Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Identificar la ideología en la Literatura para niños y jóvenes


Identificar valores ideológicos resulta evidente cuando esos valores han periclitado históricamente, pues delatan claramente que adoctrinan al niño en cómo han de comportarse. Más complejo resulta espigarlos y descubrirlos si están diluidos o no tienen una funcionalidad exclusivamente adoctrinadora. Pero la ideología es una constante inseparable de las sociedades que construimos los seres humanos.

En efecto, la ideología está presente, como lo está en la vida, en los textos literarios; que no esté incorporada de manera explícita no significa que la lectura literaria para niños esté desideologizada. Solo los valores caducos o trasladados como objetivo, saltan a la vista como reconocibles, sobre todo si se trata de obras del pasado. También es evidente que una ideología, traspuesta en una lectura, no siempre se muestra doctrinariamente como un catálogo sistemático y coherente. Pinocho tiene que ir a la escuela para ser un buen ciudadano en la Italia reunificada y convertirse en un hombre de provecho. Saki pone en tela de juicio la moral victoriana y lo hace con un humor satírico heredado de Swift. También presente en el autor de Alicia. El cuestionamiento impugna una ideología proponiendo otros valores. Otras ideas. Responde con otra ideología.

El lector, por otra parte, no es ajeno al mensaje que recibe, pues lo descifra o lo acusa desde su propio sistema de valores. Unos destacan y cobran sentido, otros se oscurecen. Pueden reafirmarnos en nuestros criterios, o, por el contrario, convertirse en una catapulta crítica. También pude resultar un revulsivo para el lector, que le lleve a hacerse preguntas. Pero la ideología sigue presente. No debemos obviar estos aspectos al tratar la Literatura Infantil donde lo que pueden ser abstracciones para el adulto, se encarnan en formas individuales para el niño. La pregunta es ¿cómo reciben los niños estos mensajes?

En las narraciones podemos rastrear con facilidad elementos que son conductores de aspectos ideológicos: el universo que relatan, los personajes que lo pueblan, y sus reacciones en los roles que asumen. Si regresamos a la crítica del feminismo, podemos señalar que es verdad que los personajes masculinos aparecen en la literatura clásica para niños en mucho mayor número que las niñas. Alicia es casi una excepción, y se debe más bien a los gustos fotográficos de Carroll y a la fascinación que el autor siente por la edad de Alicia. También es excepcional la Dorothy en El mago de Oz. Heidi puede resultarnos más convencional en su papel de niña. O Wendy, que cumple el rol de la madre buena para Peter, cuyo papel es importante pero subsidiario como heroína. Ello puede, desde luego, ser interpretado como un elemento de manifiesta desigualdad. Las niñas, por regla general, funcionan como un elemento pasivo, por ejemplo Becky, en Las aventuras de Tom Swayer. Pero no podemos afirmar que las niñas estén excluidas o no participen en las historias con su presencia en la Literatura Infantil. Hay también mujeres escritoras entre los clásicos de la Literatura Infantil, como Lingren, Ana María Matute, Elena Fortún… Ilustradoras de la talla de Beatrix Potter. Y personajes, incluidos los de algunos cuentos de hadas, con heroínas muy valientes.

Esta presencia de la ideología, puede detectarse rápidamente hoy, pero no tanto en la voz narrativa como elemento estructural del punto de vista en el relato. Una cuestión que merece atención. Los adultos narran a los niños, cuentan sus historias o se entrometen en su comportamiento. En las narraciones de corte didáctico esta presencia es notoria y más en el caso de las moralejas. Mucho más visible en las formas enmascaradas donde la voz del niño es una impostación del adulto, tal como sucede en Corazón. En El guardián entre el centeno, sin embargo, aunque pertenezca a la literatura para jóvenes, la voz narrativa muta y se muestra contradictoria e incoherente, hasta el punto de “confundirla” con la del autor. Las evidencias entre un tipo de texto y otro saltan a la vista. También las intenciones, que buscan trasladar el estado de confusión en una prueba iniciática de la educación sentimental en el texto de Salinger, y un libro de adoctrinamiento cultural, a través de un espejo de ejemplaridad, como en el de Amicis.

El final de los relatos es otro de los elementos importantes tanto en el mensaje educativo como en la traslación literaria de la ideología. Premios y castigos, moralejas forman parte esencial de cómo concluye un determinado comportamiento, del que se pueden extraer lecciones. Y creencias, por tanto. Detectar la ideología de la lectura literaria para niños tiene, por tanto, sus estrategias, que conviene que conozcan docentes y mediadores. Peter Hollindale, en su artículo “La ideología y el libro para niños” (1998 ) nos propone una serie de preguntas muy útiles, un test que nos compromete, y que también puede producir cierta inquietud al aplicarlo a las lecturas para niños. Extraemos las más significativas, proponiendo ejemplos que nos son más próximos que los del estudioso:

  1. ¿Qué sucede si los componentes de un texto se revierten o son transpuestos?, ¿reaccionaríamos igual si los que nos identifican “buenos” hicieran las cosas que hacen los “malos” en el cuento? Gretel quema a la bruja en el horno, aunque sea en defensa propia y de su hermano; y Pulgarcito también cambia astutamente las coronitas por los gorritos de sus hermanos en las cabezas de las hijas del ogro…
  2. Finales felices e infelices: ¿converge en ellos la ideología que domina el relato? En este caso podemos poner el ejemplo de las zapatillas rojas, la desolada cerillera o el dulce soldadito de plomo en sus desventurados avatares, los tres de Andersen. ¿No ha pasado la niña suficientes y dolorosas pruebas para que solo la muerte la redima? ¿Por qué tienen que sufrir tanto el soldadito o la cerillera? Lo puramente didáctico del mal comportamiento o de las decisiones tomadas de manera vehemente desplazan al castigo de ser señalada por toda la sociedad, que reprueba de manera evidente la conducta de la niña de los zapatos rojos que solo quiere poseer esos llamativos zapatos. ¿Se trata, por tanto, de una reafirmación de valores aunque la bondad los impregne?
  3. Valores como la lealtad o la valentía pueden ser incluidos en un mismo paquete, así como la fidelidad o la constancia. Los grupos de virtudes inseparables son también un buen termómetro para medir la homogeneidad de los constructos ideológicos. En el álbum de Anthony Browne, Willy, el tímido sus valores de sensibilidad y vulnerabilidad, ¿qué quieren reflejar?, ¿un desmontaje de la fuerza –fraudulenta– instituida como intrepidez y valor en nuestra sociedad?

Estas preguntas pueden, de manera muy sencilla, ayudarnos a detectar ideologías en las lecturas para niños. Están dentro del texto, pertenecen a él y detenernos en ellas nos permite reflexionar sobre los valores del hoy y del ayer. Los que resultan obsoletos y los que hoy estamos transmitiendo dentro del espacio educativo a través de la selección de lecturas.

Podemos completarlas con otras, sobre las acciones agradables o desagradables que realizan los personajes en simetría moral a la ideología del libro, la oposición a las mismas, los roles aceptados en la amistad o la seguridad que son necesarias para el niño, y qué se le exige para conquistarlas…, sobre todo en contextos que le son ajenos culturalmente. La invisibilidad de algunos papeles también puede ser un buen detector ideológico. Su visibilidad en un contexto en el que debería resultar ausente, también. Sorprende, por ejemplo, que en Peter Pan, el señor Darling, padre de los niños perdidos, compungido por el sufrimiento que le causa a su esposa su desaparición, determine “aprender” la custodia ocupando la perrera de Nana, que les cuidaba y protegía. Una reflexión interesante sobre el papel masculino en la crianza que, en tiempos de Barrie, ni siquiera se planteaba.

Con estos interrogantes la página ideológica de las obras se esclarece. La idolología forma parte de nuestro pensamiento y, por tanto, de nuestro valores. No olvidemos que la literatura es un producto cultural. Que sirva a fines adoctrinadores excluyentes es también un filtro para evitar manipulaciones. O que los niños, al situarse en situaciones diferentes a las propuestas y acciones que encarnan los héroes en los libros, nutran su pensamiento crítico.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider