y apena destaca por su modestia, pero para ella se ha convertido en un símbolo al que dice rezar “por la paz del mundo, por la salud de familiares y allegados…”, una fijación tierna y que la transporta a mundo imaginarios, donde todo es posible lograr, si se pone fe e ilusión.

En tiempos de Pandemia, cuando al ritmo del Resistiré se salía a ventanas y balcones para aplaudir al personal sanitario, que tanto esfuerzo tuvo que aportar para sacar a delante a las oleadas de contagiados que llegaban a los hospitales masivamente con la terrible enfermedad, entonces tan desconocida en sus síntomas como en sus consecuencia, pudo poner cara a quienes prácticamente año tras año colgaba aquella estrella.

Con la distancia suficiente para no poder oírse entre sí por la anchura de la calle, dejó para sus adentro el grito colgado en su garganta “no dejéis de poner la estrella este año”, aunque lo hacían de manera habitual, no así todos los años. Con el recuerdo de familiares y vecinos enfermos, se consolaba pensando que aquella diminuta estrella les protegería, pudiendo acudir a ella si fuera necesario.

Parece un magnifico cuento de Navidad, pero se trata de una historia cotidiana, de temores reales y sueños posibles, donde mi entrañable vecina dice ufana “yo tengo una estrella”, la suya, a la que acudir para disipar miedos e implorar favores. ¡No es conmovedor!.

Ahora yo me imagino a esta vecina a la que no conozco de nada, mirando por su balcón a la estrella nuevamente instalada en la casa de enfrente, pidiendo por la responsabilidad de sus convecinos, para evitar esa posible terrible tercera ola que se nos anuncia tras las fiestas navideñas, y configuro una imagen donde, desde mi ventana puedo observar a una persona mirando a través de la suya, hacia un balcón con una estrella, que nos ilumina a ambas, que nos conforta con su luz cuando está encendida y nos deja en la intriga si alguna noche queda apagada ¿pasará algo? ¿estarán enfermos o simplemente se han olvidado de iluminarla?.

Que curiosas maquinaciones tiene la mente, que a través de una idea, un relato, un comentario…nos puede hacer crear todo un universo en sí mismo, transportarnos a otros mundos paralelos, donde todo es posible.

Aunque la Navidad está vinculada al nacimiento de Jesús para los creyentes, con sus belenes, árboles llenos de colores y luz, para muchos no creyentes, no deja de ser unas fechas alegres y bulliciosas, llenas de encanto, encuentros fraternales, intercambio de regalos y reuniones familiares. Debo confesar que a mí me encantan.

Los días en Diciembre son cortos, (por Santa Lucia mengua la noche y crece el día) la melancolía nos invade al conectarnos menos horas con la luz solar, y al llegar estas fechas, las calles, los establecimientos, las casas se inundan de luz, (artificial pero luz al final y al cabo) de colores que se encienden y apagan, echándonos a la calle para verlas, para prologar los días, para renacer en ilusiones y esperanzas.

No suelo pasear en estas fechas por la noches, el frio me inhibe sobremanera, pero cuando me animo y lo hago, al recorrer las calles de mi pequeña localidad, observo como por las decoraciones exteriores, mis convecinos han dejado volar su imaginación, unos modestamente y otros de forma más ostentosa, haciéndome sentir acompañada, sabiendo que esta comunidad está compartiendo momentos de expectación, pero también de ilusión.

Este año, aunque terrible en costes de vida, aislamientos y anómalo en sí mismo, llegó cargado de incertidumbre por el terrible virus, pero esto no impedirá, que cada quien como mejor pueda, dará paso a las tiernas Navidades y el fin de ciclo anual.

No podremos despedir el año como solíamos, en reuniones concurridas, confetis y música por doquier, pero a pesar de todo, no dejará de existir (aunque mermado) esos entusiasmados festines de Nochebuena, Nochevieja, con sus ritos y liturgias particulares, para cerrar un ciclo aciago, y comenzar otro mucho más prometedor, porque a pesar de todos los pesares, no dejará de haber en infinidad de hogares, nuevamente una “DULCE NAVIDAD”.

¡FELICES FIESTAS!.

Secretaria Memoria Histórica y Mayores. Agrupación Socialista Rivas Vaciamadrid.