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La decisión de Pablo Iglesias


Pablo Iglesias, candidato a presidir la Comunidad de Madrid. Pablo Iglesias, candidato a presidir la Comunidad de Madrid.

Pablo Iglesias se presenta hoy ante ustedes como salvador del proyecto en Madrid, generoso y valiente al abandonar su responsabilidad como vicepresidente del gobierno, convencido feminista, designando su relevo en la persona de Yolanda Díaz, eficaz ministra de trabajo, y ante todo como humilde y unitario en la izquierda para arrebatarle Madrid al fascismo. Épica, ética y estética populista en estado puro.

Aunque para ello tenga que abandonar el barco institucional del gobierno en medio de la tormenta de los desacuerdos y de la desconfianza. También deja el Parlamento, cuando se complica aún más la mayoría de investidura (de la que fue y es protagonista) sobre todo después de las recientes elecciones catalanas, como consecuencia de la más que probable alianza de gobierno del independentismo, con el apoyo vigilante de las CUP.

Deja tan incómoda gestión al cabo de un año para volver a la agitación de la campaña electoral. Elude las responsabilidades de un gobierno plural que tiene que funcionar mediante el acuerdo y la dinámica parlamentaria -naturalmente diversa- que son concebidos como instrumentos subsidarios, cuando no impedimentos, para la práctica populista, cuyos objetivos sólo se alcanzan en un estado permanentemente antagonismo que evite rendir cuentas por lo realmente conseguido.Todo ello, aún a riesgo de que se pueda interpretar como un mensaje implícito de desapego a la gestión del gobierno desde dentro de la propia coalición, pero reubicando el control desde fuera, lejos del diálogo con el resto de actores políticos y ministeriales con los que hay que acordar en igualdad de planos y condiciones.

De esta manera, el liderazgo de podemos se coloca en una posición que evita, entre otras cosas, tener que explicar la realidad. La única manera de intentar salvar un sistema de ideas mítico es situándolo fuera del tiempo y del espacio, en el inmarscesible reino de las exigencias libres de responsabilidad, en un lugar que no se es gobierno ni se es oposición sino que está situado por encima de ambas.

El problema es que en la nueva politica personalista, la ausencia de uno de los líderes máximos de la vicepresidencia, el consejo de ministros y el grupo parlamentario, anuncia más dificultades, si no tempestades. De hecho, tras las declaraciones del aliado republicano Gabriel Rufián y ahora con la salida del vicepresidente del gobierno, se empieza a hablar, por primera vez desde la aprobación de los presupuestos, de un final adelantado de la legislatura.

El objetivo declarado es salvar el cinco por ciento para Podemos, movilizando a sus votantes y garantizar la presencia parlamentaria, En definitiva mantener presencia en el territorio después de un proceso con tantas pérdidas de simpatizantes, votantes y dirigentes. Iglesias se presenta como el salvador del proyecto para refundarlo, después de las dudas del resto de los posibles candidatos, y designa a Yolanda como candidata, garantizando la continuidad de sí mismo como líder fundador desde la atalaya de la asamblea de Madrid. De paso, deja a algunos de los incondicionales de su entorno como cobardes.

Para ello, en un gesto de humildad sin precedentes tiende la mano a su alter ego Íñigo Errejón para compartir lista y liderazgo y con ello se dirige al electorado de más Madrid con la tan necesaria como excepcional unidad de la izquierda. De nuevo, deja implícita la ficción del sorpasso, está vez más que como tragedia como farsa.

Por eso ahora agita la bandera del antifascismo y el no pasarán en Madrid, otro de los grandes relatos emotivos. El primero fue el partido de los de abajo frente a la casta, luego el sorpasso a la izquierda del régimen del 78 y más tarde con la única salida de la coalición de gobierno. Ahora parece que se ha cansado de estar entre la gestión en el gobierno y la oposición. Ahora, cuando el mito choca con la gestión, por ejemplo del Ingreso Mínimo Vital que tan real es para muchísimas familias, el lider no puede quedar sujeto a la redición de cuentas, pues líder y mito -ambos fundidos en la símbología populista- dejarían de ser inmarsecibles. Ahora agita la bandera del antifascismo en Madrid. En busca del territorio del antagonismo, en el que todo permanece en un eterno comienzo que evita el control democrático de los logros que sí se produce en vida política ordinaria y en las instituciones. Con ello va quemando etapas además de instituciones e incluso la propia memoria histórica.

Se agita la épica antifascista con dos populismos enfrentados en clave nacional, y con ello se le puede estar dando la oportunidad al gobierno de Díaz Ayuso de eludir dar cuentas de su nefasta gestión sanitaria y su nula orientación política y legislativa. Un gobierno de Madrid que, como el de Cataluña, se ha dedicado a la pelea interna y a la sobreactuacion y la polarización negacionista frente al gobierno central socialcomunista. Otro referente populista.

De ser así, las elecciones no se producirían el campo político, por tanto básicamente en el de la razón, serían por contra una guerra entre el bien y el mal. Lo peor de todo es que ese es terreno en el que la extrema derecha se mueve mejor. A diferencia del populismo izquierdista que tiene que permacer errante sin arrivar al poder, incluso desde el gobierno, que desvele su carácter mítico, el conservador es sólo un instrumento político para la nueva extrema derecha que ésta sí busca gobernar, ávida de poder, las instituciones.

Lo cierto, es que Podemos se muestra como un proyecto vacío que cambia en función de impresiones y cálculos personales de su líder, no de la experiencia y el debate colectivos. El populismo no tolera la experiencia ni el acumulado de conocimiento que sólo se genera en la lenta práctica política democrática pues al ser producto del sueño de una razón adormecida, la realidad lo desmiente. Gsobte todo gestiona las emociones. Aparece también como un proyecto declinante que carece de organización, de dirección colectiva e incluso de banquillo para encontrar candidatos que actuen como revulsivo, nada menos que en Madrid. Es lo que tienen los partidos y el liderazgo populista.

Por eso, vuelve otra vez la retórica de la unidad de la izquierda, imprescindible en una llamada ante una confrontación casi bélica.Sin embargo, en la política democrática, la unidad se genera y se cultiva en el pluralismo interno y externo y no en la exclusión primero, para luego imponerla de forma oportunista por un mensaje o un twit preelectoral.

En definitiva, desde el principio, todo ha sido una táctica de salvamento de podemos en el campo de agramante de Madrid y de su refundación general bajo el mismo liderazgo que desea liberarse del peso de lo real para situarse en otra dimensión. Era su única manera de sucederse así mismo. Por eso aprovecha la oportunidad para la sucesión en una gran candidata, que no de líder. El líder sigue y se refugia en Madrid.

Con el rechazo de Íñigo el golpe de efecto no ha durado ni unas horas. Es lo que tiene el populismo. Nada sólido, todo se desvanece. La respuesta de Más Madrid pretende situar el debate en unas elecciones concretas, las madrileñas y sobre la nefasta gestión de Ayuso, eludiendo la tentación de la agitación populista, que es la que a ella y a Vox les interesa.

Ahora a Pablo Iglesias solo le queda lo que de verdad era su objetivo: salvar el cinco por ciento, dejar las tristes salas del gobierno y situarse en la asamblea de Madrid para liderar y refundar el proyecto, hoy agotado. Un nuevo intento de rescate del proyecto político. Algo más pragmático que la épica antifascista, la generosidad y la valentía de líder y de la estética del relevo feminista.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.