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Catalunya necesita un Gobierno


Salvador Illa en una imagen de archivo. Salvador Illa en una imagen de archivo.

Las elecciones del 14 de febrero no son unos comicios más de los muchos que se han celebrado en la última década en Catalunya. Hay hartazgo, hay cansancio y, sobre todo, hay necesidad imperiosa de dar un giro a la política catalana. Hay necesidad de cambio y ese cambio tiene nombre y apellidos, el de Salvador Illa Roca.

El ex ministro, hombre cabal y mesurado, es la encarnación del “seny” catalán frente a la “rauxa” que impera en el mundo independentista. La “rauxa”, que podríamos traducir por “arrebato” y que encontramos en todo el relato del “procés”, se contrapone a la sensatez del candidato socialista. Un relato, el independentista, que se inició en tiempos revueltos, en tiempos de crisis económica y social, que se alimentó de mentiras y falsas promesas, del señalamiento de Madrid como icono de centralismo y que apeló a una tierra prometida con mediocres como salvadores de la patria catalana. Todo muy épico, todo muy falaz.

El tiempo ha ido pasando y el relato ha ido languideciendo. La realidad es tozuda, dicen, y a veces ocurre que los hechos se imponen a las promesas, sobre todo cuando estas no son más que quimeras. Tras la crisis económica mundial, cuando apenas empezábamos a recuperarnos, una terrible pandemia vino a arrasar con todo y está costando miles de vidas. El Estado del Bienestar que todo lo sustenta se tambaleó allí donde no estaba bien sujeto. Y en la Catalunya de las promesas de independencia y postres para todos, se puso en evidencia que tantos años de recortes en sanidad, en educación, en dependencia, tanto ansia privatizadora, acaba pasando factura. La gestión de la pandemia ha sido allí, como en Madrid y por lo general en los territorios donde la derecha ha campado a sus anchas, terrorífica y con consecuencias devastadoras.

Solo Illa y el PSC tienen una hoja de ruta clara para revertir todo el daño que ha hecho la última década de monotema y de carencia de Gobierno. Porque esa es la realidad. El independentismo no solo se ha dedicado a encandilar con gesticulaciones y cantos de sirenas sino que su principal característica al frente del Govern ha sido precisamente la falta de acción legislativa y ejecutiva ¿Para qué impulsar leyes si el rédito electoral parecía residir exclusivamente en el victimismo y en la esperanza depositada en un país nuevo en el que se atarían los perros con longaniza? El mientras tanto no ha interesado para nada al Govern, que ha dejado de la mano de dios a la ciudadanía, abandonada a su suerte. Pero ese entretanto son las vidas reales de los siete millones y medio de catalanes y catalanas que poblamos ese territorio. Unas vidas que la pandemia ha tambaleado de manera que ni sospechábamos hace solo un año.

Decía una canción del grupo Pata Negra que “pasa la vida y yo camino indiferente, donde me quieran llevar”. Muchos catalanes - menos de la mitad, no creamos que todos, ni por asomo - se han dejado llevar, en ocasiones cándidamente, hacia donde la deriva independentista les ha querido conducir, esto es, hacia una encrucijada de difícil salida y con una factura muy elevada en forma de renuncias y retrocesos. Demasiadas renuncias y demasiados retrocesos, demasiada pérdida de prestigio y reconocimiento internacional y un exagerado coste de oportunidades, de trenes que difícilmente volverán a pasar, como ocurrió con la sede de la Agencia Europea del Medicamento y con tantas otras inversiones y apuestas de futuro que se esfumaron.

La buena noticia es que no todo está perdido. No lo está si definitivamente damos un giro a los acontecimientos, si apostamos por un cambio radical. Para que eso ocurra, es necesario confiar en quien tiene un proyecto para Catalunya y tiene, además, experiencia de gestión y ganas de volver a colocarla en la rampa de salida de las oportunidades. El futuro está ahí y cuando pasen los terribles vientos de la pandemia volverá a salir el sol. Que no nos pille mirando a las nubes, sino trabajando. Porque esto va de arrimar el hombro, de gobernar y de hacerlo para todo el mundo. Y eso solo lo garantiza Salvador Illa.

Diputada en el Congreso. Portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en la Comisión de Evaluación y Seguimiento del Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

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