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EL PERIÓDICO
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La táctica del golpe de mano en tiempos del populismo


«más de ciento, en horas veinticuatro, pasaron de las musas al teatro».

Lope de Vega.

Asistimos al predominio de la táctica sobre la estrategia y de lo efectista frente a lo efectivo en el marco del populismo. Una táctica de diseño, la publicidad y el relato en la sociedad de consumo digital, que trasciende más allá de la política.

Así, la iniciativa de la Superliga en poco más de dos días ha pasado de ser un golpe de mano con aparentes posibilidades de éxito por parte de los triunfadores habituales, a convertirse en un fracaso estrepitoso, fundamentalmente debido a la contestación de los aficionados, mayoritariamente ingleses, ahora entre relegados y confinados, con cuyo protagonismo ya nadie contaba.

Los que sí se consideraban protagonistas exclusivos en este caso eran los presidentes de los equipos de fútbol más señeros de Europa, bien por glorias pasadas o éxitos presentes, pero sobre todo por potencia económica y de imagen, que decidieron estsblecer una liga privada al margen de los aficionados y de las federaciones y las ligas existentes.

Sin embargo no ha sido solo la reacción de las instituciones del fútbol, ha sido la respuesta sobre todo de las aficiones y de algunos gobiernos europeos concretos, entre los que no estaban los aficionados españoles ni el gobierno español, los que se han movilizado para forzar la retirada precipitada de los clubes ingleses e italianos, dejando luego solos a Real Madrid y al Barcelona.

El argumento, a decir de sus protagonistas, simple y llanamente, consistía en responder a una situación económica crítica casi sistémica de sus equipos, acentuada aún más como consecuencia de la pandemia. Se trataba de la alternativa de una superliga que garantizase un espectáculo global y la organización de los propios clubes, al margen de intermediarios y controles de ligas y federaciones, cuestionadas por ineficaces y corruptas.

Es decir, la mano del que sabe a la que le basta una coalición de los grandes equipos, sin mediadores y tan solo con la participación de alguna que otra encuesta legitimadora entre sus aficionados.

Nada diferente de lo que está pasando en otros ámbitos de la economía en que los poderosos pretenden emanciparse frente a sus trabajadores, su entorno y responsabilidad social y fiscal e incluso de sus representaciones democráticas, con el manido argumento de la ineficacia y la corrupción de los otros.

Por eso, lo que no aparecía por ninguna parte de su liga eran los futbolistas y la afición, que como parte esencial del deporte se daban por sobreentendidos, ni el diálogo y ni siquiera la respuesta a las posibles reacciones del resto de los equipos menos grandes, medianos y pequeños, de sus instituciones representativas y de los gobiernos europeos implicados.

Sin embargo, lo que no se tuvo en cuenta es que el ambiente estaba caldeado con una serie de decisiones acumuladas que apuntaban al monopolio absoluto del espectáculo televisivo y sus prioridades de audiencia sobre el deporte del futbol y las aficiones. A ello se añadía la situación anómala de ausencia del público en las gradas como consecuencia de la pandemia y la consiguiente desconfianza ante las decisiones sobrevenidas. En definitiva, una gestión exclusivamente técnica derivada de la ficción de un espectáculo y un negocio sin la encarnadura de los seres humanos, sus identidades y su emotividad.

No es el único ni el primer golpe de mano fracasado a lo largo de esta pandemia y en el contexto además de un clima populista, no solo en lo político, también en los medios de comunicación o en las redes sociales. Tampoco faltan precedentes de patinazos como éste en el ámbito de la economía ni en el de la política, incluso en condiciones de normalidad. Ni lo han sido las resistencias inesperadas, precisamente donde parecía que ya no quedaba capacidad de respuesta.

El más sonado ha sido el golpe de mano de la extrema derecha populista en los EEUU, cocido a fuego lento en el malestar social de la América profunda y el de un racismo sistémico, y después de cuatro años la respuesta del pueblo americano y en particular de sus organizaciones civiles y de los votantes demócratas frente al golpe de mano del trumpismo y su símbolo antidemocrático más extremo, el asalto violento al Capitolio. Antes, a Donald Trump todo le había parecido posible, hasta que le volviesen a dar la mayoría, incluso después de haberles disparado en la Quinta Avenida. Pero el golpe de mano trumpista finalmente ha fracasado, al menos por ahora.

Otro ejemplo, más cercanos en nuestro espacio, ha sido el golpe de mano negacionista de la moción de censura de la extrema derecha y de su aliado social motorizado de la clase alta del barrio de Salamanca y del político del gobierno de la Comunidad de Madrid contra la gestión del gobierno de coalición de la pandemia, cosa que inicialmente ha terminado en un fiasco y en la ruptura del tándem del PP con Vox y con la imagen del aparente giro al centro de Casado.

En el espectro contrario, está la más reciente moción de censura en Murcia, promovida por el PSOE y Ciudadanos que finalmente ha provocado el efecto contrario al que se habían propuesto, con la consolidación de la alianza de gobierno de López Miras y la entrada en el mismo de la extrema derecha. Una derrota más importante que el enredo de bodevil de la moción de censura.

Sin embargo, el golpe de mano más reciente es la convocatoria electoral anticipada en la Comunidad de Madrid con la excusa de una moción de censura en ciernes. En realidad se trata de un giro táctico para la refundación trumpista de la derecha, acariciada desde casi el mismo momento del comienzo de una investidura soportada en un gobierno de coalición fallido con el apoyo de la extrema derecha.

Pero quizá, lo singular en un contexto de pandemia, no sean tan solo la existencia de estos bruscos golpes de timón, sino su frecuencia cada vez mayor, la aceleración vertiginosa de los acontecimientos, su impacto público, así como la intensidad de la reacción provocada y la magnitud de su fracaso de una dimensión casi estratégica.

En política tampoco parecen haberse valorado suficientemente el contexto de las decisiones y sus posibles debilidades, las garantías legales y las más que previsibles reacciones tanto locales como generales. En resumen, los riesgos, la complejidad y la incertidumbre. También en política se alude a una situación crítica de los gobiernos o bien a sus casos de corrupción para argumentar la moción de censura. Pero tampoco aquí se tienen en cuenta la complejidad del contexto y los posibles efectos en cadena. Tan solo las de los asesores políticos y estrategas de campaña, con sus correspondientes cálculos y sus encuestas.

Así se podría decir de la convocatoria de elecciones anticipadas en Madrid responde al objetivo de simplificar y refundar la derecha. Con ella, sin embargo, se pone en peligro el gobierno que todavía tenía dos años por delante y se provocan respuestas y efectos imprevisibles. Si sale adelante se consolidará la reconciliación del PP y sus hermanos separados de la ultraderecha, y con ello, el giro trumpista del conjunto de la derecha española como alternativa de gobierno. Si, por el contrario el giro fracasa, la derecha perderá su principal bastión, junto con Andalucía, y la reacción ciudadana se habrá constituido en el principal cordón sanitario frente a la ultraderecha.

En definitiva, estos giros tácticos en tiempos de pandemia y populismo se corresponden con una gestión ensimismada, carente de contexto ni estrategia. La de quienes con el confinamiento se han abstraído de la realidad, del conflicto social y de la dirección del Estado para situarse en el terreno del mero cálculo electoral o económico adornado por el relato. Una táctica, ésta de los golpes de mano en la incertidumbre, que como se ha visto tienen muchas posibilidades de salir mal, cuando no de provocar una reacción inmunitaria de rechazo frente a la mano del que sabe. Y que en todo caso impiden el gobierno del país, que se fundamenta en la complejidad y que requiere de pactos que faciliten las transformaciones a medio y largo plazo, sin la cuales es imposible el avance y la transformación social.

Algunos pensarán, haciendo de la necesidad virtud, que estos bruscos movimientos al menos han abierto los debates sobre los cambios necesarios. Puede ser que por el contrario han activado las defensas y la memoria del agravio y la desconfianza que tardarán en desaparecer. Algunos son hoy más conscientes de sus fuerzas de lo que lo eran ayer. Otros, sin embargo, habrán acentuado su desafección política. . Y los problemas estructurales habrán permaneciso entonces fuera de una agenda política sólo centrada en sus efectos mediáticos. El populismo tiende a culpabilizar a los medios de comunicación de casi todos los males pero vive instalado únicamente en esa realidad virtual, mientras la realidad democrática se debilita con el Estado que pasa a ser un elemento secundario, quedando la sociedad al albur de los que más poder económico tienen. Si no se supera este estadio populista es cuestión de tiempo que la "superliga" de los poderosos económicos se instale en la realidad social ignorando todas las estructuras de representación democráticas, lo de Ayuso es la primera operación politica en esta dirección. En La políticia electoralista y mediática el pacto siempre es visto como una traición por eso es tan preocupante el giro que ha tomado la campaña madrileña. Habría que preguntarse porqué la extrema derecha fué testimonial en nuestro país y ahora no lo es para obtener la respuesta sobre cómo combatirla y reducirla a la irrelevancia política. Desde luego que la extrema derecha obtenga una respuesta en su misma frecuencia de onda nos instala a todos en su hábitat de mayor confort. Si la respuesta de los demócratas es simplista la democracia se debilita.

Esperemos por ello que la resistencia cívica en las elecciones madrileñas también tenga efecto para bien, al igual que lo han tenido en las recientes elecciones norteamericanas. A partir de ello, la resistencia cívica necesita de una buena politica para transformarla en cambio social. La ciudadanía genera la materia prima necesaria para una buena convivencia social pero requiere de una politica a su altura y desde luego no una política populista que lo que haga es alimentarse de la crispación o de la quiebra de convivencia ciudadana. Es hora de poner punto final a este continuado estado elecotral permanente y combatir el extremismo con lo único que los va a hacer desaparecer: la construcción de un estado social y la regeneración democrática. Mas allá de todas las insuficiencias que podamos detectar esa está siendo la discreta respuesta de Biden al mensaje del electorado americano. Se ha comentado que bate records sin redes sociales ni ruedas de prensa.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.