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El callejón sin salida del Procés


El nuevo presidente de la Generalitat, Pere Aragonès (2d), sale tras ser elegido por mayoría absoluta en la segunda jornada del debate de investidura celebrado en el Parlament ayer viernes. El nuevo presidente de la Generalitat, Pere Aragonès (2d), sale tras ser elegido por mayoría absoluta en la segunda jornada del debate de investidura celebrado en el Parlament ayer viernes.

"En 2012 vivíamos hundidos en una crisis tremenda. ¿Qué hicimos? Sacar a la gente a la calle, para meter toda la presión posible al gobierno de Madrid y obligarle a resolvernos el problema. Nosotros no somos independentistas, ni lo hemos sido nunca. Independentistas en Cataluña, ha habido siempre desde hace un siglo. Lo que montamos nosotros fue el Procés, transformamos la reivindicación de una minoría en una reivindicación de casi la mitad del país" (Javier Cercas, Independencia)

No resulta nada extraño que a Javier Cercas le tengan en la diana de sus difamaciones. Hay muchos catalanes de relieve que denuncian la pantomima y esto hace mucho daño a los que viven del cuento. Eso mismo experimentaron quienes no comulgaban con ruedas de molino en el País Vasco y tenían que tener cuatro escoltas por encabezar las listas de un macabro exterminio. Lorenzo Silva recuerda en El mal de Corcira esa época tan bien retratada por la serie televisiva Patria, la magistral novela homónima de Fernando Aramburu.

El gobierno de Cataluña estuvo monopolizado por el pujolismo, salvo un pequeño paréntesis que protagonizó Pasqual Maragall gracias al concurso de una Esquerra republicana encabezada entonces por Josep-Lluis Carod Rovira. Dicho sea de paso y entre paréntesis, este aprovechó su cargo como vicepresident de la Generalitat para decirle a ETA que no asesinara en Cataluña, porque después de todo no era España.

Maragall osó denunciar en el Parlament aquel problemilla del tres por ciento que tanto indignó a Convergencia y que no deja de ser la madre del cordero. La política económica del gobierno autonómico catalán corría en paralelo a las recetas aplicadas por el muy español Partido Popular, como testimonian unos recortes presupuestarios aplicados durante muchos años con una proverbial tenacidad. Pero también se asemejan ambas formaciones en la forma de financiarse mediante comisiones bajo cuerda o el enriquecimiento patrimonial de sus dirigentes.

Estas obviedades deben tenerse presentes para no dejarse distraer por la pantomima del actual independentismo, que hace flaco favor a su causa porque la desvirtúa con alianzas contra natura. Las últimas elecciones revelaron una clara mayoría de izquierdas que podría haber dado lugar a un gobierno progresista. Pero las inercias han sado lugar a esta nueva entrega de un viaje hacia ninguna parte.

El delfín de Pujol, Artur Mas, puso el partido en manos del oscuro Puigdemont, que se vio a sí mismo ungido como un héroe mártir con una misión histórica. Este a su vez designó a un fiel escudero de cuyo nombre tan siquiera nos acordamos. Fue necesario ir cambiando el nombre del antiguo partido hegemónico que fue perdiendo sus rasgos en su eterna huida hacia delante.

Aragonés ha perdido una gran oportunidad. Podría incluso haber gobernado en solitario con el apoyo del partido actualmente mayoritario liderado por Salvador Illa y Comú Podem. De otro lado, el PSC podría haber imitado al PSE de los años ochenta. Cuando en 1986 ganó las elecciones vascas, Ramón Jauregi cedió al PNV la Lehendekaritza y gobernaron en coalición. Esta vía hubiera desbloqueado una situación imposible que repetirá el colapso de las legislaturas precedentes.

La ciudadanía catalana en su conjunto seguirá esperando el quiliasmo de una Republica independiente para saborear las mieles del paraíso político. Mientras tanto habrá de conformarse con las hieles del eterno procés, cuyo protagonismo abduce cualquier otro problema económico, político, social o sanitario.

Se trata de un guión tedioso y muy poco rentable para sus presuntos beneficiarios. Cabe pronosticar dos años convulsos en que las tensiones dentro del Govern generen un ambiente irrespirable, aguijoneado además por las demandas de una CUP cada vez más desestabilizadora y encantada con la creciente presencia de Vox en el Parlament.

Que las demandas nacionalistas desdibujen las diferencias ideológicas entre conservadores y progresistas es una cuestión capital. Da mucho que pensar y es la causa principal de que no haya salida para ese procés tan bien resumido por Javier Cercas.

Profesor de Investigación IFS-CSIC (GI TcP). Historiador de las ideas morales y políticas. Proyectos BIFISO (PIE-CSIC-CIV19-027), ON-TRUST CM (H2019-HUM5699), PAIDESOC (FFI2017-82535) y PRECARiTYLAB (PID2019-105803GB-I0), Instituto de Filosofía (IFS-CSIC).

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