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Ada Colau comienza a despedirse de Barcelona


El Barómetro Municipal de Barcelona, un estudio periódico realizado por el Ayuntamiento barcelonés cuya última edición fue presentada a mediados de julio pasado, arroja datos demoledores para los intereses de la alcaldesa Ada Colau y de su partido, Barcelona en Común. Su socio de coalición en el gobierno municipal, el PSC de la ciudad, también queda muy descalabrado.

Según los barceloneses, la inseguridad es el primero de sus problemas, el número uno, y de largo. Se trata, sin embargo, de una percepción más inducida que real, una sensación en parte fomentada por la industria del miedo ꟷla que vende productos que otorgan “seguridad”ꟷ, y en parte por el runrún creado y difundido por políticos, medios de oposición y redes sociales. Barcelona no es una ciudad insegura, en absoluto.

El segundo problema ciudadano según el Barómetro, es ni más ni menos, la propia gestión municipal. Esta crítica ya tiene más consistencia. La gestión de Colau y su equipo en este mandato y medio que llevan en el gobierno municipal ha sido francamente mediocre, muy por debajo de las expectativas que ellos mismos crearon en sus inicios. No solo han vivido de la inercia de los mandatos socialistas en el Ayuntamiento barcelonés, sino que los servicios y las infraestructuras que se crearon en aquella larga y fructífera etapa y que estos han heredado, se han ido degradando irremisiblemente en los últimos años.

A continuación, los barceloneses señalan otros problemas, como el paro, las condiciones de trabajo y los problemas económicos en general, que en realidad no son imputables al gobierno de Colau, aunque otros sí tienen que ver directamente con su decepcionante gestión: el tráfico y la circulación, el acceso a la vivienda (nula inversión en nueva vivienda pública), la limpieza, la calidad del turismo y la contaminación.

Con todo, y además de la ejercida por sus propios errores e insuficiencias, el consistorio de la alcaldesa Colau se ve sometido a una notable presión organizada y dirigida desde los medios públicos, parapúblicos y privados “afines” (o sea, a sueldo) de las instituciones, partidos y organizaciones de la llamada “sociedad civil” independentista. Los secesionistas tienen urgencias apremiantes que les espolean a intentar hacerse con el Ayuntamiento barcelonés por cualquier medio.

Las prisas secesionistas por conquistar Barcelona tienen origen en dos razones de peso: sin Barcelona, no hay proyecto independentista creíble (¿dónde se ha visto un país cuya capital sea contraria al presunto proyecto nacional?), y el candidato a alcalde del secesionismo, Ernest Maragall, es ya tan mayor, que no está garantizado que llegue con plenas facultades a las próximas elecciones municipales, en 2023. No es descartable por tanto que haya antes alguna suerte de moción de censura o golpe palaciego en el consistorio barcelonés, que permita a los secesionistas hacerse con el control de la alcaldía. Durante estos años, Colau ha intentado congraciarse con el independentismo local, jugando con ellos (y con los demás) a un juego muy feo basado en la ambigüedad: ni sí ni no, ni contigo ni sin ti, sino todo lo contrario y depende de en qué momento, viene a decirles de continuo la señora Colau a los independentistas.

Por ello no es extraño que en el pregón de la Fiesta Mayor de Gràcia de este verano, en el que la alcaldesa permitió que actuara como pregonero el más fanático y siniestro de los famosos Jordis, el empresario Jordi Cuixart, la señora Colau se llevara una sonora pitada que la hizo prorrumpir en amargas lágrimas, y que regaló a Cuixart la ocasión de dirigirse, magnánimo, a sus huestes pidiéndoles que la dejaran hablar, porque ella también forma parte “de nuestro pueblo, y no debemos dejarnos dividir por España”.

En realidad, la señora Colau no forma parte de ese “poble” ꟷsupuestamente poseído por una presunta voluntad única emanada de la patochada del pseudoreferéndum de 2017, según repite sin cesar el mantra independentistaꟷ, aunque su verdadero posicionamiento en ese asunto lo conozca solo ella y en realidad, carezca de importancia. Lo verdaderamente substancial es que los votantes de Barcelona en Común, el partido-omnibús de Colau, son decididamente ajenos y hasta alérgicos al independentismo, salvo una buena porción de sus elementos dirigentes, comprometidos, aunque solo sea sentimentalmente, con la “autodeterminación”. Y es que Barcelona en Común tiene el mismo problema que el PSC (y antaño el PSUC comunista): que mientras sus bases y sus votantes son de extracción trabajadora y popular, sus élites dirigentes provienen de la pequeña y mediana burguesía catalanista.

Barcelona en Común va camino de disolverse como un azucarillo, al modo en que lleva tiempo deshaciéndose su proyecto para toda Catalunya, En Comú Podem. En cuanto a la carrera política de Ada Colau, puede darse por finiquitada. Según la revista electrónica El Triangle, “Los comunes ya tienen asumido que perderán” en Barcelona, y que tal vez convenga ir buscando otro candidato o candidata. La misma alcaldesa duda en volver a presentarse; quizá la salida para ella sea un cargo ministerial en Madrid como parte de la cuota podemita, antes incluso de las elecciones municipales.

Ocurre que el escenario sería pintiparado para que el PSC, que gracias a Salvador Illa y la renovación impulsada desde el PSOE empieza a levantar cabeza en el ámbito autonómico catalán, se aprestara a recuperar la alcaldía barcelonesa, reagrupando el voto de izquierdas perdido en su día hacia los Comunes y, sobre todo, hacia la abstención. Pero el propio Barómetro municipal que comentamos le otorga apenas un 9’6% de los votos en la ciudad que fue su plaza fuerte, tres puntos por debajo de Barcelona en Común y cuatro menos que ERC, quien sería el partido ganador. Sucede que el PSC hace años que no existe en Barcelona ciudad como fuerza política de alguna relevancia, y que carece de liderazgo interno y de candidato sólido a la alcaldía.

Es urgente pues que en un momento en el que es más que perceptible la descomposición del espacio político que encarnaban los Comunes en Barcelona, y cuando faltan todavía dos años para las próximas elecciones municipales, los socialistas encuentren un referente político ilusionante, que encabece una lista socialista barcelonesa integrada por personas de valía y capaces de enganchar con los problemas reales de las clases trabajadoras y populares de la ciudad.

Si en el caso de Salvador Illa fue posible encontrar esa persona, no veo por qué ha de ser imposible algo similar en Barcelona.

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).