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El individualismo llevado a su extremo: el trumpismo en España


Cuando quizá creíamos que el individualismo había llegado a su máxima expresión llega lo que podemos identificar como "política Trump" y se superan todos los parámetros imaginables y conocidos con un giro de tuerca inesperado.

Hasta Trump, y contemporáneos a el, como Bolsonaro o Vox cortados por similares patrones, el individualismo hacia cargar cualquier explicación en los individuos destruyendo lo colectivo, lo social o lo político y señalando que el culpable de lo que a cada uno le pasa es uno mismo y su voluntad, algo de por si que ya situaba a las víctimas en situación de culpables y que trata de eliminar la participación y el cambio social en un escenario de "fin de la historia" o "fin de las ideologías".

Hasta Trump, mentir en política, por ejemplo, estaba sancionado, se creía que podía tener consecuencias y estaba mal visto, pero Trump instauró la mentira o la construcción de un relato propio alternativo en la que los hechos y su contraste son lo de menos, y quien contrasta discurso con realidad es simplemente un enemigo a combatir, alguien que debe ser perseguido, estigmatizado, rechazado. Mentira tras mentira se construye la mentira final con la que Trump abandona la Casa Blanca: la derrota electoral fue un robo, el nunca perdió las elecciones, lo que llevo a los sucesos históricos, increíbles y vergonzosos de la toma de la Casa Blanca por personas adheridas a estas teorías de la mentira y la conspiración.

Antes y en esta línea se construyen relatos como la conocida como teoría Q-non en la que se afirma sin ninguna prueba ni evidencia, sin absolutamente ninguna base, que hay una conjura mundial de los demócratas (cabria decir de la izquierda) para, entre otras cosas, traficar con niños organizándose en pizzerías ocultas, conspiraciones de la que Trump y la derecha como grandes escogidos con un halo "divino" vienen a salvarnos. Lo increíble es el nivel de adeptos que estas paranoias consiguen y el nivel de movilización que logran.

Los conocidos como trumpistas están hiper motivados e hiper movilizados y viendo las cifras solo una movilización excepcional y sin precedentes, con motivaciones especialmente ligadas a parar a Trump, lleva a la derrota en las urnas del trumpismo, con votos posiblemente más "contra" Trump que a favor de una alternativa.

Son técnicas tan simples como efectivas: ellos versus nosotros, los malos frente a los buenos, sin matices y el uso de la mentira y el miedo como estrategias. Todo lo que no sea de nosotros es malo, perverso y a combatir, el mundo se divide en vencedores y vencidos, en nosotros y ellos.

¿Y en España el trumpismo como forma de hacer política que recorrido tiene? Bueno, para empezar podríamos hablar de nuestras propias construcciones históricas de conspiraciones y relatos amenazadores de los que algunos quieren salvarnos, situando quizá, "la conspiración judeo- masónica" como uno de los principales referentes con libros y textos que llegaron a ser super ventas y super conocidos como los "protocolos de Sion" que los grandes dirigentes del franquismo (Mola o Franco) creían y defendían como realidad contra toda evidencia, mentiras que avalaban el levantamiento armado contra el régimen democrático y el uso de la violencia. Después de la guerra y sus justificaciones y la larga sombra de la dictadura se instaura en España la política del miedo generalizado.

Cuando, por fin, llega la democracia, la derecha y la extrema derecha van siempre de la mano hasta la aparición de una corrupción masiva y sin precedentes del Partido Popular que provoca el surgimiento, entre otras cuestiones del fenómeno Ciudadanos y, posteriormente, de su escisión a la derecha, VOX.

Cabe recordar que uno de los principales asesores de Trump lo es también de VOX y fue uno de sus creadores y máximos estrategas marcando las políticas, las líneas de interpretación, los relatos y las estrategias de la formación verde que vive hoy un momento de crecimiento y buena salud.

Se construían y se construyen mentiras históricas que se repiten una y otra vez para los propios seguidores hiper conectados e hiper motivados, da igual la realidad, solo importa la realidad construida, pese a ser los provocadores se trata de ponerse en situación de víctimas: marcando la diferencia entre "ellos, los malos, los conspiradores, los agresivos" y "nosotros, lo buenos, los que defendemos España". Se busca la provocación, ser agredidos, ser rechazados para situarse en esta máxima de la polarización en la que se refuerzan los vínculos e identidades propias frente a un "otro" unitario y ficticio marcado por todo aquel que no está en nuestro grupo. Dan igual las propuestas, lo que hay que hacer es absorber las protestas y enmarcarlas en discursos identitarios difíciles de desmontar, cargados de emociones, de vísceras, de símbolos e intangibles como la bandera o la patria, el orgullo o la defensa de la identidad propia supuestamente amenazada, ser la identidad de hombre o la de español.

Se habla para los propios, se provoca, se busca la confrontación y se construyen ideas para presentarse como los grandes salvadores. La realidad es lo de menos, lo que realmente importa es construir un escenario encendido, emotivo, movilizador y de defensa de la propia identidad excluyente.

Es un discurso y una forma de actuar que refuerza la movilización y la fuerza de las propias convicciones, claramente identitario, con una misión no cuestionable por encima de la realidad, no se hacen demasiadas propuestas concretas, estas importan menos que la "misión" salvadora de conceptos tan ambiguos, pero tan movilizadores como la "patria" algo que recuerda sin duda los discursos justificadores del golpe militar frente a la República en una versión actualizada, moderna que conecta con movimientos como el de Trump y que abre una nueva etapa en la política sin precedentes.

Una estrategia difícil de combatir porque si se ignora crece y si se confronta también pero que no puede dejarse sin más porque preocupa el nivel de violencia y tensión que genera y nos hace retroceder al pasado de manera inexorable.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.