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El Sol en la Tierra, ¿en Asia antes?


Las estrellas, incluido el Sol, obtienen su energía fusionando átomos de hidrógeno a grandes temperaturas. Desde hace un siglo la Humanidad tiene consciencia científica de ello, y en la medida en que el hidrógeno es muy abundante en la Tierra, podría ser una fuente de energía ilimitada. La fusión de tan sólo cinco gramos de materia produce tanta energía como la combustión de 60 toneladas de carbón de la mejor calidad.

En 1990 la OIEA (Organización Internacional de la Energía Atómica) ya indicaba que la fusión nuclear podía ser “tecnológicamente viable y aceptable desde el punto de vista económico, de seguridad y del medio ambiente”.

Se espera que el ITER, un reactor experimental, esté terminado en 2025 y que sea capaz de producir 500 MW en 500 segundos a partir de un gramo de tritio

Pero las enormes dificultades técnicas que implica reproducir de forma segura este fenómeno en la Tierra han retrasado durante décadas la posibilidad práctica de que la fusión nuclear se convirtiera en una fuente de energía viable. Se necesita alcanzar temperaturas de millones de grados centígrados para generar plasma de hidrogeno y así vencer la fuerza de repulsión mutua entre los protones de los núcleos de los isótopos de hidrógeno que se utilizan en la fusión.

En 1950, dos científicos soviéticos diseñaron una maquina experimental capaz de soportar ese calor. Lo llamaron Tokamak, acrónimo ruso de “cámara toroide con espirales magnéticas“. En 1951, en EE UU se construyó el ‘Stellarator’ con una tecnología diferente, aunque ha sido menos desarrollada, por lo que en la actualidad todos los reactores de fusión son de tipo ‘tokamak’.

Hasta hace unas semanas, el mayor reactor de fusión nuclear era el JET europeo, operativo desde 1983 en el Reino Unido. En 1997 consiguió generar 16 MW de energía pero no de forma comercial, ya que el coste energético fue superior a la energía generada, debido a las altísimas temperaturas que es necesario alcanzar.

Los científicos occidentales desde hace décadas vienen prometiendo que en poco tiempo será posible producir energía eléctrica barata a partir de la fusión nuclear, pero llevamos ya setenta años de investigación desde los avances soviéticos de los cincuenta.

Debido al enorme esfuerzo científico y financiero que requiere la fusión nuclear, en 1986 la Unión Europea (UE), Japón, EE UU y la URSS acordaron la coordinación de sus programas de investigación. Finalmente, en 2006 estos países, junto con India, Corea del Sur y China, aprobaron iniciar la construcción en Francia del ITER (Reactor Termonuclear Experimental Internacional) con un coste inicial de unos 24.000 millones de euros. Se espera que el ITER, un reactor experimental, esté terminado en 2025 y que sea capaz de producir 500 MW en 500 segundos a partir de un gramo de tritio. Los planes son que para 2038 esté terminado el reactor DEMO que produciría 2GW de electricidad de forma continua. Y finalmente en 2050 se lograría un reactor comercial de fusión.

Paralelamente, en EE UU el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y la empresa CFS están desarrollando el proyecto SPARC, un reactor experimental que estaría operativo en 2025 con una potencia de 100 MW. Asimismo, el Reino Unido prevé poder construir en 2040 un reactor de fusión que pueda conectarse a la red de distribución de electricidad.

Y en esto llegó Asia

Hace dos meses el gobierno chino puso en funcionamiento en Chengdu el reactor experimental de fusión HL-2M Tokamak. A la vez anunció que en 2021 se iniciará la construcción de un reactor de fusión (CFETR), similar al DEMO, que en la primera fase (2030) tendrá una potencia de 200 MW. En la segunda fase, que se espera alcanzar en 2050, la potencia de generación de electricidad alcanzaría 1GW.

También a finales de 2020 Corea del Sur logró que el equipo de fusión KSTAR generará plasma de hidrógeno al mantener una temperatura de 100 millones Cº durante veinte segundos.

¿Qué será lo siguiente?

Economista. Adjunto a la Secretaria General de CCOO.