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EL PERIÓDICO
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Se nos ofreció y accedimos


Alguien podría creer que hay frases que resumen una época y la historia de un reinado. Expresado en plural mayestático, conjuga toda una vida sexual y económica. Un continuo y reiterado ofrecerse (ya sea en besamanos o cualquier otra parte del cuerpo que se tercie) que encontraba un reiterado y permanente accedimos. Las dos partes de la frase hablan de tanto enajenado de la vergüenza propia y ajena. Hay una palabra muy fácil y con menos letras: declinar. Una palabra al parecer poco usada que encontraba venganza semiótica al servir para mostrar el declinar del honor de instituciones que, ya les vale como fuente de valor, se respetan y legitiman por él. Entre la frase “Se nos ofreció y accedimos” y “Se nos ofreció y declinamos”, siendo vos quien decís ser, hay un vasto “Nulla in mundo…” (ya sabe, la obra de Vivaldi).

Ya lo dijo alguien, no hay que regular la irresponsabilidad del rey, dado que por su propia naturaleza hay límites ético-ecológicos que no puede traspasar. No por nada. Es solo que al abandonar su hábitat natural la institución enferma gravemente. Para decirlo en plata y perteneciendo con mucha honra a la tribu de los Mindundi (en andaluz morralla), no me queda otra que recurrir a San Isidoro de Sevilla (allí mismo donde empieza y termina el AVE María): “Unde et apud véteres tale erat proverbium: rex eris si recte facies, si non facias, non eris”. O en traducción ochentera, “Si eres un tío legal molas, pero como la cagues la has jodido macho”. Por eso choca tanto las regularizaciones del emérito (un emérito que merece todas las honras que le pueda conceder la justicia, todo hay que decirlo). Regularizar suena a regularización de extranjeros. Y los borbones ya hace tiempo que se regularizaron por arraigo social y económico. Todo muy confuso.

Como recuerda la Marcha de Oriamendi en su versión más famosa, trascripción literal y no épica, “Por dios, por la patria y el rey murieron nuestros padres, por dios por la patria y el rey mataron a los nuestros también”. Más correctamente, la religión, la monarquía y la patria ha derramado más sangres españolas que un ébola cualquiera. Y la única vacuna para prevenir hemorragias ideológicas, la inoculación racional, se fabrica pero tiene distribución escasa en farmacias, escuelas, discursos políticos o medios de comunicación. Las sociedades democráticas viven una caída de plaquetas racionales que puede tener consecuencias graves, entre ellos una pérdida paulatina de derechos y libertades. Luego ve y busca una trasfusión democrática de sangre derecho positivo.

Hay muchos índices de calidad democrática, unos así y otros asao, pero el que más me gusta (aún en desarrollo metodológico para España) es el del “franquista revolicado”. Es un indicador compuesto por todas las manifestaciones de indignación que los más rancios del país sacan a relucir cuando sucede algo de naturaleza democrática. Definiendo naturaleza democrática a todos aquellos hechos y eventos que suceden dentro del marco constitucional y, con frecuencia, en desarrollo de este. Tiene tres dimensiones: reacciones cuando el parlamento legisla, cuando el gobierno gobierna y cuando la justicia aplica las leyes. ¿Cómo medirlo? Formalmente por su composición: mala leche, cacao mental… Temáticamente por el cruce de cables democrático. Un ejemplo: cuando se pide al parlamento que haga justicia (comisiones de investigación), a los jueces que legislen y al gobierno que se someta a la ley de dios, el patrimonio y la tradición. La democracia parece que comienza a ir bien en los últimos años, si atendemos a las erupciones y los sarpullidos de opinión que se observan en tantos medios llenos de egos enteros y verdaderos. Debe ser duro que te paguen por tener la razón, toda la razón y nada más que la razón hasta el punto de ser evidente que tanta multiplicación es poco razonable...

Catedrático de Sociología Matemática.