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Comenzaba el Siglo XX en Madrid


Niños jugando en el número 33 de la Calle Cabeza (Lavapiés, Madrid). Fotos Martín Santos Yubero. Archivo Regional CAM. Niños jugando en el número 33 de la Calle Cabeza (Lavapiés, Madrid). Fotos Martín Santos Yubero. Archivo Regional CAM.

Madrid está de moda, me refiero a la ciudad. Miles de turistas extranjeros acuden a disfrutar del turismo. Parece ser que es la ciudad europea que menos restricciones, pese a que la Comunidad está en un nivel de riesgo extremo por coronavirus, con más de 225 contagiados por cada cien mil habitantes. De la Comunidad tendremos tiempo de hablar, de la campaña electoral que se avecina y de los resultados de las elecciones adelantadas al 4 de Mayo. Hoy voy a pasear por determinados lugares y colocarme, como actor secundario, en algunos acontecimientos surgidos en el Madrid, que siempre está de moda y "el que no esté colocado, que se coloque".

Dentro del término municipal de Madrid, el más poblado de España, vivimos 3.334.730 personas, según el INE de 2020. El área metropolitana asociada tiene una población de 6.779.888 habitantes, por lo que es la segunda de la Unión Europea, tras París, y por delante de la Región del Ruhr. Todos son datos variables según periodos y momentos históricos; pero lo que es inamovible es que Madrid tiene seis letras, copla cantada por el popular Pepe Blanco, que a cada letra le puso un sentido: "la M de maravilla; la A viene de andoba, porque es algo pintilla; la D pa que se enteren que el alma to lo da; la R por risueño; la I por inmortal, y hay otra D que avisa que sobra dignidad".

Y en esas estamos, cuando un 21 de marzo, con la llegada de la primavera, nació mi madre. Corría el año 1910. Hubiera cumplido ciento once años sino hubiera muerto a los ochenta y cinco. Mi aprecio por Madrid me viene de ella, nacida en la calle Bailén, gata, castiza, buena persona, buena madre y buena mujer. Vecina de Alfonso XIII, vivía enfrente del Palacio de Oriente, tenía mal recuerdo de la boda del rey; mi abuela Teresa fue víctima del atentado en la calle Mayor en 1906 a la vuelta de su casa.

Otros artistas, escritores y poetas cantaron a Madrid: "¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena, rompeolas de todas las Españas! La tierra se desgarra, el cielo truena, tú sonríes con plomo en las entrañas" (Antonio Machado). "Ay, qué Madrid este, todo apariencia. Dice un caballero que yo conozco, que esto es un Carnaval de todos los días, en que los pobres se visten de ricos. Y aquí, salvo media docena, todos son pobres; facha, señora, y nada más que facha. Viven en la calle, y por vestirse bien y poder ir al teatro, hay familia que se mantiene todo el año con tortillas de patatas". (Pérez Galdós en La de Bringas). Contradicciones según te va la fiesta.

Como es de suponer, mi madre, fue testigo de muchos acontecimientos ocurridos en Madrid. Casi un siglo de vida, son muchos años y mucho lo sucedido. De colegiala a modistilla hasta su boda durante la guerra civil, con quién luego fue mi padre. Camarero de postín y miliciano pinturero, murió, cuando yo tenía ocho, a los cuarenta y cinco años. Mi abuelo Manuel fue tramoyista del teatro Novedades, el que se incendió en 1928; fue tan violento el incendio que en una hora quedó reducido a escombros, murieron 67 personas y centenares de heridas.

Madrid a principios del siglo XX, dejaba de ser aquel pueblo castellano polvoriento y la monarquía española estrenaba reina. El 31 de mayo de 1906 el anarquista Mateo Morral atentó contra la carroza real y la comitiva que regresaba de la Iglesia de San Jerónimo. El rey Alfonso se había casado con la princesa Victoria Eugenia de Battemberg y Madrid engalanada era una fiesta. Como tantos madrileños, mi joven abuela se acercó a ver la comitiva, cuando desde un balcón del tercer piso, del número 88 de la calle Mayor, fue lanzada una bomba contra la carroza y la multitud de madrileños que se agolpaban a su paso. Los reyes salieron ilesos, pero hubo 28 personas muertas y multitud de heridos. Desde entonces, para Teresa, nada fue igual, el trastorno de estrés postraumático la acompañó hasta su muerte años después.

En 1910, siendo alcalde de Madrid José Francos Rodríguez, se empezó a construir la Gran Vía, uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, con el fin de descongestionar el casco antiguo, la Puerta del Sol y mejorar la comunicación entre los barrio de Argüelles y Salamanca. En los primeros treinta años del siglo XX, Madrid llegó a albergar a más de un millón de habitantes y los nuevos arrabales como las Ventas, Tetuán o el Carmen, acogieron al nuevo proletariado que en aluvión llegaron desde los pueblos. En este año, la Conjunción Republicano-Socialista, triunfa en Madrid por vez primera, por el 54% de los votos. Y en estas mismas elecciones, el PSOE consigue su primer diputado de la historia, ocupando el escaño Pablo Iglesias.

Al pasar por la Puerta del Sol recuerdo el lugar en el que José Canalejas, Presidente del Consejo de Ministros fue asesinado en 1912, cuando miraba el escaparate de la desaparecida librería San Martín. También recuerdo a Eduardo Dato que en 1921 fue asesinado por los disparos efectuados desde un sidecar en marcha en la Puerta de Alcalá. Antes, en 1870, había sido asesinado el general Juan Prim y Prats, presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra. Eran alrededor de las 19:30 y caía una espesa nevada. El general, instalado en su berlina verde tirada por dos caballos siguió su ruta habitual, cuando a su paso por la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas), sufrió el atentado. "En la calle del Turco le mataron a Prim, sentadito en su coche con la Guardia Civil". Madrid ha sido escenario de un número considerable de atentados contra gobernantes. Carrero Blanco, en 1973, sufrió igual suerte por atentado de ETA.

Cuando comenzó la primera Guerra Mundial, mi madre tenía cuatro años, por lo que poco o nada debió de enterarse. Acudía a un colegio, cuyo patronazgo lo presidía la infanta Isabel de Borbón y Borbón, La Chata, quién acudía para premiar a las alumnas aventajadas. La primera Guerra Mundial fue un acontecimiento histórico, que originó una importante acumulación de capitales y el crecimiento de la actividad económica se dejó notar. La original pobreza de una familia vecina de Madrid, en el piso bajo de una húmeda vivienda, matrimonio con cinco hijos menores poco debió sentirse; el hambre y el frío siguieron siendo síntomas de pobreza. Para apaciguar el hambre a deshoras, recortes de churro, que el churrero de la esquina les regalaba.

La joven Felisa, se ocupó en un taller modista, repartiendo ropa por los madriles. Grandes caminatas, no había medios ni para coger el Metro, cuya línea Sol-Cuatro Caminos había sido inaugurada en 1919. Todo un acontecimiento para la modernidad de Madrid y sus vecinos. Son años de gran conflictividad social y laboral. La crisis social fortaleció al movimiento obrero representado por socialistas y anarquistas, que alternaban métodos pacíficos (huelgas) con violentos (la acción directa). UGT percibiendo el enfrentamiento entre burguesía industrial y gobierno, convocó una huelga general revolucionaria en agosto de 1917, que recibió el apoyo de la CNT, mayoritario en Cataluña, con el fin de obligar a las clases dominantes a realizar los cambios fundamentales del sistema, que garantizasen al pueblo, un mínimo de condiciones decorosas de vida y de desarrollo de sus actividades emancipadoras. Ese mismo año, en octubre, dio comienzo la revolución bolchevique en la Rusia zarista.

Con veintiún años, mi madre, fue protagonista de la proclamación de la República. El 14 de abril, todo lo vio desde el chaflán de la calle Mayor y Arenal. Los resultados de las elecciones del domingo día 12, habían supuesto una estocada de muerte para la monarquía y los acontecimientos se desarrollaron de forma vertiginosa: el rey sale de España desde Cartagena hacia el exilio (no había abdicado) y en la Puerta del Sol, Alcalá Zamora, Lerroux, Fernando de los Ríos, Azaña, Casares Quiroga, Miguel Maura, Álvaro de Albornoz y Largo Caballero, entran en el ministerio de la Gobernación y asumen el poder, como ministros del gobierno provisional. En la calle, el pueblo exaltado, con alegría desbordada, clama vítores a la República que nacía.

Poco tiempo después, desde julio de 1936 y hasta 1939, fue protagonista, como tanta gente, en la defensa de Madrid y del sufrimiento de la guerra, provocada por el golpe de estado militar y fascista. Fue superviviente del cerco de Madrid. Supo sufrir la miseria de la posguerra, tan dura como la de la propia guerra. Con el tiempo supo disfrutar de la democracia. Era aficionada a las sesiones parlamentarias; recuerdo su figura, esperando entrar en el Congreso de los Diputados por la puerta de invitados. Nació en Madrid y con ochenta y cinco años aquí murió.

Hoy, las alas de la mariposa que presentó la moción de censura en Murcia, hicieron que se presentase otra moción en Castilla y León y en Madrid se convocaran elecciones; lo contrario que dice Ramón Gómez de la Serna "Una pedrada en la Puerta del Sol mueve ondas concéntricas en toda la laguna de España". Es mi Madrid; es mi historia.

Profesor y columnista.