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EL PERIÓDICO
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El futuro a los 70 años


Cuando vas acercándote a los 70, un montón de sentimientos encontrados se agolpan en tu interior. Recuerdo cuando hace unas décadas planificaba las vacaciones, imaginando la jubilación ideal, mientras planeaba infinitos proyectos por realizar, aquellos que la falta de tiempo por las obligaciones cotidianas, me impedía cumplir y como lo haría, cuando ya tuviera el control absoluto del mismo en mis manos.

Actividades pendientes, sueños sin realizar, todo ello quedaba postergados para “el futuro”

Hoy ya vivo en ese “futuro” del ayer, y la cruda realidad me pone en mi sitio. ¿Creemos acaso que somos inmortales?, ¿que la salud, el tiempo, los elementos ... son controlables?. ¡Nada más lejos de la realidad!.

Reflexionar sobre estas cuestiones me lleva a comprender, la “Insoportable levedad del ser” que decía el escritor. Cuando se tiene juventud y por consiguiente fuerza, no se tiene tiempo y/o dinero.

Cuando se alcanza algo de estabilidad económica, o se tiene mermada la salud, o se alcanzan otros compromisos, etc. ¡Ah la vida!.

Cierto es, que ya no se tiene la desazón de tener que dormir, si o si, para abordar las duras tareas de la vida laboral, familia ¡afortunadamente!, pero suele sobrevenir una nueva situación, la merma de sueño. Cuando se tiene más tiempo para dormir, se suele tener menos necesidad de sueño, ¡mecachis!...y así con todo.

Desaparecen las obligaciones familiares directas de los hijos, pero aumentan considerablemente la de los padres (aquellos que por fortuna los mantengan), los nietos....

Se evaporan los compromisos por boda, bautizos, etc., para incrementarse los de funerales y visitas médicas.

Las revisiones que se hacía para mantener el organismo a punto, se transforman en reparaciones puntuales de sistemas que empiezan a fallar y/o deteriorarse, teniendo que pasar por consultas y quirófanos. En definitiva, se esfuma la quimera de un tiempo pleno, sin complicaciones y lleno de viajes, júbilo y maravillosos augurios, para devolvernos a la realidad de tiempos de incertidumbres, sinsabores, nuevos miedos y pendiente de un reloj que no para de seguir su implacable camino.

En toda esta situación, surge algo muy positivo, la experiencia de saber que los momentos de felicidad son efímeros, que hay que cogerlos “al vuelo” y escurrirlos hasta agotar el último segundo.

Saber disfrutar la llamada/visita a los progenitores, teniendo consciencia que tal vez puede ser la última conversación que quizás se comparta. Gozar con los momentos vividos con los nietos, disfrutar de sus avances, de sus logros, tratar de aportan la experiencia de los errores cometidos con los hijos, precisamente por ausencia de ésta, para procurarles un mejor desarrollo, y sobre todo, estar pendiente de sus vidas infantiles, que nos hacen revivir las nuestras ya tan lejanas, a través de ellos.

En definitiva, todo se convierte en un permanente PRESENTE, el HOY toma una completa dimensión y se deja el MAÑANA en condicional, con un ¡ya veremos!.

Y esto nos lleva a la reflexión, si estamos viviendo el futuro que proyectábamos, cada cual como mejor puede, convertido ya en presente, ¿Cuál es el futuro de los y las que en breve vamos a entrar en esa década?.

En un momento donde las noticias sobre la prolongación de la vida laboral se vislumbra en esa franja, ¿Qué quedará para el después?, ¿Serán las pensiones suficientes para mantener un ritmo de vida acorde a las nuevas necesidades sociales, sanitarias, familiares?, ¿Los avances médicos generarán un mundo más pleno, o simplemente prolongarán la vida?, como sea y a cualquier precio…

¿Será la Sociedad capaz de generar nuevas respuestas a los retos planteados?. La aparición de la Pandemia nos ha mostrado su rostro más cruel con su impacto en los ancianos; Muerte, soledad no deseada, Residencias que no cumplían las expectativas de sus abultados precios, cargas familiares imposibles de cumplir por la distancia y las restricciones, o simplemente por el devenir de una vida compleja, nueva y con mayores retos para mantener la propia supervivencia.

Pertenecemos a una Generación que consiguió ir de menos a más, conocimos la Dictadura franquista, alcanzamos la Democracia y conquistamos nuevos Derechos sociales, laborales, etc. (personales y colectivos) y esto nos hizo sentirnos poderosos, imbatibles, a gran diferencia de la fragilidad en la que nos movemos en la actualidad.

Y sobre todo ello planeando una gran duda, ¿Cuál será nuestro futuro inmediato?, como mucho el medio y ya ni nos planteamos el largo plazo. Todo un reto para resolver social y/o personalmente más pronto que tarde.

Secretaria Memoria Histórica y Mayores. Agrupación Socialista Rivas Vaciamadrid.

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