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EL PERIÓDICO
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El vicepresidente del país antidemocrático


Pablo Iglesias en una imagen de archivo. Pablo Iglesias en una imagen de archivo.

Es indudable que vivimos tiempos turbios [políticamente hablando]; tiempos en los que el Covid-19 ha puesto de relieve la ineficacia de no sólo nuestro sistema sanitario, sino el de todos los países del planeta, y la clara desigualdad social, ergo económica presente en nuestro país [así como en tantos otros]. Pero la pandemia por Coronavirus no es el único agente que muestra estas desigualdades e injusticias de las que somos víctimas las y los obreros y estudiantes. Y es que, en los últimos años, nuestra democracia se ha visto comprometida, enferma. Ahora, agoniza.

Cabe suponer que esto se debe a la aparición de la extrema derecha. En cierto modo, esto es verdad, pero ese no es el único exponente ni, como ya se ha dicho, el Covid-19. En España vivimos un conflicto político de tal magnitud, que hasta una mayoría social de la ciudadanía del país alega no estar satisfecha con los diferentes gobiernos que hay o hubieron, e incluso, que no votarán, o que llevan años sin hacerlo. Este sentimiento es cada día mayor, y más aún entre los jóvenes. Lo cierto es que es comprensible, porque ¿quién va a estar satisfecho con los políticos de nuestro país, cuando la mayoría de ellos no son más que lacayos de su propio egoísmo?

Con esto último, me refiero a lo siguiente: Está bien claro que los políticos [da igual de qué partido sean] obran en base a lo que más le conviene al partido al que pertenecen y, por supuesto, a sus bolsillos. ¿Cómo, si no, puede explicarse que el vicepresidente segundo de España, repito, el vicepresidente segundo de España, diga que "No hay una situación de plena normalidad política y democrática en España"? ¿Es lógico y, más aún, coherente, que alguien como el señor Pablo Iglesias diga algo semejante, siendo un miembro del Gobierno? Espero se den cuenta de la hipocresía de estas palabras. Más que hipocresía, cinismo. Pablo Iglesias afirma que la democracia española no es plena. Esto significa dos cosas: O bien su mente vive en un mundo paralelo en el que él es parte de la oposición, y no del Gobierno, o bien es una artimaña electoral.

El día 14 de Febrero de este año se celebrarán las elecciones autonómicas en Cataluña. Casi cuatro años después del referéndum ilegal y anticonstitucional celebrado el 1-O, y con más de diez políticos juzgados y encarcelados; después de la llegada y el auge de la extrema derecha en España y la subsiguiente radicalización del nacionalismo catalán [que no es más que una reacción al nacionalismo español], aparece Pablo Iglesias una semana antes de las elecciones, y dice que en España no "hay normalidad Democrática" porque, según él, hay presos políticos.

Este es sólo un ejemplo del nivel de nuestros líderes. A Pablo Iglesias le dan igual el señor Junqueras o la señora Forcadell. A Iglesias le importan los escaños que puedan ocupar los suyos en la segunda comunidad autónoma más poblada de España. Podría hablar de más "perlitas" que los políticos sueltan todos los días, pero me demoraría demasiado.

Cabe añadir que estoy de acuerdo en eso que dice el vicepresidente segundo de que "no hay una situación de plena normalidad política y democrática en España". Pero esto no se debe, señor Iglesias, al hecho de que varios cargos públicos, en su condición como tal, hayan decidido saltarse los valores de nuestra Constitución, enfrentándose así a varios delitos, y siendo finalmente encarcelados. No. No son presos políticos, porque no están en la cárcel por sus ideas, a diferencia del líder de la oposición rusa y fundador de la Fundación Anticorrupción [dedicada a acabar con la corrupción en Rusia], Alekséi Navalny, detenido el pasado 2 de Febrero y envenenado en 2020 por el régimen de Putin. Junqueras y compañía están en la cárcel por incumplir la ley, al declarar unilateralmente la independencia de Cataluña. Resulta curioso, por otro lado, que en el momento en el que El ministro de asuntos Exteriores ruso diga que España no es una democracia plena, aparezca Pablo Iglesias diciendo que, efectivamente, no lo es. Señoras, señores, de entre los dos países, el único que tiene presos políticos es Rusia.

¿Es de extrañar que con un vicepresidente como Iglesias, que hace de oposición y miembro del Gobierno en coalición al mismo tiempo y alega no vivir en un Estado democrático; que el extesorero del PP confiese que el partido en cuestión lleve 28 años financiándose ilegalmente; que no se cumplan las expectativas que prometía el Gobierno "más Progresista de la historia", la ciudadanía participe cada vez menos en política y, además, sientan rechazo hacia esta?

Retomando la cuestión anterior, es cierto que España no es una Democracia. Por supuesto que no. No es una democracia Popular o una democracia socialista, es decir, una dictadura del proletariado. España es una democracia liberal, y como tal, es cierto que contiene errores que, por supuesto hay que enmendar [como por ejemplo, prohibir que los partidos políticos sean quienes elijan a los jueces, saltándose así el mayor y más importante principio de la Democracia liberal: la separación de poderes].

Pero no se alarmen, esto tiene solución. Es tan simple como tener, de una vez por todas, políticos honestos que, en vez de jugar a dos bandas, como hace el señor Iglesias, su objetivo sea el llevar a cabo reformas y políticas que garanticen la igualdad social [que, como se ha dicho antes, se ha enfermado a causa de la pandemia del Covid-19], la total separación de poderes y lucha total contra la corrupción. Quizás, así, la población participe más en política y, por ende, en las elecciones.

Estudia actualmente Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad del País Vasco. Es militante del PSOE desde el 2018 y simpatizante de la corriente interna del partido, Izquierda Socialista. Además, es también autor de una antología de diez relatos cortos de terror y suspense, 'Tormento a Medianoche', publicada en la Editorial Círculo Rojo, en 2021.