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La herida narcisista del 11S y la modestia de Aznar


Blair, Bush y Aznar, en el aeropuerto de la isla de Terceira, en las Azores, antes de la cumbre donde se decidió la invasión de Irak, el 16 de marzo del 2003. Blair, Bush y Aznar, en el aeropuerto de la isla de Terceira, en las Azores, antes de la cumbre donde se decidió la invasión de Irak, el 16 de marzo del 2003.

«Se denomina herida narcisista todo lo que viene a disminuir la autoestima del Yo o su sentimiento de ser amado por objetos valorados». Baranger.

En un principio fue la herida narcisista en el orgullo del imperio infringida por los atentados terroristas del 11S, que éste respondió de forma desproporcionada y violenta, mediante la denominada guerra antiterrorista y la guerra preventiva. Con ello, finalizó bruscamente el espejismo del multilateralismo como alternativa al fin de la guerra fría y se inauguró con estrépito el unilateralismo siglo XXI.

Lejos de aprovechar la empatía con el horror provocado por los atentados de buena parte de la comunidad internacional, para avanzar en el multilateralismo y en el papel de los organismos internacionales en la lucha diplomática, policial, de inteligencia y seguridad frente al nuevo terrorismo internacional, el gobierno de los EEUU prefirió enarbolar la imposición, el conmigo o contra mí y la lógica de la guerra.

Ahora, con motivo del vigésimo aniversario de los atentados del 11S de 2001, se repiten los actos y análisis de sus consecuencias para el mundo, ésta vez al calor del caos de la salida precipitada y del fiasco final de la guerra de Afganistán después de una ocupación de dos décadas. En conjunto, resulta inevitable hablar del fracaso de la guerra contra el terrorismo y del papel del trío de las Azores frente a las NNUU y el derecho internacional, precisamente hoy cuando Aznar hoy se explaya en el diario ABC contra los dirigentes y contra la política débil que según él y su entorno ultraconservador predomina en la actualidad y ha llevado a la caótica retirada de Afganistán, olvidando con ello que ha sido precisamente la mano dura primero de Bush y ahora de Donald Trump la que ha fracasado y ha decidido y pactado la salida, sin garantías para los afganos ni gobierno de transición, con los talibán como únicos interlocutores privilegiados de los acuerdos de Doha. Sin embargo, Aznar inasequible al desaliento, no hacen ninguna autocrítica ante los catastróficos resultados de su estrategia de diplomacia dura en Iraq, Libia, Siria o Afganistán, con el mensaje arrogante que de repetirse las mismas circunstancias lo volvería a hacer de nuevo, si acaso incluso aún más fuerte en ésta ocasión.

Por eso llama poderosamente la atención que el NYT, que formó parte en su momento de la reacción patriótica de los medios de comunicación estadounidenses, afirme hoy que el principal peligro para América ha sido y es el carácter antidemocrático de la derecha que hace tiempo que domina el partido republicano y no el terrorismo internacional que afloró el 11S. Hay que tenerlo muy claro para decir algo así y además hacerlo en el vigésimo aniversario del 11de Septiembre, con el dolor todavía presente en las familias de los asesinados y de los desaparecidos.

Todo ello, porque quizá la política exterior que se inaugura con este siglo a raíz de los atentados y la situación actual de la política interna en los EEUU y en buena parte del mundo no estén tan alejadas entre sí como a primera vista pudiera parecer. La mencionada situación no empezó de cero, sino que se inició con el golpe de timón neoliberal, la emergencia de los grupos ultraconservadores y la consiguiente polarización social, territorial y política en los USA. Algo no muy distinto ha ocurrido después en el resto del mundo. Más tarde la respuesta de la diplomacia dura de la guerra antiterrorista, como canto del cisne del imperio estadounidense, unilateral y al margen del derecho internacional nacería de la misma polarización. Finalmente, el ukase exterior no solo ha causado el desastre que hoy vemos en el Extremo y el Medio Oriente, sino que ha generado nuevas fracturas y Estados fallidos como nuevos espacios de conflicto y caldos de cultivo del terrorismo. El avispero afgano y el pantano de la guerra civil Siria siguen siendo hoy sus trágicos exponentes.

Por otra parte, el desaire cuando no el desprecio, ha sido el modo de relación de los EEUU con los organismos internacionales, cuando éstos no cedían y se resignaban a dotar de alguna suerte de legitimidad a sus decisiones unilaterales, cosa que ha ido reduciendo su capacidad en unos casos y en otros su autoridad en la gestión de los conflictos internacionales.

En paralelo, el reflejo del unilateralismo y el decisionismo autoritario, además de las secuelas para las libertades y los derechos civiles de medidas como la 'patriot act' alentada por la polarización conservadora de Bush hijo en el plano interno, han abierto también la puerta al nacionalismo y al populismo de la extrema derecha y a Trump como su más acabado producto final, primero en el partido republicano y luego en el gobierno del país.

Mientras tanto, todavía hoy en España, el expresidente Aznar se ufana de la diplomacia de los cañones para enfrentar el terrorismo, como si de una guerra permanente se tratase a pesar de sus funestos resultados, y la extrema derecha propiamente dicha aprovecha la salida de Afganistán para sembrar a su vez las dudas sobre supuestas infiltraciones terroristas entre los afganos huidos y acogidos en nuestro país por su colaboración con nuestras tropas. Una muestra más de la ingratitud y la xenofobia con las que reconoce esta derecha la lealtad de los aliados.

Porque a todo esto se ha sumado, es verdad que en otro plano, la última instrumentalización de la denuncia falsa de agresión homófoba para cuestionar el, por otra parte evidente, incremento de las agresiones de odio como también de la homofobia, y para exigir una vez más el cese del ministro del interior de la mano del partido popular. De todas formas, ya conocíamos esta estrategia de aprovechar las excepciones como regla, tanto en el caso de la negación de la violencia de género como en la justificación de la xenofobia y el racismo. Al socorrido y cobarde acoso a los menores no acompañados, añaden ahora la no menos insidiosa imputación de la reciente agresión homófoba a una inmigración que consideran descontrolada, algo que finalmente ha resultado tan falso como la propia denuncia falsa.

Menos mal que el gobierno español ha reconocido que ante el fracaso el unilateralismo y el populismo de ultraderecha es preciso recuperar el papel de la diplomacia y el multilateralismo en las relaciones internacionales. También que es precisa la misma defensa en la política interna de los derechos humanos frente al odio a la diversidad de la extrema derecha.

PD: No quiero terminar sin recordar otro once de Septiembre y con él a mi admirado y querido compañero Salvador Allende. Nuestra herida luminosa.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.