Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Un indulto constitucional


  • Escrito por Francisco Javier Rivas
  • Publicado en Opinión

Los ultrabanderistas catalanes solo se diferencian de los ultrabanderistas españoles en unas cuantas franjas de rojo y gualda. La esencia de ambos es la misma y su único sustento es un estúpido sentimiento supremacista que les hace pensar que el otro es inferior por no ser como ellos.

La izquierda socialista ha estado siempre del lado del internacionalismo, de la humanidad como esencia y ha huido de banderas, de nacionalismos y de extremos que solo han servido a lo largo de la historia para dividir y provocar guerras y conflictos. En España hay una “nueva izquierda” con formas bruscas que aun llevando razón en muchos de sus asertos, les falla la falta de humildad, les sobra tono dogmático y a veces incluso la incapacidad para admitir error alguno. Lo mismo sucede en la actual derecha española, toda ella, que está sufriendo una metástasis global por un tumor que han dejado crecer llamado fascismo.

Esta metástasis rancia y simplona llega incluso a ciertos sectores de la izquierda, al menos la partidista, que empieza a resultar repugnante. Siempre en la actual democracia española, ha habido unos partidos de referencia que simbolizaban la moderación, el sentido de estado y la visión global y largoplacista del país. Todo eso ha cambiando. Los lideres políticos han dejado de buscar sus fuentes ideológicas y programáticas en el pensamiento y en la búsqueda del bien común, para dejarse llevar por una pléyade de opinadores de todo pelaje que lejos de aportar algo al debate, lo único que hacen es enfangarlo y llenarlo de bilis y testosterona barriobajera.

En esto andamos cuando se plantea la posibilidad de un indulto para los presos del independentismo catalán. Nadie escucha a los que saben ni a los que piensan ni a los que buscan soluciones. El ruido de los patriotas de pulsera y evasión fiscal, los exabruptos de los intelectuales de taberna ultramontana y la cobardía de los que prefieren aliarse parcialmente con el adversario antes que enfrentarles con argumentos y pensamientos, ha ocupado todo el debate político.

Puedo aceptar argumentos sosegados y fundamentados en contra y a favor del indulto de estos presos, lo que me niego es a aceptar consignas llenas de odio y sinsentido envueltas en banderas de los mismos colores con diferente numero de franjas. Cuanto más me golpean con las banderas mas asco las tengo.

La derecha se nutrió muchos años del anticomunismo para mantener una dictadura de 40 años, luego se nutrió del terrorismo para mantener un discurso en España con un enemigo al que odiar y al que emparentar con el adversario, y cuando el terrorismo ya no surte los efectos deseados, han encontrado a los catalanes como objeto de su odio y a todo lo que huele a concordia, dialogo y convencimiento como parte de la antiespaña que tanto desprecian.

A estas alturas y tras releer la ley de indultos, tras repasar la cantidad de indultos llenos de polémica que ha habido a lo largo de más de 100 años de existencia de la ley y tras meditar sobre los pros y los contras de indultar a los presos del independentismo, estoy absolutamente convencido de la necesidad del indulto y de la posibilidad que con él se abriría al diálogo y a la puesta en marcha de mecanismos de solución pacíficos y democráticos. Ojalá no me equivoque.

Quienes a parte de la bandera, lanzan la constitución contra todo el que no piensa como ellos, olvidan que la constitución es el fruto de un consenso, de un dialogo amplio y sin apriorismos de muchas formas de pensar. Olvidan que la constitución es fruto de renuncias y de asunción de parte del pensamiento del otro con el afán único e inmenso de encontrar un lugar común en el que poder estar todos en paz.

La constitución en espíritu, en esencia y en la sangre misma de todas sus palabras, habla de dialogo, de perdón, de respeto, de futuro y de concordia. Ir contra los indultos, contra la posibilidad de dialogo con el independentismo catalán, es ir en contra de la constitución y por lo tanto ir en contra de lo más esencial de España. Las banderas no lo tapan todo.