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Resiliencia vecinal


  • Escrito por Javier Cuenca
  • Publicado en Opinión

La resiliencia es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos, y no se me ocurre mejor momento para hablar de resiliencia que ahora. Después del año que llevamos, nos hemos convertido en duros resilientes, si pero no pensamos acostumbrarnos a esta situación y vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para darle la vuelta. Hoy lo primordial es la salud, pero hay que empezar a pensar ya en futuro o más bien en presente. ¿Cómo no hacerlo si el panorama se llena de familias hacinadas en pisos y sin ingresos, de ERTEs que se prolongan y que en muchos casos se demoran hasta en tres meses para poder ser cobrados y de negocios y tiendas de barrio que desaparecen?

Desde el inicio de la pandemia las asociaciones vecinales hemos tejido redes de apoyo mutuo. No partíamos de cero, nuestra implantación en los territorios y nuestra historia avalan que desde siempre hemos ejercido la solidaridad con quienes nos han necesitado.

Ya en anteriores crisis económicas muchas asociaciones crearon grupos de apoyo mutuo formando despensas solidarias, y muchas otras organizaron periódicamente “operaciones Kilo”, en las que, a través de la colocación mesas en las puertas de supermercados o zonas de paso a mercados recogíamos alimentos no perecederos.

Se cumple un año desde que a nuestras vidas llegó el Covid.

En los primeros momentos tuvimos que improvisar para hacer frente a todo lo que se nos venía encima. Entonces nos fijamos un objetivo principal: tratar de paliar las necesidades de nuestros y nuestras vecinos y vecinas. Pasados los primeros días pusimos a disposición de nuestros barrios y municipios toda nuestra infraestructura, no solo la humana sino también nuestros locales, muchos de ellos alquilados y pagados con las cuotas de las personas asociadas y otros tantos dependientes de espacios cedidos en muchos casos por el Ayuntamiento de Madrid. Un Consistorio que, paradójicamente, cuando nuestro labor en los barrios estaba siendo más necesaria y reconocida incluso internacionalmente, nos dejó tirados. Algunas juntas municipales incomprensiblemente nos ponían trabas e incluso nos anunciaron que teníamos que abandonar esos espacios. Al mismo tiempo, asistimos atónitos a la negación de permisos en alguna zona de Madrid para colocar mesas a la puerta de supermercados con la intención de recoger alimentos con los que poder llenar neveras. No se entiende que la Administración, que es responsable en última medida de la vida de la ciudadanía, vaya a contracorriente y ponga trabas a nuestra labor altruista. ¿Por qué justo ahora nos dificulta esta tarea, una labor que solo persigue ayudar a quienes más lo necesitan y tenemos más próximos?.

Los meses fueron pasando y las asociaciones vecinales nos fuimos adaptando a las necesidades. Comenzó el curso escolar en septiembre y entendimos que a muchas familias les iba a costar hacer frente a los gastos de material, cuadernos, pinturas y mochilas... después llegó la Navidad y nos pusimos a recoger juguetes: no podíamos dejar a nuestros pequeños vecinos sin un regalo.

Por el camino se nos acercaron personas que tenían serias dificultades para comprar medicinas, así que iniciamos una campaña para costearlas. Es duro saber que hay quienes realmente están desamparadas y ven peligrar su salud al tener que elegir entre comprar medicinas o hacer frente a otros gastos ineludibles en su día a día. No se entiende cómo permiten este desamparo las distintas administraciones, que tendrían que ser responsables de que nadie se quede ase excluido.

Las asociaciones vecinales seguiremos buscando soluciones, desde el apartidismo, intentando convencer a quienes gobiernen que nuestro compromiso social es con quienes tenemos a nuestro lado en el rellano de la escalera, en el edificio de enfrente o tres manzanas mas allá de nuestra casa. En definitiva, es con nuestras vecinas y nuestros vecinos y en este marco exigimos cosas como el refuerzo de la atención primaria, la construcción de ambulatorios donde no existan o el refuerzo de los Servicios Sociales que atiendan a quienes por diversas circunstancias se quedan fuera del sistema.

Por delante tenemos, como mínimo, el objetivo de seguir paliando los problemas que nos llegan, y por ello apelamos al sentido común de quienes nos gobiernan, para que, si no desean colaborar, al menos no se nos pongan palos en las ruedas. La cruda realidad de nuestros barrios y municipios es que muchas familias están pasando por situaciones muy difíciles y no podemos quedarnos sin actuar.

Cuando actuamos, no solo ayudamos a vecinos y vecinas a salir adelante, estamos construyendo barrio y comunidad. La solidaridad une mucho y genera una poderosa energía que es capaz de mover montañas.