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Francia y Espagna por las risas


Los políticos por sus intereses generalmente nos tienen absorbida la moral dándonos a todos mucho opio para que estemos distraídos y nos creamos que todo el monte es orégano. Lo digo, en concreto, con la mentira teatralizada de lo que importa en Europa nuestro país, tanto importa que se diría que somos fundamentales, que sin nosotros no seguirían adelante. Y claro, esto es la fabulación característica del español quijotesco.

El único interés que muestran fuera por nosotros al final es lo que vendemos: terraza. Yo casi voy a poner la mía a colación, como negocio de descanso: me asomo y digo ¡venga chavales que hay terraceo! Y lo mismo me saco unas propinas en negro. Pero me centraré en lo que pueden llegar a pensar nuestra vecina Francia, con sus franceses de baguette, sus normas y restricciones. Ellos quieren aprender español, da igual si es el español de España, si es de México o de Argentina, en esto casi mejor si es español de allende los mares. Aprenden el español, pero aprender a traducir, a trasladar cualquier tema, idea o noticia que esté en español a su preciado francés, pero no quiere decir que aprendan a hablar español, ambas cosas son distintas. Los más avanzados que cursan estudios en español, tienen asignaturas como cultura, civilización colonial, versión y thème, todo para poder traducir.

Normalmente las lecturas que se realizan son de autores latinoamericanos y la cultura y civilización que se estudia, también. Picasso es francés, como Cristophe Colomb, últimamente parece que van a demostrar su verdadero origen. La guerra de la independencia no se estudia en absoluto, Nadal es un chulillo que se dopa y dónde esté Federer...somos unos cabestros con los toros, hacemos unos siestones impresionantes, los madrileños tabernarios y pasamos muchas horas divirténdonos. Todo el tiempo vivimos así. La cuestión es que como son unos tristes y bastante aburridos tienen el síndrome pospandemia y ahora abogan por esa libertad que perdieron hace mucho y quieren pasarlo bien. Vienen aquí porque somos medio ácratas y bien se han encargado algunos políticos de pillar la inercia de la libertad personal propia de la izquierda para amagar el concepto y captar personal.

Ciertamente su mentalidad va cambiando y lo que antes era recelo y desconfianza hacia el español, ahora se convierte en admiración como propietarios de la libertad y lo que esta conlleva. ¿Los franceses la han perdido? Claro que sí. Ya está Ayuso para restablecer sus vidas. Robespierre, Demoulins y Voltaire en una sola persona, con su gorro frigio, su escaparella y su guillotina interior.

Tras la pandemia, comienzan a entender que el espíritu que hay detrás de hacer tanta vida en el exterior de nuestras casas, es porque nos comunicamos aunque sea para hablar de barcos, por eso no tenemos una legión de psicólogos como en otros países. Ahora tras el encierro del toro ya se ve que sí nos hace falta algo de dirección psicológica. Tampoco entendían en su momento que hubiera un rey que nadie sabe lo que pinta, -es normal yo tampoco lo entiendo- después de haber tenido una dictadura tan horrible, a partir de la cuál la mayoría de los españoles que se tuvieron que exiliar en tierras galas, perdieron el idioma español para sus generaciones. Todo ello forma parte del panderetazo.

Ya vemos como alguna tienda Zara que es de gallegos y que aquí odian colonizan cada ciudad y algunos productos de la huerta como berenjenas, pimientos y calabacines. Hay melón español que es el mismo melón que en España compramos como melón francés, fresón que de Huelva llega hace años, pero donde estén sus fresas que se quite todo, éstas las venden en seguida. Ni plátano canario, (los que hay en Francia son mejores porque ellos tienen miles de islas con plataneitor) ni tomates (que son de Marruecos). Los cantantes (para la gente joven), son todos latinos, se salva Enrique Iglesias (porque habla el francés) su padre que ya conquistó en su momento el terreno y Alejandro Sanz, el otro día algún versado me habló de Luz Casal.

El tan traído y llevado aceite de oliva español, otra trola, nunca he encontrado aceite español (salvo en Lidl) todo el aceite es griego y turco, no les hacemos falta para nada, igual que Podemos al gobierno, hacer falta, ninguna falta. En literatura, lo tienen todo hecho, no va a venir Saramago a contar la Biblia en verso porque no le conocen en absoluto, a lo sumo algún autor de best sellers catalán. Almodóvar es conocido, conocido, porque ellos tienen su propia opinión del cine que hace. Una cosa es hacer una exposición en París para cuatro esnobistas sobre el cine de Almodóvar y otra muy distinta que aquí se quiten el sombrero cuando pase él. (Ahora vengo que me ha dado un ataque de risa.)

Pero nuestra invisible presencia pasa por nuestra impresencia en las tiendas Dutti-Free o tiendas de venta internacional. Allí se pelean los perfumistas americanos contra los invencibles franceses que son los que ocupan la mayoría de las repisas y stand brillando por ahí los italianos que tienen mucho peso. Las marcas que ganan de tabaco no son españolas, ni las bebidas, ni los chocolates, ni los perfumes -nosotros teníamos la casa Gal, Joya, Maja- de la misma antigüedad que los franceses que han debido de morir en la noche de los tiempos, como los chupa-chups que vendía el rey y que te daban consuelo cuando los veías en el extranjero. Batallan por un huequito en las estanterías Jesús del Pozo, Roberto Verino y los Vittorio y Lucino que nadie sabe que son sevillanos o que crean en Sevilla. La línea de maquillaje, ya sabemos que son franceses o americanos, han conseguido dar al traste con la inglesa Max factor –que está paulatinamente desapareciendo- y Margaret Astor que creo que era española. El maquillaje chino mandarín a dos pavos arrasa con sus cajitas de sombras que luego se te cae el ojo con pestaña incluida.

De España nada, aunque sean Dutti-Frees canarios con su trasiego de extranjeros. Algo de turroncillo, pero para los franceses es muy ordinario, nada que ver con sus macarrons que son top classe y si les gusta, siempre dirán que ellos tienen otra cosa muy parecida, ¡para qué alabar al vecino!. Las patatas fritas son invento francés, los bocadillos de toda la vida –que los galos llaman sándwich- no sabemos hacerlos, porque están secos y no llevan salsas. En cocina poco hay que enseñarles, ¡quién como la cocina francesa con sus cuisiniers! Ahora también es patrimonio de la Humanidad.

Parece que el jamón serrano tiene buena acogida pero tampoco lo encuentras en cualquier lugar, el buen jamón menos. El buen chorizo –muchos se creen que se dice y se escribe cogizó, pues ellos mismos, solitos, solitos lo hacen también. Hay que ver la que te entra después...pero eso da igual, este es el país de la gastroenteritis, de puro cerdo que digo yo. La paella está establecida como una comida más, puede uno decir “fíjate como estamos presentes los españoles” pues no, no estamos presentes porque muchos ni saben que es un plato espagnol. La paella, como el taboulé lo incorporan a la cotidianeidad de los supermercados que no a la del francés de la calle, demostrando con ello que aquí conviven todas las razas. Una de las sensaciones horribles por ejemplo, es que le añaden a la paella: chorizo. Es decir, nunca han comido una paella pero les suena y la venden en Carrefour de aquella manera, con chorizo y mejillones todo mezclado, ¡qué asco! Cuando les dices que la paella no es así te miran como diciendo “esta quiere destacar”.

En general, no hay nada que descubrirles porque ellos tienen de todo, en un país donde hay que estar reafirmando continuamente con el pronombre personal yo, (je) para todo. Yo quiero esto, yo aterrizo, yo, yo, yo...no me extraña que estén mal de la psiquis y del sentimiento de superioridad.

Los más liberales que he conocido –algunos aristócratas o profesionales que hablan idiomas y que por comercio tienen que relacionarse con otros países- son los que han aplaudido todo lo que escribo de las diferencias entre nuestros países. Otros dicen, llevas razón somos así como nos describes, pero les sienta como una puñalada trapera y me miran con recelo.

En resumen que España ni pinta, ni santa, ni niña, ni nada, es invisible y bien que se encargan de que lo sea, dando informaciones de nuestro país a cual más rocambolesca. Una pena, pero todo se puede cambiar y cambiará, al menos aquí estamos luchando por ello.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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