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Sobre delitos de opinión y amnistías: reflexionando con Álvarez Angulo


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En estos tiempos de indultos, amnistías, y sobre todo, de delitos incluidos en la denominada “ley mordaza”, reflexionamos con Tomás Álvarez Angulo, con su texto titulado “Amnistía reparadora” del año 1912.

Pero antes, cuatro notas sobre nuestro contertulio desde el pasado. Álvarez Angulo fue un madrileño y periodista, funcionario de correos, empresario cinematográfico y teatral, intenso colaborador en las publicaciones socialistas, llegando a ser fundador con Meliá de Vida Socialista, de donde hemos sacado el artículo mencionado, activo socialista, y que llegó a ser diputado por Jaén. Polifacético y brillante fue Álvarez Angulo, sin lugar a dudas.

Decía nuestro protagonista en enero de 1912 que las cárceles españolas estaban llenas de obreros y periodistas presos por delitos, que solamente lo eran en países como el nuestro con un “concepto tan estrecho de las libertades públicas y del derecho moderno”. No me dirán ustedes, amables lectores, lo sugerente de esta frase de hace 109 años desde nuestro presente.

Es más, a la puerta de los tribunales esperaban el fallo de los mismos un buen puñado de ciudadanos, incluido el propio Álvarez Angulo, y no se olvidaba de los que se habían ido de España para evitar entrar en prisión por este tipo de condenas.

Así pues, los condenados, los que esperaban condenas y los que huían eran, a su juicio, “honrados delincuentes ó no son siquiera culpables”.

Se encerraba por una simple caricatura sobre un hecho del momento o sobre el jefe del Estado, o cuando se ridiculizaba un dogma. Y se condenaba a años y años por palabras sobre una institución o sobre el monarca, por convencer a un compañero en período de huelga, o por ensañamiento del patrono, que tuvo la habilidad de presentar un delito sin existir.

Reclusión por artículos escritos por otros, aunque se demostrase que no se era autor, por pasquines, por un grito, por un “tumulto insignificante, que ni aun los honores de motín merece”.

Por favor, amable lector, está usted leyendo conmigo un texto de enero de 1912, no se le olvide, no venga a acusarme de ser un polemista en la primavera de 2021.

Además, nuestro autor recordaba casos semejantes de caricaturas en la prensa internacional donde se hablaba de reyes con más libertad, y no pasaba nada.

Solamente en Rusia y en España (¡por favor, ¡en Rusia!, era la zarista, pero hoy, ¿y en la de Putin?, ay, de verdad, que estamos en 1912, disculpen), se consideraban delitos “ciertos excesillos del lápiz ó la pluma”, eso sí, Angulo opinaba que más en la primera que en la segunda.

Por eso, Angulo, por entender que se padecían persecuciones por la justicia por delitos que solamente en España lo eran por el espíritu “medioeval de nuestras leyes y (…) por nuestras costumbres no menos añejas é inquisitoriales”, pedía una amplia y “justiciera amnistía”.

Recordemos que en la España de Alfonso XIII, a través de la Ley de Jurisdicciones, había que tener mucho cuidado con emitir opiniones o dibujar caricaturas sobre la patria, el ejército y el jefe del Estado, sin olvidar la legislación referida a asuntos relacionados con la religión y la Iglesia.

Insistimos, en la España de Alfonso XIII, por favor, no se le olvide, amable lector.

Si le interesa el artículo directamente, lo puede leer en el número del 28 de enero de 1912 de Vida Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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