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EL PERIÓDICO
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Carta a un votante asiduo del PP


Saludos, desconocido votante asiduo del Partido Popular. Te hablo desde la izquierda ideológica, pero me dirijo a ti en calidad de madrileño. Como llevamos demasiado tiempo de espaldas, quiero girarme hacia ti y ayudarte a conocerme, para que sepas realmente cómo soy y cómo pienso, en el supuesto de que ello te interese, siquiera un poco. Si ello te resultara útil, me gustaría mucho que tú hicieras luego lo mismo.

Nuestras diferencias ideológicas son, con certeza, evidentes. Tú votas desde casi siempre a la derecha y yo lo hago a la izquierda. En los últimos tiempos, en muy pocas ocasiones hemos sido capaces de cambiar el sentido de nuestro voto. Nada más lejos que sugerirlo siquiera, ahora que nos hallamos a un mes de acudir a las urnas para determinar quién ha de gobernar la Comunidad de Madrid. Pero quisiera, más adelante, hacerte una proposición.

Pese a nuestras diferencias, me permito suponer que, implícitamente compartimos, algunas cosas: por ejemplo, un amor semejante por nuestra región. Por lo cual no creo que haya muchas dudas a la hora de valorar conjuntamente tú y yo ese precioso collar de gemas que se cierne alrededor de Madrid. Permíteme que lo evoque: Alcalá de Henares, capital cultural de España y de la Europa Moderna, cuna de Miguel de Cervantes, alma mater de grandes literatos y científicos como Lope, Quevedo, Huarte de San Juan; San Lorenzo de El Escorial, “máquina de piedra y sueño”, que escribiera el poeta, rectora de la Europa renacentista y de un continente allende el océano, con las deslumbrantes figuras intelectuales de Benito Arias Montano, fray José de Sigüenza y Juan de Herrera; Aranjuez, ribereño jardín central y palaciego del país, edén del pintor catalán Santiago Rusiñol; Manzanares el Real, patria de poetas, castillo renacentista en la falda de esa imponente mole pétrea, tan de todos, que llamamos La Pedriza; Rascafría, con El Paular, tesoro en un entorno de bosques, agua y silencio, a los pies de Peñalara; Buitrago, villa de piedra amurallada atalaya del buitre; Patones, reino chico de grandes gentes; al Este; Villarejo de Salvanés, fortaleza imponente; Rivas Vaciamadrid, al sureste, polo de progreso cívico y Perales, enclave con sabor morisco; al Sur, Chinchón, decana plaza hispana, cabeza del agro circundante; Morata de Tajuña, escenario de batallas heroicas; Batres, lar castellano del impar y de amores dolorido Garcilaso de la Vega, en las riberas del Guadarrama; y al Oeste, Cadalso de los Vidrios, solaz del infortunado Álvaro de Luna… Todo ello cargado de historicidad, tachonado por cielos altos, habitado por laboriosas gentes y horizontes donde el verdor de las dehesas y el oro de los trigos germinan por doquier.

Una estupenda región

Seguro que coincidimos en que tenemos una estupenda región, donde la sierra y la llanura se dan la mano en una fértil amistad. El copioso acuífero que se extiende desde Torrelaguna hasta Aranjuez y cruza hacia la toledana Talavera –de una riqueza extraordinaria- es uno de los tesoros hídricos de España y de nuestra región, que tiene en el Cerro de los Batallones y en numerosos otros enclaves joyas arqueológicas de una extraordinaria riqueza y variedad: datan de cuando Madrid era un vergel en la sabana, donde gozaban de su existir enormes paquidermos que hoy llevan el adjetivo de matritensis

De economía, seguro que sabes más que yo. Pero tengo por cierto que coincidimos en considerar que, en Madrid-región, el trabajo de miles de obreros y empleados, más la iniciativa empresarial, edificó en su cinturón capitalino un emporio industrial potente y rico, pulmón del país, que figura entre los de cabeza de la Unión Europea: (no sé si sabes que en el área sureste capitalina se ubica una riqueza yesífera que convierte a Madrid en la primera potencia mundial en mineral de sepiolita). Bien conectada por carretera y ferrocarril la región, el aeropuerto Adolfo Suárez es de los más fluidos del continente. Construcción, infraestructuras, automoción, telemática, así como Comercio, Turismo y Deporte, casi todos los sectores económicos tienen aquí sus lares. Hoy es, asimismo, pujante sede del sector terciario o de servicios.

Cuenta la Comunidad de Madrid, además, con el agro del eje Campo Real-Arganda-Nuevo Baztán, denominado granero secular del Imperio español, ya cerca de la Alcarria- que es, también hoy, potente vector de riqueza: aceite-aceitunas, vino, cereales, fruta... Como ejemplo, las lechugas cultivadas en el sur de la región, se suministran copiosamente a todas las cadenas de comida rápida de media Europa. Forestalmente, la región es una verdadera superpotencia, empero bastante dañada por la tremenda nevada del pasado mes de enero.

Nada de esta riqueza sería posible sin una demografía en la que la inmigración desempeña un papel de extraordinaria importancia. Sin las tasas de natalidad que la población inmigrada aporta sería imposible reponer la nuestra, habida cuenta de la declinación persistente de la natalidad en la población, digamos, autóctona. La fuerza de trabajo que la inmigración trae consigo es decisiva para mantener el rango económico de la región.

Te hablaré de mi modo de vida. Al igual que tú, supongo, vivo de mis manos. Mi existencia es, tras el jubileo, relativamente llevadera: cincuenta años de trabajo me han hecho merecerla; pero sé, como seguro que tú también sabes, que hay un sector muy importante de la sociedad, hoy ya mayoritario y joven, que no vive bien; aunque tenga trabajo, vive mal; incluso, muy mal. Como ese amplio joven sector social, al que yo llamo clase social, es mayoritario y yo soy demócrata, es decir, entiendo que ha de ser la mayoría, con respeto por las minorías, la que rija los destinos del país y de la región, la procura del bienestar de esa clase social mayoritaria, que también es la mía, ocupa la principal de mis obligaciones como ciudadano.

Hay, desde luego, otras clases sociales. Y el juego de intereses distintos determina, casi siempre, una confrontación. Y ello porque una clase, casi siempre minoritaria, suele desempeñar cierto tipo de dominio mientras la otra, la mayoritaria es, en la práctica, subalterna respecto de aquella. Y lo es en términos de poder, económico, político o social. Para corregir ese desequilibrio, parto de la idea de una necesaria igualdad de todos, desde luego, los madrileños incluidos. En esto coincido con otras corrientes y doctrinas, sin ir más lejos, con el cristianismo, el ecologismo o el feminismo, creencias, convicciones o doctrinas que tal vez compartas. Libertad de conciencia y de creencias son para mí, un principio convivencial básico, al igual que la libertad de expresión estrechamente vinculada al derecho a la información.

Por todo ello creo que el arranque a la vida ha de ser igual para todos y todas. Las citadas condiciones económico-sociales, más las circunstancias vitales, también el esfuerzo personal y la suerte, señalarán posteriormente una serie de diferencias que desigualarán a unos y otros. Pero, de partida, ese igualitarismo, en el amor, la propiedad y en el poder, es una suerte de principio básico de mis convicciones. Con una precisión: para mí, igualdad y uniformidad no son lo mismo. Hombres y mujeres, por ejemplo, han de ser socialmente iguales ante la ley, el trabajo, el salario, las oportunidades, los derechos y los deberes…; pero, antropológicamente, de manera evidente, no son uniformes, no adoptan la misma forma. Y una iguala, digamos, mecánica y uniforme entre unos y otras es para mí algo tan impensable como indeseable. Lo importante es averiguar quién de ellos y ellas ocupa qué posición social en la frontera entre el dominio y el ser dominado y por qué razón surge esa distinción excluyente, para tratar de corregirla. Con relación a las mujeres, creo que no necesitan ser madres para ser, desde siempre personas, en una paridad social, económica y política con el hombre que hoy aún no existe. También creo que mi voto puede contribuir a nivelar este hondo desajuste.

Para materializar esa convicción igualitaria creo que sirve principalmente la política. Y, dentro de ella, mi participación y mi voto. Por eso voy a votar a la izquierda. Creo que hacerlo es una garantía democrática, es decir, sirve para que los intereses sociales mayoritarios sean defendidos desde las distintas instancias del poder, Gobierno regional incluido. Tanto la Igualdad, como el Empleo, la Sanidad, la Educación y la Cultura son, para mí, sagrados. Con mi voto veo que pueden quedar asegurados en mayor y mejor medida que el de otras opciones electorales en escena.

Mis puntos de vista sobre la familia son básicos: es una unidad grupal fundamental, que nos enseña a vivir en sociedad. Nos socializa. Y como toda sociedad, está sometida a cambios. Creo que la autoridad paterna debe ser semejante a la materna, en el sentido de la autoría: padres y madres son autores de una traza vital de experiencias que ceden a la prole que, con ella, se pertrecha para afrontar la vida. Pero hay otras fuentes de socialización; instituciones como la Escuela, la Universidad, la Cultura en sentido amplio, más el Estado, por ejemplo; y una serie de actividades, como la Política, que es lo que a ti a mí más nos aleja.

Estoy bastante preocupado al respecto. La crispación desatada en los últimos años oculta las posibilidades benéficas que la actividad política y parlamentaria, hoy tan necesarias, nos puede brindar a todas y todos, si admitiéramos que ha llegado la hora de la concordia: la guadaña imparable de la pandemia nos exige dejar a un lado la bronca, arremangarnos y colaborar para atajar la muerte, la enfermedad y los contagios. Y afrontar la precarización de nuestras vidas, que nos ha mermado a todos. Tenemos la obligación moral de consensuar políticas de solidaridad que nos protejan contra el infortunio sufrido y el por sufrir que nos aguarda a la vuelta de la esquina. Colaborar en la resolución de esta plaga no va a anular nuestros diferentes criterios ni los discordantes puntos de vista; pero, ahora, estos deben quedar a un lado. Hay que renovar las instituciones; mantener la protección social del trabajo conseguida hasta ahora; ponerse de acuerdo en la distribución sensata y democrática de los recursos que Europa nos va a enviar –que proceden también de nuestras contribuciones a la UE-; y, sobre todo, debemos sentarnos a dialogar y decidir de cuál dimensión de la economía va a vivir nuestro país en los años venideros y cómo Madrid, nuestra región, va a encarar estos retos. Es preciso erradicar los insultos, las broncas, el griterío y, sobre todo, el odio, de nuestra relación derecha-izquierda. Casi todas las pasiones suelen propiciar algún beneficio o placer; pero el odio solo sirve para arrasar, devastar y destruir los ánimos y atizar la confrontación.

Un tiempo nuevo

Creo sinceramente que debemos olvidar las expectativas de actuación que, sin informarnos previamente, nos atribuimos unos a otros entre la derecha y la izquierda. Aunque asumamos cada cual nuestra historia, respeto que, como gentes de bien, nos honra, no somos responsables de los errores o arbitrariedades en las que pudieron incurrir nuestros correligionarios hace ya más de ochenta años. No se trata de caer en la desmemoria –es de justicia moral y antropológica dar sepultura y despedir a los muertos insepultos-; se trata de aceptar que los contextos han cambiado y que tenemos la obligación de explorar vías de acuerdo, porque el reto que tenemos enfrente es descomunal.

Por eso ahora te propongo, votante asiduo de la derecha, pedirles conjuntamente a nuestros respectivos dirigentes políticos que, pese a verse enfrascados hoy en las vísperas electorales, colaboren solidaria y políticamente, como ya lo hicieron con éxito en la Transición, para atajar el desafío de la pandemia y la devastación causada. Creo que es una petición justa, una demanda urgente y benéfica para todos. Te ruego que me ayudes en esta meta. Independientemente de quién venza en las urnas, es hora de inaugurar un tiempo nuevo, de cooperación y de avance, donde incluso la brisa fresca de la comprensión mutua pueda recobrar un espacio en nuestros ánimos. Espero tu respuesta.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.

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