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EL PERIÓDICO
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La voluntad de imponer el modelo


“Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.” Françoise de la Rochefoucault

En España no se puede asumir el rol de gobernar sin que se haga con la energía plena de ejercer la voluntad para lograr imponer el modelo. La ultraderecha y la derecha lo están ejerciendo. Sin el menor recato se han lanzado a imponer sus consignas que, aunque mayormente huecas, sólo procuran doblegar las esperanzas que anidan en los españoles de bien.

La voluntad es fundamental para el ser humano, porque lo dota de la capacidad para llevar a cabo acciones contrarias a las tendencias inmediatas del momento, pero que son necesarias para él conjunto. Sin la voluntad no se pueden lograr los objetivos planeados.  La voluntad es la potencia del ser humano.

Así, por voluntad debemos entender a la facultad que permite al ser humano gobernar sus actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado. No ser corrupto, por ejemplo. Proteger las libertades civiles. Impulsar el respeto a una serie de valores que hagan que las personas sean cada día mejores. Defender al talento en contra de las camarillas de la mediocracia ventajista, que sólo logra posicionarse para favorecer a sus clanes. No se lucha por los ideales. Por valores nobles. Se enfrenta a quienes sólo quieren proteger a los intereses de grupo y a las componendas criminales. Las puertas giratorias son la antesala que no lleva a los inexplicables beneficios de los oligopolios en energía, las finanzas y la industria. No se comprende que función cumplen los organismos encargados del control de la competencia, por ejemplo. Tampoco, en que medida el nepotismo caracteriza la designación de los miembros del Tribunal de Cuentas.

Asistimos a la confrontación de dos modelos claramente diferenciados. Por un lado, el de la creación de centros de poder que imponen sentencias, derrumban proyectos para el bien común o se convierten en un gobierno paralelo al elegido mediante el voto ciudadano. En el camino, se compran voluntades para destruir las alternativas a su statu quo. Voluntades que se empeñan en destruir la dignidad de gentes honestas, sin importar el daño que se haga al conjunto ciudadano.

Por otro lado, y por primera vez, el PSOE llega al poder con la capacidad democrática plena para producir una transformación efectiva en España. Cuenta con mayoría parlamentaria alternativa al statu quo ya mencionado. Sin embargo, parte de su dirigencia histórica sigue respondiendo a valores cercanos a la derecha con la que se acordó la alternancia en tiempos de la Transición.

Esos neosocialistas demuestran una voluntad con una perseverancia tan encomiable, que parecen portavoces de la derecha más rancia. Esas personas impiden que se deroguen las leyes más represivas de la democracia. La Reforma Laboral. La Ley Mordaza. La fiscalidad progresiva, para que los que tengan más paguen más. Esa porción del socialismo de las puertas giratorias, seguramente hubiesen deseado la Gran Coalición. Aún ponen grandes dosis de voluntad para lograrlo. Están en contra de Ingreso Mínimo Vital. Obstaculizan la reforma energética, para esclarecer de una vez las trampas de las tarifas. Que sibilinamente desean privatizar el sistema de pensiones. Ceden el control de RTVE a la derecha. Impiden que se acabe con los secretos oficiales del franquismo y la Transición. Tenemos a la zorra en el gallinero.

Las voluntades están confrontando. Los que defienden el control mediático para manipular el pensamiento colectivo, ya se han quitado la máscara. Los audios que hemos escuchado estos días, sumados a los que se conocen en los procesos judiciales, ponen de manifiesto el contubernio. La justicia española está en entredicho. Castiga desproporcionadamente mientras su imagen prosigue una deriva poco edificante. Debe terminar este panorama desolador.

Sólo basta con poner en marcha la voluntad suficiente para detener esa decadencia social generalizada. Cuando se advierte que las personas de bien de este país muestran signos de desánimo, es que la voluntad destructiva de la ultraderecha lo está logrando. Su odio y maldad lo invade todo. Es por ello que hay que reivindicar que hay otros modos de gestionar lo público. Que las masivas muertes de ancianos no pueden resultar impunes. Que hay que someter a la ley a la propia institución.

Lo que ha ocurrido con el dictamen del Tribunal Constitucional ni es menor, ni puede dejarse pasar.

Es hora de aplicar la voluntad de imponer el modelo y pedir a este gobierno una demostración de que está a la altura del mandato que se le ha conferido.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.