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Las universidades en Madrid: presente y futuro


LAS ELECCIONES DEL 4 DE MAYO COMO TELÓN DE FONDO

Sabio es el que sabe cosas provechosas, no el que sabe mucho.

Esquilo

La campaña para las elecciones autonómicas del próximo 4 de mayo, se ha enfangado y está traspasando líneas rojas que en modo alguno, se deberían permitir en una democracia consolidada. Ya es de por sí irritante, cansino y produce una sensación de hastío, las constantes provocaciones, el ruido, la furia y la simplicidad insultante de algunos mensajes.

Más cuando entran en liza amenazas de muerte y sobres con balas… lo que está seriamente en peligro es la democracia misma. No sólo es vital, sino políticamente decente, responder con contundencia y con unidad democrática a esas amenazas totalitarias, fascistoides y propias de matones.

Me había propuesto reflexionar sobre las universidades en Madrid… y cómo se habría de actuar para empezar a buscar soluciones a los graves problemas que padecen. Pese a todo lo que ha ocurrido, voy a hacerlo. Las universidades han sido y son un instrumento, una herramienta para el ascenso social y para propiciar una auténtica igualdad de oportunidades. Deben tener acceso a ellas quienes estén capacitados, quienes tengan vocación y méritos y quienes aspiren a prepararse para prestar servicios a la sociedad en la que viven.

Los diversos partidos políticos incluyen en sus programas algunas referencias a las universidades. Como los lectores de EL OBRERO conocen, la sanidad y la educación están transferidas a las comunidades autónomas, mas no sólo ellas. Por tanto, aunque los problemas son, en líneas generales comunes, no es poco lo que se puede hacer desde las diferentes regiones. De hecho, si echamos una ojeada, se aprecian diferencias estimables entre unas y otras, que en no poca medida dependen, de lo en serio que se hayan tomado el asunto y de la gestión de lo público que hayan llevado a cabo.

Por consiguiente, estos comentarios ‘a vuela pluma’ no son coyunturales sino que van destinados a que en el plazo más breve posible, empiecen a adoptarse las medidas oportunas… para enderezar una situación que requiere no pocos esfuerzos. Está claro que los problemas endémicos no van a desaparecer con rapidez, más es preciso iniciar cuanto antes, un haz concatenado de actuaciones tendentes a eliminar los más urgentes… y, sobre todo, los que están en nuestra mano.

De cuando en cuando, aparecen en revistas, publicaciones y medios de comunicación, listados de las universidades que han obtenido mejor puntuación y que gozan, por tanto, de excelencia. Estas clasificaciones tienen no poco de arbitrarias, más los lugares que ocupan las españolas tampoco dan pie para muchas alegrías, ya que es mucho el camino que aún nos resta por recorrer.

Procuro con cierta frecuencia leer y releer determinados pasajes de la “Divina Comedia” de Dante Alighieri. Por regla general, los críticos y especialistas suelen centrarse en el ‘Infierno’, a mí por el contrario, me interesa más el ‘Purgatorio’ y las penalidades temporales que sufren quienes esperan escapar un día de tanto 2 dolor.

Desde hace décadas, las universidades en España están en el ‘purgatorio’. Han sufrido abandono, desinterés, no han estado adecuadamente financiadas y no se ha hecho –salvo algunas excepciones- esfuerzo alguno por retener a los profesores e investigadores de valía y mucho menos, por atraer a figuras relevantes. Por otras latitudes, es relativamente frecuente, que premios Nobel o científicos, filósofos y humanistas de reconocido prestigio, transmitan en ellas sus conocimientos y experiencias, en estrecho contacto con los futuros investigadores y científicos que se están formando.

Regresemos a la Comunidad de Madrid. En los apenas dos años de esta Legislatura, el Parlamento no ha tenido prácticamente actividad, no se han aprobado los Presupuestos y, pueden contarse con los ‘dedos de una mano y sobran dedos’, las Leyes que se han aprobado. Fue, por tanto, un error de Isabel Díaz Ayuso disolverlo cuando los efectos de la pandemia aún están presentes en la sociedad madrileña.

No es por tanto, un juicio de valor apresurado decir que el PP y Ciudadanos con el apoyo de VOX, han fracasado de forma estrepitosa. Digo esto, porque el próximo día 4, es una oportunidad pintiparada para cerrar una etapa de veintiséis años de gobierno o desgobierno de la derecha, echar la persiana e inaugurar un periodo que gestione de forma distinta, lo que se lleva descuidando desde hace demasiado tiempo.

Por lo que a las universidades se refiere, en un plazo razonable pongamos dos años como máximo, habría que aprobar una Ley Autonómica que regulase el Sistema Universitario Madrileño (SUM) y elaborase las líneas estratégicas por las que éste debe discurrir.

Todo o casi todo está ‘manga por hombro’. Es perentorio reforzar los órganos de gestión y de participación para planificar, diseñar y ordenar las enseñanzas universitarias.

Quiero manifestar mi opinión nítidamente. Ha de tenerse en cuenta prioritariamente que han de prestar un servicio público, por tanto, las universidades públicas han de tener primacía aunque sin olvidar, en absoluto al 3 resto.

Recientes acontecimientos han puesto de manifiesto que hay que revisar a fondo e introducir cambios en los criterios para la autorización y el régimen de funcionamiento, a fin de que no se repitan situaciones que dañan profundamente el prestigio de alguna universidad que ha incurrido en prácticas irregulares –por no decir corruptas-. Es intolerable y por tanto, hay que plasmar las exigencias de funcionamiento democrático en una Ley Autonómica.

No es momento de extenderse en demasía, mas la financiación también, debe contemplarse en esa Ley. Un modelo de financiación plurianual me parece el más indicado. Para cerrar, lo concerniente a la Ley Autonómica que regule el Sistema Universitario Madrileño, quisiera manifestar que las universidades han de abrirse mucho más, establecer contactos y participar en el Espacio Europeo de Educación Superior.

Habrá quien no considere lo antes expuesto esencial, pero cualquier reforma que se acometa debe partir de un diagnóstico riguroso, de una participación de la comunidad universitaria y de los agentes sociales y de una hoja de ruta clara, por lo cual es muy necesario que dispongamos, lo antes posible, de un instrumento regulador que habrá de ser esa Ley de la que venimos hablado. Invito expresamente a los lectores, a consultar los programas electorales de los diversos partidos políticos que concurren a estas elecciones. Creo que hay que fijarse especialmente en aquellas medidas concretas y en la credibilidad que nos merece quienes las formulan.

Con respecto a las universidades de nuestra región, creo que es una posición harto peligrosa la de reducir todo al valor económico, como se hace en tantas ocasiones. El paso por una facultad no sólo debe proporcionar conocimientos sino un buen bagaje de experiencias y un contacto con las innovaciones que se están llevando a cabo en cada sector. Hay que superar muchos obstáculos pero algunos seguimos pensando, que bajo ningún concepto, hay que permitir que las universidades públicas sean secuestradas por los poderes económicos. Quisiera recordar, porque creo que viene al caso, unas palabras de Michel Foucault: “no corresponde nunca a la estructura de las cosas garantizar el ejercicio de la 4 libertad. La garantía de la libertad es la libertad”. Es oportuno traer esto a colación cuando con una falta de precisión enorme, se hace un uso espurio de la libertad, sin respeto alguno por los sacrificios que ha costado obtenerla y disfrutarla.

Algunas medidas que estimo oportunas, deben adoptarse además con carácter inmediato. Sin ir más lejos, la equiparación de los precios públicos de los Másteres a los de Grado. No creo que haga falta insistir mucho en que para algunos estudiantes y familias, el elevado precio de los másteres constituye un muro infranqueable.

Asimismo, sería una idea excelente que la Comunidad de Madrid incrementara notablemente el número de becas universitarias. Es más, que las gestionara directamente y que pusiese en marcha una línea de becas-salario, a fin de evitar que nadie quede fuera por motivos socioeconómicos.

No cabe duda que con respecto a la igualdad de género, se han producido en la sociedad pasos firmes pero insuficientes. Me gustaría que en los órganos colegiados de libre designación hubiera una presencia de, al menos, el 40% de mujeres y que se concretase este objetivo para evitar que se incumpla tal y como viene sucediendo con tantos otros.

Podríamos seguir enumerando una serie concatenada de medidas necesarias y me atrevería a decir que urgentes. De entre todas ellas, creo que es oportuno destacar una. Algunas universidades públicas disponen de unas Oficinas de Emprendimiento -con esta u otra denominación-, que tienen como una de sus principales finalidades facilitar la transferencia de conocimientos. No es aventurado afirmar, ni que están infradotadas, ni que no se extrae de ellas ni la décima parte de beneficios y expectativas que podría obtenerse. No sólo son un instrumento para facilitar la inserción en el mundo laboral sino que poseen una proyección de futuro, eso sí, bien utilizadas.

He reservado para el final la que quizás considere la medida de mayor calado. Que es poner en marcha un plan de choque contra la precariedad destinado a captar y retener al profesorado de alta calidad, así como mejorar las condiciones docentes y laborales del P.D.I. (Personal docente investigador).

Estas y otras medidas dependen no poco de la firme voluntad de ponerlas en 5 práctica. Por eso, es importante ir a votar y hacerlo por aquellas opciones que se hayan hecho merecedoras de nuestro apoyo y que busquen, a corto y medio plazo, la mejora objetiva de las universidades de la región, especialmente las públicas. Es, asimismo, necesario estar atentos a las demandas y exigencias de la sociedad.

Espero que hayamos extraído algunas consecuencias de la pandemia que nos ha azotado y que aún no hemos superado. Estimo que es urgente que la transición ecológica llegue a los programas de las facultades implicadas, porque de ella depende, en no poca medida, contribuir a frenar el deterioro del Planeta pero, también, nichos y oportunidades de empleo. Lo mismo ocurre con la biomedicina, cuyos estudios han experimentado una cierta mejora, mas están lejos de lo que la sociedad demanda y en general, incorporar de forma mucho más efectiva, el cambio tecnológico y las posibilidades que conlleva.

Haríamos bien en evitar la dinámica de confrontación y en pensar, con preocupación, en la situación de deterioro de las universidades públicas o lo que es lo mismo, en el futuro de nuestros hijos y nietos. Es necesario pasar de las descalificaciones de barra de bar a un comportamiento cívico, que valore lo que está en juego. En una democracia, con el ejercicio del voto pueden cambiarse más cosas de las que parece.

Hemos de informarnos primero, contrastar programas y medidas después, tomando una decisión que no está muy alejada de optar entre democracia y populismos retrógrados y fascistoides.

Propongo que vayamos a votar y que lo hagamos por quienes apuesten por el futuro y logren poner un poco de ilusión en nuestro horizonte de esperanza tan maltratado y herido en los últimos años.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.