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El 14 de abril entre dos elecciones


Trágica huida de los derrotados en la guerra civil. Trágica huida de los derrotados en la guerra civil.

La conmemoración de los 90 años transcurridos desde la proclamación de la segunda república se produce entre dos consultas electorales; ello nos permiten reflexionar acerca del uso político del pasado. En las dos convocatorias prevalecen dos posiciones contrarias al espíritu, a la identidad y a la memoria republicana que se encarnó el 14 de abril.

El 14 de febrero hemos tenido unas elecciones catalanas en las que el bloque independentista ha salido reforzado. Bien es cierto que la primera fuerza en votos ha sido el Partido de los socialistas de Cataluña, pero el número de escaños entre Erc, Jpc y Ciu forman una mayoría parlamentaria que hace viable una investidura. La posibilidad de un acuerdo transversal entre las izquierdas catalana y española, como apoyan los comunes, no avanza. Y no avanza, entre otras razones, por la forma en la que ERC lee la historia de su partido y de su país, y como interpreta su relación con España.

Invito al lector a recordar el último mitin de Erc antes del 14 de febrero. En el mitin aparece un video sobre los 90 años de existencia del partido. Toda la interpretación del pasado remite a un conflicto entre Cataluña y España donde sólo cabe recuperar la libertad, la dignidad y la propia identidad, accediendo a una soberanía plena, a la constitución de un Estado propio en forma de república.

Cuando se pregunta a los dirigentes de Erc por su relación con el resto de las izquierdas españolas siempre contestan que es de absoluta fraternidad y empatía, tienen la máxima solidaridad con los otros, siempre y cuando quede claro que son otros, que son distintos, que forman parte de un Estado del que ellos no quieren formar parte.

Asunto distinto ( y no es pequeña cuestión) es si los pasos hasta conseguir tener ese Estado propio requieren un ritmo u otro, unos aliados u otros, pero la hoja de ruta es la misma para todos los independentistas. Tratan de ir ganando una mayoría social imbatible que haga inexorable la independencia.

Ante este proyecto secesionista los que añoramos la cultura republicana debemos preguntarnos si esta era la república del 14 de abril.

La respuesta es evidentemente negativa. Este no era el proyecto de Prieto, de Fernando de los Rios, de Azaña o de Negrin. Para ellos república era sinónimo de democracia, de libertad, de poner la nación en marcha, para sacarla de la corrupción de la monarquía y del poder de la Iglesia católica, para superar la alianza entre el trono y el altar. República era poder civil y laicidad; república era conseguir una alianza histórica entre el republicanismo catalán y el liberalismo español.

De ahí la importancia de recordar este 14 de abril la reflexión de Azaña sobre las causas de la guerra civil. A Azaña no le preocupaba únicamente el abandono de las democracias europeas con la criminal política de no intervención, le desazonaba igualmente la insolidaridad de los partidos nacionalistas periféricos en plena guerra civil. A su juicio habían sido desleales.

En la obra ENTRE ITACA A ICARIA, un libro de gran interés, en el que participan Joan Tarda y Xavi Domenech, publicado en el 2019, antes de esta terrible pandemia y antes también de las elecciones del 2019, Joan Tarda habla de una catalanofobía que afectaría al republicanismo español incluyendo a Azaña y a Negrín(p.166)

No es ésta mi lectura de Azaña ni la que creo corresponde con lo ocurrido en los años treinta. Si alguien intentó afrontar el problema, si alguien consideró que no se trataba sólo de conllevar, como pensaba Ortega, sino que era el momento de encauzar el problema político enquistado por la monarquía, ese fue Azaña. Pero Azaña era un patriota español que consideraba imprescindible aunar la unidad y la pluralidad, la libertad y la diferencia, el reconocimiento y la solidaridad. De ahí que si alguien representa bien el patriotismo constitucional, que tan brillantemente ha defendido Jurgen Habermas, sea justamente Manuel Azaña.

Es imprescindible recordarlo este 14 de abril frente a los que piensan que había incurrido en la catalanofobia y frente a los que pueden triunfar en las elecciones del próximo cuatro de mayo en la comunidad de Madrid. El no al separatismo, el no al independentismo, el no a la secesión no implica el sí al uniformismo, el sí al centralismo, el sí a la homogeneización.

Cuando uno piensa en el hombre nacido en Alcala de Henares, en el estudiante en El Escorial, en el ateneísta insigne, no puede sino interrogarse ¿qué pensaría acerca de esta propaganda electoral que habla de una “manera madrileña de existir y de vivir, de ser y de comportarse”? El Madrid que vive la república, el Madrid del 14 de abril, el Madrid que resiste heroicamente durante tres años, ese Madrid es un Madrid que hereda lo mejor del liberalismo y del republicanismo, del espíritu de la Institución libre de Enseñanza y de los valores del movimiento obrero organizado. No tiene nada que ver con esta libertad de la que habla la derecha en sus mitines.

Celebramos esta conmemoración del 14 de abril en un momento dramático, viviendo una crisis sanitaria sin precedentes y ante una crisis económica de la que todavía no podemos imaginar sus consecuencias, pero también lo hacemos entre dos convocatorias electorales. En la una siguen primando los separatistas que pretenden imponer una voluntad tergiversando un pasado en el que llegan a acusar a los líderes republicanos de catalanofobia. En la otra convocatoria se juega el sentido de la memoria. No en balde las elecciones se celebran en este Madrid donde el mundo liberal-conservador abomina del experimento republicano como un experimento totalitario, excluyente y dictatorial. Un pasado que no paran de denigrar hasta querer borrar de la memoria Indalecio Prieto y a Francisco Largo Caballero.

Por ello es importante recordar que el cuatro de mayo no sólo discutimos sobre fiscalidad, servicios públicos o dependencia. Siendo como son temas esenciales estamos llamados a discutir también sobre qué queremos hacer con el pasado, con la memoria y con la historia. Estamos abocados a una batalla sobre el sentido de las palabras. República, democracia, laicidad, unidad, nación, olvido, reconciliación, soberanía y solidaridad son palabras sujetas a controversia, a disputa, a una lucha por contraponer significados distintos para el mundo liberal-conservador y para el mundo republicano-socialisa.

La derecha llama a elegir entre socialismo o libertad. Es el momento de recordar lo que socialistas y republicanos entendían acerca de la libertad de cátedra, la libertad de creencia, la libertad de expresión, la igualdad ante la ley, la igualdad de oportunidades y la igualdad de resultados. Y es el momento de recordar también por qué hablaban de una republica laica y de una república de trabajadores. Es el momento de recordar por qué representaban la mejor España, la España que nunca cayó en la catalanofobía y nunca impuso la uniformidad.

Puede que esta memoria republicana sea minoritaria en Cataluña y en Madrid. Razón de más para no olvidar la difícil tarea que tenemos por delante frente a los dos nacionalismos que se refuerzan y se retroalimentan. Sin el independentismo Vox no habría crecido y sin un PP, dispuesto a normalizar a la ultraderecha, el independentismo no seguiría incrementando su apoyo. Es el momento de enarbolar orgullosos la bandera de una república laica, democrática, y solidaria.

Catedrático de Filosofía Política de la Uned.