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EL PERIÓDICO
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La Crisis de la Participación Ciudadana en la Política


En los últimos años, la abstención en Occidente ha crecido exponencialmente. Más aún desde la crisis del 2008, que puso de relieve la vulnerabilidad del sistema hegemónico vigente: el neoliberal. El pasado 14 de Febrero del 2021, la ciudadanía legal Catalana fue llamada a las urnas. El resultado es cuanto menos preocupante, pues tan solo el 53% de la población ejerció su derecho a voto, dejando en evidencia la legitimidad de los resultados. En 2017 la participación fue de un 82%. Las preguntas que muchos nos hacemos, son las siguientes: ¿A qué se debe esto? Y ¿Cómo podemos solucionarlo?

Muchos achacan la baja participación ciudadana a la pandemia por Covid-19. Hablan de un miedo colectivo al virus como principal motivo de esta circunstancia. Y aunque es obvio que el temor al Coronavirus influye en esto, no es el agente principal de semejante grado de abstención. Lo cierto es que la sociedad está cansada de la ineficacia de las instituciones para saciar las necesidades de la población, así como de la inutilidad de los partidos políticos para formar coaliciones que garanticen el progreso de la sociedad y el bienestar de esta.

Pero no es sólo esto. Vivimos unos oscuros tiempos para la política. El desinterés por la política es cada vez mayor, sobretodo entre los jóvenes. Existe un rechazo hacia esta ciencia por parte de un elevado sector social que debe su causa a diferentes motivos: como ya se ha dicho, la ineficacia institucional y política, por un lado; y la alienación social, por otro. Con éste último término pretendo hacer referencia al estado en el que se encuentra parte de la población, completamente inmersa en sus propios asuntos, creyendo que éstos nada o poco tienen que ver con la política. El individualismo tiene parte de culpa. Son muchos quienes consideran que votar es perder el tiempo, y prefieren emplearlo en algo "más productivo", como tomar unas rabas en el bar [mucho mejor que ir a ejercer tu derecho a voto, qué duda cabe]. Vivimos en una sociedad individualista y alienada en el consumo, en el que los asuntos políticos son cuestiones a debatir en Twitter, por ejemplo, en vez de en agrupaciones y organizaciones que luchen por los derechos de los y las trabajadores de éste país, que son, al fin y al cabo, los más afectados en este escenario, digno de una distopía a lo George Orwell o Ray Bradbury.

El neoliberalismo ha borrado toda identidad ideológica y la ha sustituido por una amalgama de cuestiones inverosímiles para la mayoría de la población, como bien puede ser la ley trans, que lejos de solucionar problema alguno, pone encima de la mesa un debate absurdo e innecesario. Esto es un juego de desgaste: El sistema neoliberal [ergo capitalista] le concede el poder absoluto a las grandes corporaciones, para las cuales trabajan los políticos [aceptemos o no este hecho, es la realidad] y éstas eliminan las identidades ideológicas, mezclandolas todas entre sí para que ninguna sea lo suficientemente poderosa [socialmente hablando] como para poder hacer tambalear su hegemonía [la del neoliberalismo]. Esto conlleva a un hartazgo general y, posteriormente, desencadena una actitud política pasiva en la sociedad. Es así como nos encontramos ante un 49% de abstención.

Contrariamente a lo que pueda creerse, esto vulnera al sistema sobremanera. La inestabilidad político-social que vive occidente no es sólo un peligro para la población, sino para esa propia oligarquía que lo propicia. En otras palabras: se están condenando a sí mismos al pretender condenarnos a nosotros: los trabajadores y estudiantes. Pero el desenlace para la clase trabajadora puede ser catastrófico si no se hace algo, y pronto, pues las instituciones y demás agentes políticos están tan a merced de los intereses del capitalismo [y, por consiguiente, los suyos propios, pues recordemos que no son más que vástagos del sistema capitalista] que son incapaces de aliviar la agonía que la ciudadanía padece, aunque ésta no se de cuenta de ello, tal es su alienación [porque, si puedes tener un IPhone y miles de seguidores en RRSS, todo está bien].

En definitiva, urge que la ciudadanía tome conciencia de su situación penosa, para dejar atrás su alienación y alzarse [democráticamente, por supuesto] contra este sistema tan injusto y ambiguo, que los explota y engaña como a niños, sobornándoles con migajas de pan. Los partidos políticos deben dejar atrás sus fines partidistas y obrar de la mejor manera para que la sociedad progrese de forma justa, rompiendo todas sus relaciones con las oligarquías financieras que los someten a sus intereses. Por otra parte, se debe estimular a la población para participar activamente en política, mediante la formación y la concienciación.

De este modo, tal vez, pueda retrasarse el cataclismo al que nos arrastra el neoliberalismo como si de una fuerte corriente de aguas torrenciales se tratara.

Estudia actualmente Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad del País Vasco. Es militante del PSOE desde el 2018 y simpatizante de la corriente interna del partido, Izquierda Socialista. Además, es también autor de una antología de diez relatos cortos de terror y suspense, 'Tormento a Medianoche', publicada en la Editorial Círculo Rojo, en 2021.