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Burnout


El llamado síndrome de Burnout, que literalmente significa estar quemado, sin energía, consumido, etc., es aquel que se produce en el trabajo sobre todo en aquellas profesiones en las que es fundamental prestar ayuda a los demás (como personal sanitario, bomberos, profesores, etc.) y en aquellas que implican una gran responsabilidad (policías, jueces, etc.). Surge como consecuencia de afrontar de forma inadecuada el trabajo y las preocupaciones que se asocian a éste, lo que genera cansancio en el trabajador y pérdida de la motivación y del interés por el trabajo que desempeña.

Generalmente no hay tiempo para concentrarnos en nosotros mismos, es decir, en verbalizar con uno mismo, qué nos sucede, porqué hemos perdido la motivación en tantos aspectos. Cuando llega, ha llegado, sin embargo, queremos eludirlo porque a pesar de todo, sigue pesando el exceso de responsabilidad que para con nuestro trabajo tenemos. Podemos identificar este síndrome –ahora reconocido- en síntomas que van desde los físicos hasta los comportamentales en la persona que los padece.

Hasta no hace mucho, se llamaba depresión a casi todo lo que sucedía en las vidas de los individuos. Felizmente sabemos que esto, ya no es así. Sentir abandono a no disfrutar, la perdida de interés o la apatía, es decir, “la ausencia de afectividad y de emotividad además de falta de reacción e indiferencia” son los más comunes y no son depresión. (Larousse, 2003). Es obvio que la persona puede acabar en una fuerte depresión, en ansiedad y en potente tensión emocional, sino se logra hacerse con las riendas de la vida. No todos lo consiguen en estos días.

El síndrome del Burnout suele afectar negativamente a la resistencia del trabajador que lo padece, pues lo hace más susceptible al desgaste por empatía. Además favorece lo que se conoce como “Respuesta Silenciadora”, es decir, la incapacidad de atender correctamente las demandas de los clientes. No hay seguimiento humano, porque ahora el problema se transformará en rentabilidad.

Ahora, un hecho que está sucediendo entre el personal sanitario en general, pero que también puede sucederle al trabajador de una funeraria, es la traumatización vicaria que consiste en “La traumatización vicaria se refiere al efecto de reproducir en uno mismo los síntomas y sufrimientos de las víctimas que cualquier forma de violencia nos reporta al trabajar profesionalmente con ellas” (Arón A.M. y Llanos, M.T., 2004: 5).

Lo que sucede con la traumatización vicaria es que el trabajo con personas traumatizadas o la visión de un material que produce dolor, puede originar en el trabajador un cambio en sus esquemas cognitivos relacionados con sus expectativas, lo que piensan de sí mismos o sus creencias entre otros. Cuando un paciente le relata a su terapeuta un hecho traumático, las emociones que éste desprende van a ser interiorizadas por el terapeuta y, de manera consciente o no consciente, incorporadas a su memoria.

Se considera que la traumatización vicaria es una reacción normal ante el trabajo, pero a veces resulta tan estresante que puede llegar a ocasionar un trauma en la persona que lo padece. No debemos confundir el síndrome de estar quemado con traumatización vicaria. Son dos términos muy relacionados, aunque no son iguales. La gran diferencia entre ellos hace referencia a que el síndrome de estar quemado es un proceso, mientras que la traumatización vicaria es solo una situación puntual que se puede ir repitiendo a lo largo del tiempo, pero es una reacción ante ciertos acontecimientos, nunca un proceso.

Durante la traumatización vicaria no se llega a padecer el desgaste tan intenso que aparece en el síndrome de burnout, pero este desgaste, si se mantiene, puede ocasionar que la persona que lo padece deje de ser apta para el puesto de trabajo que desempeña. Es necesario que las personas que se dedican a prestarle su ayuda a los demás tengan una gran capacidad empática, pero a veces, ésta puede volverse en su contra haciendo que el profesional pueda experimentar una situación de estrés postraumático parecida a las de su cliente (Ruiz, M., 2007).

Es necesario que el profesional sepa detectar si padece traumatización vicaria para así poder solicitar ayuda de psicólogos o psiquiatras cuanto antes. Hoy día se empieza a hacer cada vez más habitual la incorporación de este tipo de profesionales (psicólogos y psiquiatras) a los departamentos de las profesiones que se dedican a ayudar a los demás como pueden ser policías, bomberos, sanitarios, informadores, investigadores, profesores…y un largo etcétera.


Últimamente parece que nada cuenta, salvo la cuestión hostelera y hotelera y no digo que no haya que apoyar esto, Dios me libre, digo que no es todo en la vida. Cuidar de la sociedad y de los que la integran es cosa de todos. Todo pasará y vendrá la vivificación como un proceso natural de la vida, casi un proceso bíblico y se restaurarán las cosas. Por ello, caer en el negativismo y en el pesimismo en este momento, no es lo más recomendable. Es el momento del amor, de la comprensión, del apoyo y del rescate de unos a otros. Lanzar piedras aquí y allá no vale de nada, pensar, sí. El veneno entra por las ideas, por las palabras, por los sentimientos. Culpabilizar al de al lado, también es fácil. Yo cuando algo se me escapa siempre digo: pues yo no sé si lo haría mejor. Pero yo siempre he sido naïf, aunque luchadora, por eso mismo, por idealista y creyente del ser humano. Por ello, recuerdo que el ser humano es lo más grande y mientras haya vida, aquí estamos para apoyar lo bueno, entre otras cosas, la esperanza y la libertad, protegiendo también a aquellos que trabajan para los demás y que están cansados de todo este tiempo y de tanta desobediencia y borriquez insolidaria de la gente para que otros se quemen gracias a los que no hacen las cosas bien. Hasta aquí quería llegar.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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