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EL PERIÓDICO
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Carta a un amigo centrista


No sé bien cómo dirigirme a ti. Ni sé cómo te sentará que lo haga. Pero lo he decidido. Quiero conversar contigo. Ya lo hicimos entonces y nuestro diálogo resultó acertado, necesario y eficaz. Creo justo y oportuno retomarlo ahora, en que el destino de nuestra región, también el mañana de nuestro país, está en riesgo de caer desnortado y desconcertado, ante tanta asechanza. Resulta difícil olvidar cuando, por razones e intensidades distintas, pero en cierta manera hombro con hombro, luchábamos contra aquel régimen liberticida que hoy, precisamente, los de siempre quieren reinstaurar, aunque son tan cobardes que no se atreven a decirlo abiertamente.

El problema es que lo hacen invocando la libertad, que [email protected] pisotean camuflándola para imponer otra cosa, muy distinta y exclusiva para ellos solos: la que ha permitido a sus dirigentes y aliados corromper todas las elecciones a las que han concurrido; dañar todas las instituciones donde han puesto la mano; hacer caja con la extorsión, el soborno, la impostura; reírse de los derechos de [email protected] [email protected]; imponer leyes injustas; judicializar problemas políticos con sus jueces amigos; humillar a las naciones que juntas componen este Estado; degradar la imagen de España en el mundo. Qué vergüenza. Qué tristeza.

Y no han tenido rubor alguno a la hora de fotografiarse, permíteme decírtelo, junto a alguno de vuestros líderes, centristas desnortados, y a los emergentes de la extrema derecha en la plaza de Colón, bajo una bandera de España más grande que un apartamento; España, a la que dicen defender, pero a la que escarnecen con sus conductas corruptas. Algunos de sus principales líderes han comparecido estos días ante los jueces, 25 años después -25- de comenzar sus delitos. Sus alevines -esa gritona escisión del PP-, no tardarán en seguirles: empiezan por negarse a declarar sus bienes en el Congreso. Pero su mentira arraiga, su simplismo irresponsable enraíza en muchas, demasiadas mentes que parecen haber abdicado de la razón. Y lo peor es que suelen llevar esa irracionalidad consigo a las urnas.

Frente al desierto político y cultural que nos legó el dictador-general, el que creó la base de esta irracionalidad y esta incultura política tan extendidas que aún perduran, fueron vuestra y nuestra confianza en la Razón, en el Progreso y la Ciencia lo que nos unió, centristas e izquierda, para encarar entonces un futuro democrático que hemos sabido construir conjuntamente. España supo salir de la dictadura gracias a que el pueblo se hartó del espadón y se echó a la calle, desde las fábricas, las aulas, los barrios, los colegios profesionales, algunas parroquias…; los poderes de siempre se asustaron y retrocedieron; entonces, con el mandato del pueblo, [email protected] y [email protected], que somos parte de él, dialogamos y nos unimos para que el franquismo muriera con el dictador, tras pactar una Constitución de libertades con la que abrir el horizonte a la prosperidad que acompaña siempre a la verdadera democracia.

Logramos muchas metas: todos fuimos menos pobres a partir de entonces. Respiramos cierta libertad verdadera. Sentimos la solidaridad a flor de piel. La imagen de España resplandecía por doquier. Surgieron imitadores allende las fronteras. Tal vez fuimos, por primera vez, políticamente felices.

Sin embargo, cometimos errores. Hasta hoy, demasiados. Nuestra inexperiencia democrática nos jugó muy malas pasadas. Nos dormimos en los laureles y pensamos que las democracias se mantienen solas. Craso error. Sin participación democrática cada día, la democracia languidece y, si uno se descuida, desaparece y muere. Dejamos casi todo en manos de los partidos políticos y estos, tras haber cumplido inicialmente una función extraordinariamente importante, la de enseñar a la gente a hacer política, fueron abandonando poco a poco su función social, de satisfacción de los intereses mayoritarios, para caer en un tipo de narcisismo muy peligroso, llamado partitocracia. Pasaron de hacer política en sí a hacer política para sí.

Los partidos políticos –que son instituciones básicas en las democracias-, tuvieron por principal enemigo a la partitocracia, que consiste en la ausencia de democracia dentro de los partidos: conlleva una jerarquización piramidal y un sofoco intencionado del debate interno. Nada de tendencias; ni de corrientes de opinión. Nada. El mandato se aplicó a rajatabla. Se impusieron listas cerradas, haciéndose tragar a los votantes la lista entera, aunque estuvieran rellenas de individuos tan desconocidos como inoperantes o, a la postre, anónimos e inútiles. Poco a poco, los programas políticos se vaciaron de contenido. La imagen sustituyó a la argumentación. La pasión desplazó a la razón. Rostros lindos, colorines, globos, glamour…ninguna idea, fuera la reflexión, solo humo. Humo.

Como sabes bien, el presidencialismo de los partidos, su tóxico personalismo, llegó también a la vida política extrapartidaria. El poder Ejecutivo desplazó al Legislativo, que quedó subordinado. Del poder Judicial, el más rezagado a la hora de democratizarse y de abandonar su composición y su comportamiento estamental y corporativo, mejor no hablar. El control mutuo entre los poderes se volatilizó. Hubo quien, desde nuestras filas, se jactara de que Montesquieu estuviera muerto.

El carácter unitario y centrípeto de la política durante la Transición dio paso, años después, a una centrifugación completa. La desparticipación democrática, irresponsabilidad de [email protected], [email protected] y [email protected], generó un gravísimo descontrol ciudadano de la actividad política. Un bipartidismo férreo se instaló en la escena. La alternancia, sana y estabilizante en un principio, degeneró en parecidas políticas, muchas de ellas antisociales desde los polos del bipartidismo, que convirtió la Política en objeto de sí misma.

La deslegitimación de la Política, llevada al paroxismo por la corrupción del PP, la transigencia socialista, más conductas -ahora casi del todo conocidas-, intolerables en un jefe de Estado, dieron alas al nacionalismo independentista catalán para alzar el vuelo y recrear, muy gravemente, un problema histórico al Estado en clave actual victimista, anacrónica y sin salida. Todo ello, eso sí, sazonado por decisiones gubernamentales de la derecha centralista de una incompetencia política sin precedentes.

Reconfiguración del capital

Todo ello procedía de una reconfiguración del capital, en busca de una tasa de ganancia decreciente por el carácter cíclico de sus crisis: el dinero fue confundido con la riqueza –que solo surge del trabajo- y el capitalismo financiero, que solo es especulación, vio la oportunidad de comérselo todo: la industria, la producción, el medioambiente, el comercio…La democracia también. Nada de regulaciones estatales del capital. De 130 empresas públicas existentes en 1976 se pasó a las 16 que existen ahora. España vive…de la Lotería. Como suena. La riqueza reside en nuestros brazos, los tuyos y los nuestros, en el trabajo, pero el capital está en las corporaciones multinacionales a las que nadie vota. Hacen y deshacen a su antojo. Suplantan a la diplomacia estatal. Pagan campañas electorales carísimas, previa obtención de grandes contratas que poco a poco han ido minando, por expropiación, los espacios, las competencias y las propiedades estatales. Al capitalismo de los financieros sin escrúpulos ya no le interesa la democracia más que para teledirigir, en clave propia, la vida política y social de manera que pueda satisfacer su apetito ganancial insaciable.

[email protected], desde la izquierda, o bien ignoramos o bien miramos hacia otro lado o consentimos aquello mientras sobrevenía y [email protected] lo estimulásteis. Por vuestra fe en el mercado pensábais, y nos hicisteis creer, que el mercado lo arreglaría todo y, por la vía económica, equilibraría los desajustes sociales. Error grave. El mercado que nos vendisteis -quizás inintencionadamente-, reproducía exponencialmente la desigualdad. Descuidábais la distribución de la riqueza, donde está la clave de su misterio y [email protected] nos callamos, o no gritamos lo suficiente denunciándolo. Los sindicatos, alanceados por doquier, se alejaron de sus funciones sociopolíticas y como siempre estaban enzarzados en pugnas y reivindicaciones salariales, de empleo, de defesa de los derechos adquiridos, se olvidaron de sus propias reformas y de pertrecharse contra lo que se venía encima. La crisis. Ahí también nos equivocamos. Porque el capitalismo financiero es una crisis perpetua.

El caso es que [email protected] cruzásteis con armas y bagajes el pasillo y os insertásteis en la derecha. ¿Opción legítima? Coyunturalmente tal vez, pero a la postre, vuestra función equilibrante, aquella que tan buen resultado dio para salir del túnel dictatorial de Franco, se escoró a la derecha, y mucho. Creo que demasiado. Perdisteis vuestras señas de identidad y se las hicisteis perder a miles de vuestros seguidores y votantes. Dejasteis las manos libres a los crápulas que detentaban el poder en el otro extremo del escindido campo de juego, donde las bases conservadoras, si bien engañadas, tampoco hicieron casi nada visible por evitar la avalancha de lodo que les caía encima con las prácticas de sus dirigentes. La sumisión legada por el franquismo pesaba demasiado.

Madrid fue feliz entonces

El mandato de Enrique Tierno Galván fue la primera y más feliz ocasión de Gobierno municipal coaligado social-comunista: Madrid vio invertirse la hegemonía del norte rico hacia dotaciones para el sur pobre y florecieron por doquier los avances sociales, morales y políticos. Un nuevo urbanismo en clave social enraizó en la ciudad y en la región. Muchos de los vuestros le votaron, como muchas gentes de las clases llamadas bienpensantes. La sensatez llegó a la alcaldía tras 39 años de genuflexa atención a El Pardo. La Villa de Madrid se equiparó en importancia a la Corte por vez primera en su historia. Madrid fue feliz entonces.

Al morir el Viejo Profesor, todo comenzó a cambiar. El talento desapareció de la escena. ¿Que os sentó muy mal que se intentara, precisamente en Madrid, y por parte de la alcaldía, aprovechar la traición potencial de unos tránsfugas para mantener la vara edilicia? Si. Así fue. Teníais razón en enfadaros. Aquello fue una jugada inmoral y a la izquierda, las inmoralidades no se le perdonan nunca. La derecha recibe más condescendencia en este -y en otros- aspectos: aunque 900 de sus altos cargos sean imputados, desde Madrid como foco de irradiación de la corrupción, un voto automático aquí apenas les flaquea; al menos hasta ayer mismo.

Volviendo a entonces, fue cuando José María Álvarez del Manzano, del PP, de origen democristiano, le dio la alcaldía a Agustín Rodríguez Sahagún, que era centrista, de los vuestros, heredero de Adolfo Suárez, aquel hombre de impar genio táctico que tanto hizo por el centrismo y por el futuro democrático en España. Pero Agustín murió y el Partido Popular se apalancó en la plaza de la Villa. Hasta ayer mismo.

En el Gobierno regional, los felices días del socialista Joaquín Leguina, aupado por la cortedad cultural de quienes creyeron –incluso- ver en la bandera roja comunitaria de las siete estrellas, la de los siete Infantes de Lara, un guiño al Vietcong –como suena- cayeron en saco roto, tras algunas pifias. Ahora nadie sería capaz de reconocer ideológicamente a quien fuera asesor de Salvador Allende, mártir del socialismo democrático. Porque también hubo en estas filas, las nuestras, conductas impropias, erráticas e irreconocibles. El caso del entonces comunista Ramón Tamames sería igualmente incomprensible.

¿Qué decir de todo lo demás? La política de precios de la vivienda en el centro de Madrid expulsó de la ciudad a los más jóvenes y el voto de la izquierda se desplomó. La derecha gobernante convirtió en un santiamén la política madrileña en un negocio –ministro Zaplana dixit- y las contratas a las constructoras inmobiliarias atrajeron dinero fresco a las arcas más sucias del partido de la calle de Génova –pregunten a Luis Bárcenas- mientras las campañas electorales, así trucadas, perpetuaron las sucesivas victorias del partido podrido, como dicen sus enemigos.

Fernando Morán, diplomático socialista, estuvo a punto de conseguir la alcaldía, pero apenas unos votos se lo impidieron. Después vino el apagón. Un fatalismo letal se adueñó de la izquierda y las posibilidades de colaborar socialistas y comunistas, respetuosos hacia el centrismo, otrora garantía de eficacia y de progreso para Madrid, fueron vistas como anatema. Los centristas seguíais cobijados bajo los faldones del PP, calladitos y sin rechistar. En el Gobierno alternado, algún ministro socialista animaba a enriquecerse a toda costa. Las políticas de izquierda desparecieron de los Gobiernos de la izquierda. La derecha, que secundaba aquella política laboral errónea, creció y creció. Los sindicatos plantearon una huelga general a Felipe González.

Involución preconstitucional

Como ves, amigo centrista, reparto a pachas las críticas. Pero [email protected], hay que decirlo, no hicisteis nada o casi nada por recobrar vuestro enclave en el centro. Nuestro país se ve ahora forzado por una sarta de irresponsables a volver hasta una situación abiertamente preconstitucional, desmantelando derechos -conquistados por [email protected] y [email protected] por cuenta de [email protected] sin puñetera idea de lo que significó nuestro pacto entonces, ni de lo que significa la democracia, ni la libertad, ni siquiera saben lo que implica la verdad: dicen que están en un partido y están de lleno en el otro; dicen que están lejos de ellos, pero se fotografían juntos, aunque concurren a las urnas bajo marcas distintas. Solo saben confundir, enredar. Mancillan la bandera española, que blanden como si de una espada se tratara: son incapaces de mirar y de comprender el significado del mosaico de pluralidad que el escudo constitucional muestra.

Lo más grave de todo: mediante proclamas golpistas han crispado -en momentos terribles de muerte y dolor- el ánimo de las gentes de este país acentuando la incertidumbre y el sufrimiento de [email protected] en plena pandemia, enfrentándose al Gobierno de coalición por meras memeces; distrayendo tiempo, energías, recursos e inteligencia para encarar una crisis insólita de proporciones inconmensurables que demandaba más que nunca unidad de acción. Por el contrario, impugnan en Europa la llegada de fondos continentales para afrontar la pandemia…qué inmoralidad.

Nuestra y vuestra desparticipación facilitó su descontrol. Ahora se recrecen hacia afuera, pero por dentro comienzan a apuñalarse. Es lo que mejor saben hacer. Ya verás. Su exoftalmia les impide ver lo que España necesita: necesitamos, entre muchas otras cosas importantes, un centrismo auténtico, capaz, sí, de refrenar a la izquierda si se pasa de frenada y de atar corto a los enemigos del progreso y a los amigos del odio; un centrismo que recobre sus convicciones liberales progresistas, las que históricamente otorgaron al liberalismo de verdad las credenciales anti-absolutistas que le dieron esplendor y fuerza secular en su lucha contra la tiranía del antiguo régimen. Y que desdeñe abiertamente el ultra-liberalismo que jalea a algunos dirigentes centristas desnortados para que se fotografíen y gobiernen con los corruptos, con los enemigos de la libertad reunidos en la plaza de Colón junto a los que quieren tumbar la democracia, porque en verdad la detestan y añoran la vuelta del capitalismo financiero al sistema de subvenciones de los últimos lustros del franquismo, chupando de la teta del Estado pero, eso sí, desnacionalizándolo todo. Un centrismo que se aparte de aquellos que carecen de programa porque sólo saben negar derechos conquistados, degradar a las mujeres, culpar a los pobres de su infortunio, perseguir a quienes huyen de la muerte en el mar y en el desierto,…Acercarse a esa crueldad no es, ni puede ser jamás, centrismo. ¿Se puede ser liberal y centrista apoyando a los neofranquistas? ¿A qué no? Estoy seguro de que no solo lo sientes, sino que también lo sabes.

Admíteme, por favor, una sugerencia: alejaos de quienes os traicionan. La izquierda, que un día os faltó al respecto, hoy os respeta. Sí. Madrid os necesita. Y [email protected] necesitáis también salir del foso de irrelevancia donde la inexperiencia de vuestros anteriores líderes os ha llevado. Vuestra presencia política central sería una bendición para [email protected] Habrá poder para compartir, porque el poder es patrimonio social. Sabedlo. Díselo a quienes de los tuyos se encuentran hoy sin saber qué hacer, ni hacia dónde ir; a los que dudan entre integrarse con los corruptos, que os van a despellejar; entregarse a los irracionales de las banderitas en la pulsera y el odio en el corazón; y marcharse a su casa. Hay un lugar en la política para el centrismo. Madrid os brinda en sus urnas una ocasión de oro. Nadie os pide que os hagáis de izquierda. Solo se os pide que seáis centristas. Vuestra presencia política y moral es necesaria. Empecemos por [email protected] dos a amistarnos: aquí está mi mano, amigo centrista.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.