Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La radio, una ventana cultural y un bálsamo para solitarios e insomnes


En estos tiempos de mayor confinamiento domestico, vuelve a recuperar la radio un protagonismo que, a decir verdad, nunca ha perdido por completo. Pero ahora se ha convertido en la continua compañía de quienes están solos y en general de cuantos pasamos muchas horas del día recluidos en casa, esperando una tregua más estable de la pandemia que nos asola.

Como en la llamada noche de los transistores, la del 23F de hace ya tres décadas, la radio está cumpliendo con una misión impagable. Sin su entretenimiento e información el inevitable miedo que nos ronda sería mucho mayor, porque no contaría con este bálsamo las veinticuatro horas del día y de las interminables noches de insomnio.

Cuando uno evoca su infancia con unos cuantos años en la mochila vital, recuerda cosas tales como la mesa camilla y la lumbre que debías atizar porque las cocinas eran de carbón. Todos los cuartos de la casa estaban presididos por una radio que andaba encendida casi todo el día. En realidad era un miembro más de la familia. El que más hablaba y sabía. Hasta ciertos anuncios acompañaban gratamente tu infancia con su pegadiza melodía, pese a que ahora podrían verse censurados por contener expresiones consideradas políticamente incorrectas.

Al enfermar siendo niño y tener que guardar cama durante un par de días, tocaba forrarse a leer los tebeos que se cambiaban en la esquina y escuchar la omnipresente radio. Algunos de nuestros padres habían hecho cursos por correspondencia y sabían arreglarlas e incluso construirlas. Los aparatos de radio eran muy grandes y estaban llenos de lámparas, cada una de las cuales tenía una identificación sólo apta para los especialistas. Aprender a distinguirlas era todo un desafío.

En el salón de cada casa solía haber una preciosa radiogramola. Se la recuerda como una lámpara de Aladino. Allí se oían las primeras historias y escuchabas los primeros discos. Era una suerte de caja mágica. Cuando llegó la televisión, la radio seguía teniendo su audiencia, sobre todo a ciertas horas. Luego vinieron los transistores con su portabilidad, y ahora los portátiles nos permiten sintonizar cualquier emisora e incluso escuchar los programas en diferido, por si no te convencen las emisiones en directo.

Hay voces que nos han acompañado buena parte de nuestras vidas, porque han consagrado a este medio un gran tramo de sus dilatadas trayectorias profesionales. Cabria citar nombres indiscutibles, cuya voz nos ha sido tan familiar como la de nuestros mejores amistades, pero cada cual podrá evocar aquellas que más le complazca recordar. En realidad, cuesta concebir un mundo sin radio. Es difícil que no llegue a todas partes y ahora nos acompaña pese a que crucemos fronteras.

Hasta el cine le ha rendido algún homenaje. Ahí están las Historias de la radio y los Días de radio. Hubo programas que suscitaban solidaridad y asociaban ese gesto con la sinfonía incompleta del Nuevo mundo. Las lacrimógenas radionovelas llenaban muchas tardes para las entonces muy abundante amas de casa cuya profesión oficial eran “sus labores”. Cuando llegó la transición, la radio demostró que también podía servir para informarse, sin conectar con la censura del momento.

Mientras estudiabas o trabajabas, podías poner un programa de música, sintonizando por ejemplo Radio Clásica. No faltan programas de interés en la radio pública y en otras cadenas privadas que cosechan una notable audiencia, manteniendo programas legendarios durante décadas.

Por las noches, los insomnes acaban conciliando el sueño arrullados por una de sus voces favoritas. No hay mejor paliativo para la soledad que sintonizar un programa de radio. Es un servicio público impagable, donde también damos con programas de divulgación científica o histórica, además de poder escuchar versiones radiofónicas de libros y documentales, por no hablar de los diferentes universos musicales.

Una misión fundamental de la radio es transmitir cultura y esta es imprescindible para nuestra salud mental, como ha reivindicado Riccardo Muti en el Concierto de Año Nuevo, cuya celebración a pesar de los pesares hay que aplaudir. El ser humano es un animal simbólico y no puede verse privado de los bienes culturales que también pueden proporcionarle un mejor acceso a un mínimo e igualmente imprescindible bienestar material.

En los tiempos ya no suele ser un miembro más de la familia, sino que a veces constituye la única compañía estable a cualquier hora del día. También hay lugares, donde no llegan las líneas telefónicas ni la cobertura de los móviles, en donde la radio emite mensajes para los miembros de la comunidad.

Los contertulios -que no tertulianos- radiofónicos convocados para comentar temas de actualidad no son corrientes en otros países. Cuando son buenos, pueden dar mucho juego, sobre todo ahora que ya no acostumbramos a cultivar el arte de la conversación y la tertulia, por lo que merece pena dedicar algún tiempo a escuchar esos intercambios de impresiones.

El medio radiofónico tiene una ventaja. Se presta mucho menos que la televisión a emitir programas de relleno como reality shows u otras cosas por el estilo. Además ahora las nuevas tecnologías permiten emisiones duales y los oyentes pueden escoger entre dos programas en directo, según sea más aficionado por ejemplo al deporte o a los informativos. Nuestra radio pública cuenta con cinco cadenas y una programación de calidad que suele sortear los avatares políticos, aunque siempre haya lugar para excepciones que confirman la regla.

La radio va cumpliendo años y sabe adaptarse a los cambios tecnológicos. También sigue reclutando profesionales con una gran vocación y programando emisiones multifacéticas de interés muy plural. En realidad, todos los días, y no uno sólo, son el día de la radio para mucha gente. Más de la que uno pudiera dar en pensar. En circunstancias como las presentes queda todavía más claro. Por añadidura es gratuita.

Profesor de Investigación IFS-CSIC (GI TcP). Historiador de las ideas morales y políticas. Proyectos BIFISO (PIE-CSIC-CIV19-027), ON-TRUST CM (H2019-HUM5699), PAIDESOC (FFI2017-82535) y PRECARiTYLAB (PID2019-105803GB-I0), Instituto de Filosofía (IFS-CSIC).

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider