Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La difusión de las ideas socialistas: una reflexión del pasado en este presente


Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE. Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE.

En este presente de derrota intensa del socialismo madrileño abundan ya, y abundarán durante mucho tiempo todo tipo de opiniones, reflexiones, lamentos, enfados, consejos y hasta diatribas en los distintos medios sobre las causas de lo que ha ocurrido, buscando razones internas y/o externas, tanto de los propios socialistas y gentes de izquierdas, como desde otros posicionamientos, con mayor o menor interés o acierto. Por nuestra parte, siempre hemos hecho referencia a la necesidad del ejercicio histórico no para buscar paralelismos, muchas veces imposibles y con el peligro acechante del anacronismo, sino para aportar materiales que ayuden a la reflexión, un ejercicio siempre fundamental antes de pasar a algún tipo de acción política. Los historiadores deben tener, al menos, un hueco, en el debate sobre lo que ocurre; quizás pequeño, pero hueco, al fin y al cabo.

El socialismo, tanto español como internacional, tuvo siempre como uno de sus pilares fundamentales la necesidad de la propaganda, de la difusión de las ideas entre los trabajadores. En este sentido, en mayo de 1927 se publicó en la primera página de El Socialista (número 5713) un artículo de opinión de la redacción de con el significativo título de “Necesidad y eficacia de la propaganda”.

El artículo no podía dejar de hacer referencia al viejo líder, ya fallecido, Pablo Iglesias que era, y así la historiografía lo ha confirmado, un maestro en la propaganda en todo lo que hacía, en mítines, periódicos, correspondencia, conversaciones, en comités, asambleas y juntas de las Sociedades Obreras y del Partido, en las sesiones del Ayuntamiento y, por fin, en el Parlamento. Precisamente, consideraba que la máxima eficacia del mismo estribaba, precisamente, en eso, en que desde esta tribuna se podía hacer difusión de los ideales socialistas. En definitiva, uno de los cometidos más importantes de su vida había sido ese, desde una intensa vocación pedagógica, sin duda. No había excusa alguna para el trabajo de difusión de las ideas, aunque no se fuera un buen orador, porque se podían emplear otros medios para cumplir con ese objetivo.

Curiosamente, se recordaba que Pablo Iglesias valoraba positivamente el mitin, pero consideraba que la conversación era donde se realizaba la obra más positiva, la del convencimiento, gracias a la comunicación que se podía establecer con los interlocutores. Interesante reflexión, sin lugar a dudas.

Se necesitaba formar conciencias socialistas, porque aunque hubiera pocas, ya habría organización obrera, y Pablo Iglesias siempre fue, como se puede demostrar con multitud de testimonios suyos, un abanderado infatigable por la organización, ya fuera sindical, ya política, algo que inculcó casi a fuego en los socialistas.

El artículo, por lo tanto, valoraba intensamente las enseñanzas de Pablo Iglesias, e insistía en que para los socialistas no podía haber ni un momento que perder en favor de la propaganda, no existiendo dificultades insuperables para realizarla. No valían excusas de ningún tipo, ni escudarse en las dificultades de la política local o nacional, ni en la posible apatía que se pudiese encontrar entre los propios trabajadores para justificar la pasividad.

El progreso de las ideas socialistas, aunque fuera lento, iría quebrantando poco a poco las resistencias del régimen capitalista, y por eso parecía lógico que sus defensores pusieran todos los impedimentos o dificultades para la realización de este trabajo. Pero eso tampoco era motivo para desfallecer; en vencer esa hostilidad se encontraba el mérito de los idealistas.

Una de las primeras preocupaciones había de ser la de conjurar la indiferencia y apatía de los propios trabajadores, una verdadera “enfermedad moral” que procedía de la ignorancia o de la falta de ideales. De esa apatía social sacaba fuerzas el contrincante (“enemigo”, en lenguaje de la época) para combatir al socialismo. Cada actitud indiferente o apática que se lograra despertar en beneficio de las ideas socialistas representaba un enorme potencial de fuerza que se quitaba al adversario, y que se sumaba la causa. Luchar contra la apatía era tan fundamental como luchar contra esos contrincantes. Los ideales, además, triunfarían más que por la fuerza violenta por los “estados de conciencia del pueblo”.

El periódico socialista insistía mucho en esta cuestión del clima de apatía o indiferencia, porque consideraba que era la clave que explicaba cómo el enemigo dominaba en la sociedad. Ese dominio se basaba, precisamente, en la falta de conciencia popular. Por eso, repetimos una vez más, había que trabajar en este terreno.

¿Estas observaciones o reflexiones de 1927, adaptadas a nuestro tiempo, pueden sernos útiles o no?, ¿es necesario un mayor trabajo de exposición de las ideas y programas?, ¿qué importancia tiene la conversación, la labor individual o a pequeña escala frente al dominio total de las redes sociales o éstas se podrían adaptar a esos principios que vienen del pasado? No se trata de copiar nada, se trata de reflexionar sobre uno de los propios principios del socialismo, la necesidad o vocación pedagógica, de la difusión de las ideas, o de los programas, diríamos hoy.

En conclusión, ¿lo que en aquel mes de mayo se publicó puede servirnos de inspiración en el mayo presente? Eso debe decidirlo cada lector, o cada socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider