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La izquierda al ataque. Escenarios de gobiernos posibles para Catalunya tras las elecciones autonómicas del 14-F


La irrupción de Salvador Illa como cabeza de lista del PSC en las elecciones catalanas de febrero próximo ha alterado radicalmente la previsión de posibles escenarios resultantes de esos comicios, diversificando las opciones de formación de Govern para la siguiente legislatura autonómica catalana. En Catalunya nadie recordaba algo así desde hace mucho tiempo.

Por primera vez en muchos años cabe incluso la posibilidad de que los socialistas catalanes ganen las elecciones autonómicas o hagan un muy buen papel en ellas, tras haber cedido terreno de modo ininterrumpido desde la conclusión del segundo Tripartito.

Hasta la designación de Illa como candidato parecía claro que la victoria independentista estaba fuera de dudas, una vez más. La única incógnita residía en saber si ERC y JuntsxCat gobernarían de nuevo juntos en pie de igualdad, o si una de las dos fuerzas tendría preponderancia sobre la otra en razón de haber conseguido un número de escaños claramente mayor.

En todo caso, la suma de la representación en escaños que obtendrían los independentistas seguiría siendo superior a la de los partidos no independentistas. El Govern catalán constituido sobre esa base continuaría siendo minoritario en voto popular.

La situación política catalana permanecería por tanto sin perspectivas de cambio, bloqueada cuatro años más.

Ocurre ahora, sin embargo, que el resultado que arroje el 14 de febrero puede ser otro muy distinto. Las encuestas reservadas que manejan los estrategas del PSOE sitúan al PSC con Salvador Illa como candidato en los 30 escaños y aún más, lo que probablemente convertiría a los socialistas catalanes en la segunda fuerza del Parlament, y en caso de llegar a los 33 ó 34 escaños, en la primera.

Se abrirían así nuevos posibles escenarios, en función de las combinaciones que pudieran negociar los socialistas con otros partidos. Descartado de entrada un nuevo Tripartito, tras la desgraciada experiencia de los Governs encabezados en su día por Maragall y Montilla, esas combinaciones posibles son básicamente dos:

1. En el caso de ERC como partido ganador de las elecciones y el PSC segundo o tercero, un Govern de coalición entre ERC y Comuns con apoyo parlamentario del PSC.

2. En el caso de que fuera el PSC el partido ganador, un Govern de coalición entre socialistas y Comuns, con apoyo parlamentario de ERC, si ésta fuera segunda o tercera fuerza.

Ciertamente, y en cualquiera de las dos opciones, el coste político para ERC sería alto, ya que mientras durara ese gobierno sufriría el ataque permanente e inmisericorde del resto de fuerzas independentistas. El premio para ERC sería conseguir desembarazarse para siempre del abrazo del oso de JuntsxCat, es decir de los nacional-populistas postpujolistas.

Los socialistas por su parte serían duramente atacados por los partidos de la derecha españolista (PP, Cs, Vox), pero tendrían muchas opciones para rentabilizar la operación en provecho propio, además de romper definitivamente el frente independentista y de obligar a ERC a jugar en el campo de la gestión gubernamental, lejos por tanto de aventuras secesionistas. Comuns, socio minoritario, acabaría diluyéndose entre el PSC y ERC, aunque a la corta dirigentes y cuadros de esta formación lograrían tocar poder.

En el segundo escenario, un Govern minoritario entre PSC y Comuns sería muy difícil de gestionar y tendría un alto coste para los socialistas, que en este caso seguramente habrían de pactar con ERC algún tipo de referéndum de autodeterminación a la quebequesa (es decir, reconocedor de soberanía popular en este asunto, pero no vinculado a la independencia directa), lo que sería presentado como un éxito propio por los republicanos independentistas.

Sin embargo, si ese Govern sobreviviera a la legislatura y al referéndum cabría considerar finiquitado por mucho tiempo al movimiento independentista catalán, de modo semejante a como el problema del secesionismo quebequés se ha desactivado en Canadá en la última década.

Comuns terminaría fagocitado por el PSC, aunque una parte de sus dirigentes optarían por incorporarse a partidos independentistas.

Para llegar a cualquiera de los dos escenarios planteados, tendrían que darse antes algunas condiciones sine qua non:

- Las elecciones deberían llegar a celebrarse el 14 de febrero (la tentación de suspenderlas con la excusa del COVID es muy grande para una parte del actual Govern de la Generalitat).

- Los políticos presos independentistas deberían estar fuera de la cárcel (y fuera de la política: todos sin excepción).

- Salvador Illa (es decir, Pedro Sánchez) debería tener las manos libres para hacer y deshacer en el PSC.

- ERC debería dejar de ser la opción política que moja los pantalones cada vez que tiene el poder al alcance de la mano, y que permite al pujolismo (antiguo o neo) arrebatarle una y otra vez el triunfo posible.

- Comuns debería aceptar que es una fuerza política con presente, pero sin futuro.

Otras opciones de gobiernos en coalición no son viables, y además su mero enunciado es un puro disparate. Por ejemplo, esa figura retórica que las derechas españolistas llaman un “gobierno catalán constitucionalista”, cuyos apoyos deberían abarcar desde Vox a los Comuns y aun así muy difícilmente tendría mayoría en escaños. O un gobierno de izquierdas (PSC y Comuns) con apoyo parlamentario de las derechas españolistas. Fórmulas ambas inviables de raíz, sin posibilidad alguna de salir adelante.

En resumen, la ocasión la pintan calva para las izquierdas catalanas. Pero hacen falta redaños y actuar con cierto descaro, si quieren atraparla. El bien superior a alcanzar, la desactivación definitiva del procesismo por muchos años, merece el esfuerzo.

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).