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EL PERIÓDICO
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Tras el folio en blanco, el deseo de Reyes


¿Cómo abordar el sentimiento de vacío al enfrentarse al folio en blanco?. Sentarse al ordenador, buscar inspiración, quizás en algún tema de actualidad, de recuerdos, de sensaciones…

Hay un buen amigo que no sé por qué extraña razón, espera mi colaboración en forma de artículos. Algún día deberá explicarme su aceptación, que a mí me resulta todo un misterio, pues no veo en mi trabajo virtud alguna. Raramente quedo satisfecha con mis trabajos, releo, cambio denominaciones, procuro mejorar el lenguaje, busco sinónimos, quedando la mayor parte de las veces, extenuada a la finalización de los mismos.

Hay veces que éstos aparecen de forma espontánea, rápidos pero también fugaces; debo ponerme con prontitud a materializarlos, pues la mente se pone inexplicablemente activa, veloz y cargada de palabras, frases, párrafos y apenas tengo tiempo para reflejar tantas ideas, tantos razonamientos y contenidos.

Otras en cambio, surgen a partir de un motivo, idea o palabra. Poco a poco me voy documentando, le voy dando forma y concluyo, siendo incluso agradable su elaboración y resultado, aunque he de reconocer que son la minoría.

Cuando me retraso en su elaboración, se me reclama aportaciones y en algunas ocasiones, he de enfrentarme al temido papel en blanco, ¿Qué decir?, ¿Cómo elegir el tema a abordar? ¿Cual deberá ser el enfoque a seguir?. ¿Quizás más personal e íntimo, o de elaboración más reflexiva y social?, ¿la combinación de ambos tal vez?...

Dudas, dudas y más dudas, que según acerco mis dedos al teclado se van disipando, como si al contacto con las teclas, las manos fueran adquiriendo vida propia, desplazándose por las letras hasta formar palabras, para con éstas ir construyendo frases, generando así ideas que se engarzan unas con otras hasta lograr algo legible, ordenado y de redacción razonablemente conexa.

Hoy imaginados lectores, quiero contaros, algo que últimamente me tiene muy desasosegada, pues no tengo una respuesta única y válida a la zozobra interior que mantengo. Se trata de la ausencia de electricidad en el poblado chabolista de la Cañada, que tan cerca y a la vez lejos de nuestra realidad cotidiana, se encuentra de mi localidad, Rivas-Vaciamadrid.

Aunque conocía sobradamente el hecho, por haber sido tratado políticamente en la reuniones del partido, fue la lectura de un artículo en prensa, cuyo titular decía “Nochevieja en la Cañada Real: “sin luz pierdes las ganas de todo porque el frio paraliza”, lo que me conmovió en estas fechas tan propicias para la melancolía y el deseo de hermanamiento.

Así llevan tres meses los residentes en este asentamiento irregular de calles embarradas, donde conviven grandes y principales viviendas (misterios de la vida) con chabolas levantadas irregularmente, y unidas entre sí de cualquier manera.

Igualmente sus habitantes son todo un mosaico multicultural de orígenes y costumbres. En tanto existen familias españolas que celebran como puedan estas Fiestas Navideñas, a otras en cambio de origen magrebí, estas fechas no les dirán nada, sirviendo únicamente para el entretenimiento de sus jóvenes y niños, cuando pasada la media noche del día 31 de diciembre, vean lanzarse cohetes y bengalas en sus alrededores, para festejar la entrada del Nuevo Año.

La noticia nos va adentrando en el problema, al vincularlo con el excesivo consumo eléctrico que ocasionan las plantaciones interiores de marihuana que en ella se establecen, en la zona perteneciente al distrito de Villa de Vallecas, y se prolonga durante seis kilómetros en esta zona.

Y es ahí donde me debato, entre la necesidad de ver desmantelarse una zona creada entre las hojalatas de aquellos que nada tienen, y los ladrillo de buena factura, donde los aprovechados levantaron sus viviendas, en tierra comunal y al margen de permisos, tributos y tasas municipales.

En mi volvió el recuerdo de aquel terrible frio de mi niñez, debajo de un humilde techo de una pequeña vivienda, en una corrala de un barrio de Madrid, calentada escasamente al calor de un hogar de carbón, iluminada con unas mortecinas bombillas que de tanto en tanto dejaban de ejercer su cometido, por los continuos cortes de luz que en esos años se producían, en aquella España de miseria y estrecheces. Y donde aquellos dolorosos sabañones, formaban parte de nuestra cruenta realidad cotidiana.

Hoy en otro ambiente y con otras comodidades, no puedo permanecer al margen de esa misma realidad transportada en el tiempo para otros convecinos. El duelo entre cerebro y el corazón, o lo que es igual la razón y los sentimientos.

Ciertamente este 2020 que hemos concluido, ha sido un año de mucho dolor, dudas y dolorosas ausencias, que espero vaya siendo sobrepasado por un esperanzador 2021 para toda la población, y que de forma especial para los habitantes de la Cañada, vaya acompañado del inicio del cumplimiento del pacto firmado por todas las fuerzas políticas de la Comunidad de Madrid en 2017, procediéndose a desmantelar esta mini ciudad alegal, realojando a los 2.900 vecinos y vecinas del asentamiento, conocido como sector seis.

Ese si sería un maravilloso regalo de Reyes.

Secretaria Memoria Histórica y Mayores. Agrupación Socialista Rivas Vaciamadrid.