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Comomolo y los Comolocos Tabernícolas


Isabel Díaz Ayuso sigue el escrutinio de votos en la sede del PP en la calle Génova. / Foto PP. Isabel Díaz Ayuso sigue el escrutinio de votos en la sede del PP en la calle Génova. / Foto PP.

Hace ya casi un siglo TW Adorno advertía que no tenía sentido hablar de la cultura del capitalismo, en la medida que el capitalismo es cultural. Es en sí mismo una cultura. Algo que M. Weber ya mostró para las fases de acumulación de capital (producción) y que Adorno aplicaba al incipiente capitalismo de consumo.

En todo caso el capitalismo, como buena cultura, es fuente proveedora de identidades. Somos lo que consumimos. También le llaman estilo de vida. La revolución cultural que se produce en occidente tras la segunda guerra mundial, España, Portugal y Grecia aparte, se plasma en nuevos tipos sociales, nuevas formas de expresión identitaria. En la práctica, en otras maneras de “molar” para los demás y para sí mismos. Y aunque los “comomolo” son diversos todos hunden sus raíces en el sustrato cultural del consumo. No importa la raza, no importa el color… se consume pensamiento ecologista y medioambiental como se consume un automóvil altamente contaminante. El compromiso llega hasta donde llega, de tal modo que se pensará antes en verde (aportando rasgos identitarios alternativos) que se vivirá en verde. En la práctica, los productos ecológicos son bastante más caros que los no etiquetados como tales: lo que se denomina un nicho de consumo.

Y esto tiene aplicaciones. Errejón lo sabe y utilizará el pensamiento verde excipiente para apoyarse en la tribu de los “comomolos” de todas las edades. Es un verde excipiente en la medida que puede modificar el mercado de la producción energética, pero es difícil que en Madrid dejen de consumir un pescado fresco solo por el daño ambiental de su trasporte, o en cualquier mercado disponer frutas fuera de temporada cuya única dependencia natural son las estaciones aduaneras. Está aún pendiente una operativización detallada de los electorados “comomolo” verdes excipientes pero ya existen notables ejemplos que pueden ayudar a definir el perfil psicológico y actitudinal. Es el caso de los “comomolos” nacionalistas, sean de patria hispana o bandera aparte, que encuentran la identidad personal en el grupo molar (en todos sus significados).

Una atención especial merece algunas versiones públicas destiladas por la agenda y el marco, lo que les aporta fiabilidad (consistencia) aunque dañen algo su validez (profundidad y complejidad). Así, Aznar es un famoso “comomolo” en hiperactivo, mientras que González es un “comomolo” venido a menos, al igual que Bono quien tras su última aparición sobre un olivar en Mostoles para anunciar con Zaplana la venida de un algo en defensa de la democracia anda algo demolido de medio en medio. También los medios son buena ilustración, siendo el diario El País el que ha contribuido en mayor grado al “comomolonismo” patrio, ya sea erigiendo elevadas columnas de opinión, como irrefutables altares literarios (de nivel planetario); si desea de prisa mirar a los ojos de un “comomolo” busque una foto de las tres marías, la maría plural. Que una era poco para tanta traducción. Lo estupendo de la buena literatura es que traspasa decenas de idiomas sin perder un ápice de la poesía que poseía.

La última aportación política es, como no, madrileña. ¿Pichi? Buen intento, caliente, caliente. Pistas: es alguien paritaria, que manda al gobierno que le ondulen con la “permanen” y se ha cambiado el orden de los apellidos sin pasar por el registro. Como es frecuente en la política española por cierto. Eso es, Ayuso. Y viene con acento incluido. Ella es la “comomolo” que, anticipándose a lo que vendrá por la izquierda, ha movilizado a los “comolocos” de la tribu Tabernícola. Al profesor Tezanos le dieron caña mediática precisamente por señalar algo muy interesante: el empleo de la caña como caña para pescar “comolocos Tabernícolas”. Un fenómeno muy significativo, y algo abandonado en la investigación actual, es la función de los líderes de opinión. En su momento los norteamericanos se ocuparon de las barberías y aquí lo más reciente fueron las Herrico tabernas, que ilustra el proceso inverso. En las Herrico tabernas se reunían los ideológicamente afines con algo. En este caso madrileño, las tabernas han creado un segmento electoral (“tabernícolas”) que se unen religiosamente contra el cierre del bar sagrado o tabernáculo. No atender al fenómeno “comolocos” liderado por “comomolos”, es no entender el populismo en la cultura de consumo. Con resonancias en hábitos antiguos, como atestigua los Carmina Burana. Ya saben, es el momento de escuchar In taberna quando sumus non curamus quit sit humus… Pues eso, cuando vas a la taberna no te preocupas donde sientas tu voto. Algo así o es que la cultura me confunde, como a Dinio.

Catedrático de Sociología Matemática.