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El pecado de Ciudadanos


Edmundo Bal. Edmundo Bal.

Esta semana santa nos encontramos en Madrid en un ambiente de precampaña. En pocos días comenzaremos a recibir papeletas y propaganda en el buzón y se publicarán los programas electorales de las distintas formaciones que concurren a las elecciones; pero estos días son de reflexión y recogimiento.

Hoy querría dedicar esa reflexión a Ciudadanos. Probablemente la formación que más difícil tiene entrar en la Asamblea de Madrid, de los partidos que ya tenían representación parlamentaria. Y eso que estamos hablando de una organización que estaba en el gobierno hace un mes. No obstante, las últimas decisiones tomadas por su cúpula nacional han llevado a que este partido, que parecía venir a regenerar la política española, se encuentre al borde del precipicio; puede que a punto de dar su último paso para caer en la irrelevancia.

En Madrid, parece que casi todo el mundo da por hecho que la desaparición (o caída) de Ciudadanos se debe a la mala gestión de la crisis murciana y al acercamiento, desde el inicio de la pandemia, de Inés Arrimadas al Gobierno central. Yo, sin embargo, disiento de esta tesis. Creo, firmemente, que el error de Ciudadanos viene de tiempo; desde que decidió desplazarse del centro hacia la derecha; desde que decidió solo pactar con el PP; en definitiva, desde que colocó a la socialdemocracia en el extremo izquierdo del tablero político español. Ahora, cuando ha intentado volver hacia el centro, se ha encontrado con todos los fantasmas que llevaba tiempo sembrando.

Es difícil explicar que uno representa el espectro ideológico del centro y salir en la foto de Colón. Como también, es difícil decir que un partido se encuentra en el medio, pero que solo puede pactar con el Partido Popular. Sin embargo, durante un tiempo, Ciudadanos lo logró. Es más, consiguió hacer la cuadratura del círculo cuando vendió que, un partido de centro y que venía a regenerar la política bipartidista podía cogobernar en Madrid con el Partido Popular. Un PP que lleva gobernado la Comunidad Autónoma de Madrid desde que Joaquín Leguina dejó de ser Presidente.

Estos días se ha hablado mucho de las palabras y entrevistas de Ignacio Aguado una vez fuera del gobierno de Isabel Díaz Ayuso. Pero claro, es muy fácil criticar ahora a la señora Ayuso cuando te han echado del Gobierno. Pero, ¿qué pasa?, ¿que el señor Aguado no sabía en 2019 o 2020 con quien estaba gobernando? ¿Se cayó del caballo el día que dejo de ser vicepresidente? Sin embargo, yo, no puedo dejar de recordar que en las elecciones de 2019 el señor Aguado calificaba a Gabilondo de extremista. A Ángel Gabilondo se le puede definir de muchas maneras, pero considerarle un rojo peligroso o un antisistema y más, desde la posición del señor Aguado, como portavoz de un partido que se autodefine de centro, es cuanto menos extraño. No nos engañemos, como indicaba con anterioridad, era una maniobra preparada y orquestada por el propio Ciudadanos para poder realizar de la manera más cómoda posible su viaje a la derecha.

Aunque al principio se les atragantó, o hicieron como se les atragantaba, el apoyo de Voz a la coalición madrileña, pasaron por el aro sin problema. Permitieron que el partido del señor Abascal apuntalara los gobiernos de coalición de Madrid, Andalucía y Murcia. Sin muchos aspavientos. Total, los señores de Vox ya eran amiguitos constitucionalistas, frente a un PSOE que estaba tirado al monte y solo sabía pactar con separatistas y terroristas.

El problema viene cuando se dan cuenta de que, quizá, solo quizá, se han pasado un poco de frenada. Si nosotros somos el centro y estamos compitiendo con el centro derecha y la derecha, asumiendo sus mantras y consignas, ¿hasta dónde hemos llegado a desplazar el centro?. Pues bien, ha ocurrido lo que era inevitable. Cuando Inés Arrimadas ha intentado recoger velas, volver a, la que debería ser su posición, e intentar pactar con el centro-izquierda en unos sitios y con el centro-derecha en otros, su gente no lo ha entendido.

No puedes decir que el PSOE y Sánchez son el coco y después negociar con ellos una moción de censura en Murcia con la excusa de regenerar la política murciana. Que ocurre, que los problemas de corrupción y caciquismo que alegas ahora, ¿no existían en 2019? ¿que el partido socialista que era tan malo, tan extremista y tan separatista ya no lo es? ¿O es que nunca lo fue?

Ciudadanos decidió jugar con fuego en 2019. Intentó asaltar el centro-derecha y comerse al Partido Popular; abandonó entonces el centro e intentó convencernos a todos de que la centralidad del tablero ya no estaba en ese punto donde se cortan los ejes de ordenadas y abscisas, sino más a la derecha; un poquito más cada día. Hoy, con una derecha desbocada y lanzada al monte en la Comunidad de Madrid, el intento de Ciudadanos de recuperar el centro es una tarea verdaderamente titánica.

No obstante, y en un intento de tender puentes, el candidato socialista, Ángel Gabilondo, lanzó un pequeño salvavidas a Edmundo Bal. Le dijo que el PSOE de Madrid estaba dispuesto a unir al centro y la izquierda en un Gobierno de formas moderadas, que les esperaba para hacer política en serio. Le dijo que Ciudadanos todavía tenía mucho que aportar en Madrid si de verdad apostaba por la regeneración política. Pero el señor Bal ha preferido desdeñar esta opción y seguir en la idea de que Ciudadanos no puede pactar con el PSOE, lo que acabará llevando a que el votante de centro-izquierda que aún pudiese seguir dudando si apoyarles, acabe absteniéndose o votando la lista de Ángel Gabilondo. Y es difícil pensar que el votante de centro-derecha de Ciudadanos, que está desertando en masa para votar a Isabel Díaz Ayuso (o, por lo menos, eso es lo que reflejan a día de hoy las encuestas), siga fiel al proyecto de los naranjas en Madrid. Pero en su pecado, arrastrar la centralidad del tablero para entregársela en bandeja a la derecha, llevan la penitencia.

Si Ciudadanos no cae en la irrelevancia el 4 de mayo, va a tener una posición francamente complicada: si apoya sin condiciones un gobierno de la señora Ayuso demuestra que solo sirve como muleta del Partido Popular; y para eso, el votante optará directamente por la marca primigenia; si pone como condición que la señora Ayuso no sea la cabeza visible del gobierno pone en un brete a la derecha de este país. Por último, siempre tendrían la opción de apoyar a Ángel Gabilondo y permitir, después de más de veinticinco años, un gobierno de cambio en Madrid.

Nacido en 1988 en Madrid. Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III. Ha desarrollado su actividad profesional ejerciendo para Banca y despacho en temas civiles y mercantiles. Actualmente se encarga de gestionar los Servicios Jurídicos de la mercantil Uno Efe S.L. Abogado del turno de oficio en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid.