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EL PERIÓDICO
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La brecha salarial de género, una asignatura pendiente de la empresa y la sociedad española


La brecha salarial de género en España sigue siendo muy amplia. El salario medio de los hombres es un 27% superior al de las mujeres, y persistente. Como en la mayor parte de los países desarrollados, ha mostrado un cierto descenso en los últimos 20 años, pero esa tendencia se interrumpió tras la crisis económica y financiera de 2008-2012 y también en 2020, en la crisis ocasionada por la pandemia. Ello se explica principalmente por una sistemática mayor presencia de las mujeres en las zonas más precarias del mercado laboral.

La persistencia de una elevada brecha salarial afecta al crecimiento económico a largo plazo. Cuanto mayor es la discriminación de género de un país, menor es su renta per cápita. Las estimaciones para España indican que la eliminación de la brecha salarial supondría un incremento de la riqueza nacional, según datos de 2018, de 44.392 millones €, un 3,6% del PIB.

Todavía sigue vigente en el conjunto de la sociedad un sistema de valores que impulsa una fuerte desigualdad en el trabajo doméstico y en los cuidados a niños y dependientes en los hogares, que considera que las mujeres deben supeditar su empleo a esos cuidados, asumiendo en su caso el coste profesional

Toda esta realidad se pone de manifiesto en un reciente Informe de la Fundación Alternativas realizado para Fundipax, en el que se profundiza en los sesgos de género presentes en el mercado de trabajo:

—El empleo de las mujeres sigue estando concentrado en actividades que tienen los salarios más bajos, como hostelería, comercio, tareas administrativas, empleadas de hogar.

—Las mujeres también están sobrerrepresentadas en las categorías ocupacionales con salarios más bajos: dos de cada tres mujeres trabajan en ellas, frente a uno de cada tres hombres.

—Hay un claro sesgo en el empleo por tipo de jornada: menos de un 7% de los hombres trabajaban a tiempo parcial, que en general no es deseado en España, frente a cerca de un 23% de las mujeres. Este empleo se asocia a actividades y ocupaciones de menor salario.

—Esto afecta en mucha mayor medida a las mujeres extranjeras, particularmente a las de origen latinoamericano y africano, cuyo salario medio es tan solo un 62% de las españolas.

Los resultados analizados de la brecha salarial de género por edades y nivel educativo indican que no puede atribuirse a diferencias en capital humano. Las mujeres que trabajan tienen, en términos agregados, un mayor nivel de formación que los hombres. Las mujeres suponen un 52% del total de las personas que trabajan con una titulación superior.

Por último, pero no menos importante, aparece con un factor muy importante de la brecha salarial el desigual reparto de tareas en los hogares, en especial en relación con la maternidad, lo que amputa las trayectorias profesionales de millones de mujeres. Casi el 92% de las mujeres lleva a cabo diariamente tareas domésticas, frente a sólo un 75% de los varones, y ellas dedican, como media, dos horas más al día que los hombres.

En las empresas claramente existe una segregación ocupacional involuntaria, donde la mujer no promociona porque no se le permite, relegándola a puestos que exigen menor dedicación y tienen menores complementos salariales, cuando no salarios más bajos. Pero también es perceptible la existencia de una segregación ocupacional voluntaria, cuando son las mujeres las que tratan de buscar ocupaciones y actividades que permiten una mejor conciliación entre la vida laboral y familiar.

La conciliación, por el desigual reparto de las tareas de cuidado y por un mercado de trabajo que no considera la maternidad como un bien a proteger, sigue siendo, en términos sociales, una necesidad eminentemente femenina. Un tercio de las mujeres con hijos menores que trabajan han modificando en algún sentido su empleo para atenderlos, el doble que los varones.

No se pueden analizar las causas que generan la brecha salarial de género si no tenemos en cuenta que todavía sigue vigente en nuestro país, en la empresa pero también en el conjunto de la sociedad, un sistema de valores que impulsa una fuerte desigualdad en el trabajo doméstico y en los cuidados a niños y dependientes en los hogares. Un sistema de valores que considera que las mujeres deben supeditar su empleo a esos cuidados, asumiendo en su caso el coste profesional, y que atribuye una menor categoría a esos empleos que están más feminizados.

Asimismo, la brecha salarial da lugar a un círculo vicioso que contribuye a mantener esa desigualdad: si el salario femenino es menor resulta menos gravoso para las familias que sean ellas quienes se dediquen al trabajo no remunerado, que sea la mujer quien asuma una menor dedicación a la carrera profesional, e incluso el abandono del empleo para atender a los cuidados del hogar y los hijos.

Todo ello es reversible con adecuadas políticas públicas, y con un mayor papel de la negociación colectiva para tratar estas cuestiones en la empresa, como han hecho otros países europeos donde la brecha salarial es menor desde hace décadas.

Economista. Adjunto a la Secretaria General de CCOO.